EDITORIAL. “Dirección General de Salud Privada”, por Daniel Bernabeu, presidente de AMYTS

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Inexorablemente, los responsables políticos del gobierno de la Comunidad de Madrid, en un guión marcado desde su inicio por la siempre presente Esperanza Aguirre, nos conducen hacia la privatización de un importante montante de la sanidad de nuestra comunidad. Como un mantra, cual acto de fe, se nos impone la ‘única posibilidad’ capaz de mantener nuestro actual sistema de cobertura universal. Nuestros políticos están haciendo ‘lo que tienen que hacer’.




En un paso previo a la publicitación de los pliegos que den las condiciones de privatización prevista para 6 hospitales y 27 Centros de Salud, la Consejería de Sanidad anunció hace días la creación de una nueva y novedosa Dirección General para el control y supervisión de los centros sanitarios privados, actuales y futuros, que funcionan bajo el paraguas de concesión administrativa. Y es imposible seguir adelante sin hacer una obligada mención a la extinta DG de Salud Pública, por lo visto de escaso o nulo interés para nuestros administradores; y a la alegórica aparición de esta nueva DG de Seguimiento y Control de los Centros Sanitarios de Gestión Indirecta que, como a estas alturas habrán supuesto, da título a este artículo.

Mi sufrido lector, probablemente colega, estará suficientemente informado a estas alturas de los argumentos puestos encima de la mesa a favor y en contra de las medidas de privatización en curso…; intuyo que sobre todo conocerá las que están a favor, porque son fáciles de recordar y no se acompañan de ningún sesudo estudio argumental o científico que haya que leer: ‘es más barato’, ‘es lo que hay que hacer’ y ‘el sistema público es insostenible’; por el otro lado, en contra, hay pilas de artículos y estudios (hay que leer) que demuestran los peligros del modelo propuesto y su potencial riesgo para el sistema colectivo de acceso en igualdad de condiciones a la sanidad, noticias de fracasos y rescates públicos en las experiencias previas (modelo Alzira); en suma, evidencias hasta aburrir que demuestran que los únicos beneficiarios de todo este trajín van a ser unas empresas privadas (inversores privados) a la caza de pingues beneficios de escaso riesgo y ‘con la garantía del Estado’. Algo que muchos economistas describen como una gigantesca estafa en la que grandes sumas de dinero público (de impuestos, de IVA, etxc.) se están transfiriendo a manos privadas.

Pero, ¿por qué calan de forma tan fácil y extendida argumentos simplistas como los utilizados en favor de la privatización? ¿Por qué poco a poco vamos perdiendo fuelle y asumiendo como inevitable la privatización? ¿Acaso no nos parecen suficientemente contundentes los argumentos en contra como para mantener nuestras convicciones?

Si buceamos un poco en la historia, las medidas neoliberales aplicadas a cualquier campo de la economía han seguido un patrón muy similar al que estamos experimentando los países del sur de Europa (PIGS) con la actual crisis. Naomi Klein en su ‘Doctrina del Shock’ ya nos advertía de lo que estamos sufriendo hoy en nuestras carnes: es en los momentos de crisis, cuando la población se siente asustada, aturdida y desorientada, cuando se imponen las medidas ‘impopulares’ del recetario neoliberal.

¿Qué los modelos neoliberales han fallado y se han tenido que rescatar siempre con dinero público? ¿Qué sus consecuencias han sido sufrimiento y destrucción de las clases medias y empobrecimiento social? ¿Qué misteriosamente solo han conseguido hacer más ricos a los muy ricos y más pobres a todos los demás? (revisad la historia de la crisis latinoamericana de los 70-80). Milton Friedman, el gurú neoliberal, tenía presta la respuesta: una insuficiente liberalización y una excesiva intervención del estado que impedía el natural desarrollo de las ‘bondades del mercado’. Y sí, era siempre la misma cantinela, independientemente de los niveles de liberalización (privatización) existentes1Pero, ¿hay algún estado dispuesto a disolverse, atendiendo a los deseos del tandem neoliberal Hayek-Friedman?

En Madrid, nuestro particular tandem González-Lasquetty, no ha operado de forma diferente, y sus argumentos justificadores se rigen por el mismo patrón simplista. ¿Qué hace a estos argumentos tan poderosos como para someternos a su voluntad, pese a los riesgos más que demostrados? En mi modesta opinión, la explicación es la misma que la que permitió hacer desaparecer hace 2 años la DG de Salud Pública, o la que ha permitido ahora crear esta nueva DG de Salud Privada: una cultura ferozmente individualista en donde lo colectivo carece de valor y se ignora, cuando no menosprecia. Y esto tiene su coste, en términos económicos y en términos sanitarios. Nuestro mundo físico está plagado de ejemplos que demuestran que, lo que vale para un individuo, no es aplicable a grandes colectivos ni generalizable. Podemos coger la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón, por ser de las más estudiadas y sin contestación posible.

La Salud Pública, disciplina de la medicina destinada a velar por la salud de los grandes colectivos, sabe mucho de eso…; sabe que una sociedad sana es más barata, no porque evite las enfermedades, que no puede, sino porque investiga y busca los elementos que favorecen o estimulan la aparición de enfermedades, y propone medidas para eliminar y corregir dichos factores de riesgo. Una dinámica que funciona en el medio y largo plazo y que conduce a una menor prevalencia de enfermedades y por ende a menor consumo de fármacos, menos transplantes, menos prótesis y, en general, una mejor calidad de vida en salud y longevidad. Eso sí, a cambio de pequeños esfuerzos que parecen destinados a amargarnos nuestra plácida existencia en esa fortificada ‘república independiente de mi casa’: no fumes, alcohol con moderación (o nada), no trasnoches, haz ejercicio regular, evita el sobrepeso, no abuses de los dulces, dieta equilibrada, condiciones de trabajo adecuadas, iluminación, ventilación, etc. por no hablar de tener una vivienda y una educación dignas. Una retahíla loable y de amplia difusión siempre expuesta a la burla del ‘bon vivant’ y que, en el mejor de los casos, parece destinada solo a mitigar nuestras conciencias, mientras hacemos todo lo contrario.

Sí, la Salud Privada nos va a hacer, probablemente, la vida mucho más placentera como individuos. ¿Muchos dulces y luego diabetes? Tenemos insulina, y si le molesta el pinchazo, estamos trabajando en transplantes de páncreas… 25.000€ y 500€/año en fármacos. ¿Le gustan los fritos y tiene colesterol/triglicéridos altos? Tenemos hipocolesterolemiantes, y si le producen neuropatía o dolores musculares, estamos trabajando en nuevos reguladores….500€/año ¿Le gusta comer y le sobran algunos kilos, pero una dieta con ejercicio resulta muy exigente para su natural apacible? Estamos trabajando en fármacos que inhiban su centro del apetito…. 1000€/año. ¿Cáncer? Los nuevos tratamientos diana individualizados que curen o mantengan silente su dolencia están disponibles…. 12000€/año. ¿Tiene una enfermedad congénita rara? ¡Vaya! Lo sentimos, no tenemos tratamiento todavía… porque no sale rentable investigar su dolencia, son muy poquitos.

Podríamos seguir y seguir con ejemplos ‘ad nauseam’. Es evidente que la tecnología y los avances científicos pueden y están haciendo esto posible y más; pero también que es un modelo basado, actualmente, en el negocio y la rentabilidad y que, por lo tanto, supone a la sociedad, como colectivo, un importantísimo gasto; además de ser la causa de buena parte de nuestros problemas con el ‘concepto de sostenibilidad’ del sistema sanitario.

Tras una enconada resistencia a las primeras medidas de privatización (que será objeto sin duda de estudio en años venideros) y de batallar contra el muro de incomprensión levantado por González/Lasquetty, nuestras fuerzas parecen languidecer. En nuestra conciencia individual se abre camino la resignación y, lo que es mucho peor, la DG de Salud Privada como mal menor, como ilusión de una vida mejor. Pero ¡ATENCION!, que es una ilusión falsa, que NO podemos ceder a ‘cantos de sirena’; que aunque como individuos adinerados podamos permitírnoslo (si no caemos arruinados en el intento), no tenemos garantías de que nuestros hijos o nietos vayan a poder disfrutar de idéntico bienestar; y que, desde luego, como sociedad nos arrepentiremos. Seamos astutos y obstinados como el gran Ulises, en su objetivo de vuelta a Itaca; pongámonos tapones en los oídos para no oír esos ‘cantos’ edulcorados de los Gonzalez, Lasquetty y Mato que nos prometen las mieles de la Salud Privada…; y salgamos a la calle, a los medios, a los tuits, a los blogs, a la huelga, a dónde haga falta para defender la Salud Pública.
Daniel Bernabeu Taboada
Presidente de AMYTS
1 El milagro económico de Chile tiene mucho que ver con el cobre y su mantenimiento por la dictadura como sector público/estratégico. 
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