EDITORIAL. “Carta a un gobierno ‘progresista'”, por Julián Ezquerra

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Decía Wayne W. Dyer, escritor norteamericano, “El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal como siempre las ha hecho”. Esta frase describe muy bien el sentido de lo que quiero expresar. No podemos hablar de “progreso” si seguimos haciendo lo mismo que antes. Pero hay que completar esta entrada con algo básico, y es preguntarnos ¿Qué es ser progresista? La respuesta la tenemos en el diccionario de la RAE: Dicho de una persona o de una colectividad: De ideas y actitudes avanzadas”

Ideas avanzadas y hacer las cosas de otra forma. La verdad es que el nuevo Gobierno sí está haciendo las cosas de forma diferente, véase por ejemplo el incremento desmesurado de miembros del Gobierno, como también hizo el Gobierno de la Comunidad de Madrid, hacer un Gobierno de coalición con quien hasta hace un par de meses era su mayor enemigo y causante de insomnio, nombramientos discutidos y discutibles (insisto, en esto también como hizo y hace la Comunidad de Madrid), alianzas que hasta ahora eran impensables, etc. En esto, desde luego, el término progresista está bien desarrollado. ¿Es esto una crítica? Sí, lo es. Pero lo es para todos, da igual quien gobierne, hay cosas que todos hacen de igual forma. Pero, ahora vamos a lo que a nosotros más nos afecta.

Desde hace unos años, coincidiendo con la crisis económica o utilizándola como justificación, los profesionales de la función pública, entre los que nos encontramos todos los que trabajamos en la Sanidad Pública, sufrimos una serie de recortes y medidas restrictivas que nos han marcado y perjudicado de forma evidente.

Comenzamos con el primer golpe que recibimos. ¡Ojo!, que este no era un presidente “conservador”, -ahora denominados “fachas”-, era un presidente “progresista”. Una de las mejores formas de ver lo que pasó es este titular publicado en prensa nacional: “Zapatero rebaja el sueldo a los funcionarios por primera vez en la Historia”. ¡Qué fuerte! Eso sí, lo hace de forma progresiva, es decir, afecta más a los que más cobran, y con ello a los facultativos nos meten un recorte impresionante (9%). Las pagas extras, que ya eran ridículas, quedan en la nada, incluso nuestro sueldo base, el de los facultativos, es más bajo que el de grupo de clasificación inferior.

Han pasado casi 9 años y seguimos sin recuperar el salario que nos quitaron. Aquel fatídico mayo de 2010 sigue estando presente. Después de aquello, cambiamos de Gobierno, tuvimos un periodo de mandato “Conservador”, pero las medidas permanecieron inamovibles. Bueno, miento, hay un pequeño cambio. Este Gobierno acordó unas subidas salariales, que no recuperan ni de cerca lo perdido, y el actual al menos las mantiene, aunque no las mejora.

Es más, este Gobierno “Conservador” nos sometió a otro ajuste a la baja, otro recorte sin precedentes, el de la vuelta a la jornada de 37,5 horas semanales. Llega diciembre de 2011, ya con un Gobierno “conservador”, y para entender bien lo que sucede, mejor refrescar con la hemeroteca:Los funcionarios trabajarán 37,5 horas y su sueldo sigue congelado”. Este es el origen de otro de nuestros males. Después de lograr que la jornada laboral fuera de 35 horas semanales, volvemos a las 37,5 horas de nuevo, y lo peor es cómo se hace. En el SERMAS se nos impidió hacerlas aumentando la jornada diaria en media hora, como se hace en otras Consejerías, y se nos plantó un serio problema a los trabajadores y un, denominémosle, “chantaje” en cómo se aplica: dependía de ello la renovación de miles de contratos eventuales y la no suspensión de las OPE en curso. Lo que fue un acuerdo limitado a un año y con contraprestaciones importantes y mal entendidas, se convirtió, de forma unilateral y no acordada, en prolongación anual hasta la fecha,

Durante estos años hemos solicitado de forma reiterada la recuperación de lo perdido en el recorte salarial, la vuelta de las pagas extras a la normalidad, la recuperación de la jornada de 35 horas o, en su defecto, una nueva aplicación de la jornada de 37,5 horas. Pero de esto no hay nada de nada. Año tras año se repite la misma situación; tan solo hubo una pequeña concesión en relación con la jornada, permitiendo que las CCAA pudieran volver a las 35 horas si cumplían unos criterios determinados. Es curioso cómo para quitarnos la jornada lo hicieron por decreto de un Gobierno, pero para devolverlas lo dejan a voluntad de cada CCAA y bajo requisitos obligados. Esto es una trampa.

Bueno, llegamos a 2020, tenemos un nuevo Gobierno, autodenominado “progresista”, y espero con ansiedad ver unos nuevos Presupuestos Generales en los que estos dos grandes recortes se vean superados.

Juguemos con las palabras. Un Gobierno “progresista” no puede mantener medidas “conservadoras”, y no lo digo por el origen de éstas, que ha quedado claro que fueron impuestas por Gobiernos de diferente color político, lo digo porque conservarlas no es avanzar, no es progreso.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia. Secretario General de AMYTS

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