EDITORIAL. “Carencia, indefensión, nihilismo, alienación y desesperanza”, por David Laguna

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Estos años de crisis han producido en el sector sanitario y concretamente en los médicos y titulados superiores de la sanidad española una sensación extrema de desesperanza, nihilismo e indefensión.

En los primeros años de la crisis se dejó de hablar de “excelencia” y se empezó a hablar eufemísticamente con una serie de frases hechas, aforismos que seguro que les son familiares. Del uso eufemístico de las palabras son maestros los políticos y los altos cargos de la administración. No queda bien decir públicamente que se va a imponer una reducción de salario, restricción o desestimación en el uso de medicamentos novedosos, restricción en vacunaciones, altas médicas forzadas, reducción de indicaciones quirúrgicas, terapéuticas y de rehabilitación, ausencia de recambio de material sanitario no fungible estropeado o obsoleto, material sanitario fungible escaso, barato y de calidad cuestionable, etcétera. En vez de ello hay que hablar de “ajuste en las necesidades de personal”, “aumento del rendimiento laboral” “optimización de recursos humanos, terapéuticos y materiales” “eficiencia en la gestión” “actualización del calendario vacunal” “nuevos protocolos de uso de medicamentos” y demás sandeces que lo que esconden son simplemente recortes en la sanidad española y por tanto en el nivel de salud física y mental de los españoles y sus profesionales sanitarios. Los que ordenaron recortes fueron nuestros amados políticos, los encargados de definir los recortes concretos fueron los altos cargos de la administración y los ejecutores los cargos intermedios. Sonrío irónicamente cuando veo a los cargos altos e intermedios de la administración encogerse de hombros y aducir que son meros “mandaos” de los políticos. Lo mismo adujeron los oficiales alemanes en los juicios de Nuremberg.

Estos recortes afectaron fundamentalmente a médicos y facultativos adjuntos y residentes y causaron gran rabia e indignación en estos profesionales sanitarios que se plasmó en manifestaciones, movimientos sociales, y demandas judiciales gracias a la gran labor de los medios de comunicación y de asociaciones y sindicatos médicos profesionales.

En cambio, en estos últimos años de la crisis (espero que sean los últimos) esa rabia e indignación ha ido cambiando paulatinamente a una sensación de indefensión aprendida. Los facultativos nos estamos comportando como los animales de experimentación a los que se les aplica descargas eléctricas arbitrariamente, hagan lo que hagan, sin una relación causa-efecto, y que termina produciendo comportamientos de sumisión, inmovilidad, desesperanza, ansiedad interna y depresión. Se ha acabado con la alegría interna de los médicos, con la búsqueda de la mejora de conocimientos y técnicas, de buscar lo mejor para sus pacientes. El nihilismo y alineación imperante en el ambiente sanitario hospitalario y extrahospitalario nos está conduciendo a una medicina administrativa. Solo interesa gastar lo menos posible y obedecer al cargo intermedio para que no te haga ninguna faena.

Devuélvannos por favor nuestra alegría de ser médicos. Dennos un salario acorde con nuestro esfuerzo y dedicación. Inviertan en nuestra formación y dennos el papel fundamental que nos merecemos en el organigrama sanitario. Háganlo más horizontal. La verticalidad solo funciona en el ejército.

Unos profesionales bien formados, con alegría interna y tomando decisiones en sus pacientes basadas únicamente en criterios médicos curan más, mejor y con más eficacia. Una sociedad con médicos enfermos será una sociedad enferma, menos productiva y con más gasto social.

David Laguna Ortega
Médico especialista en ORL, Hospital Doce de Octubre. Tesorero de AMYTS
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