EDITORIAL. “Ahorro en sanidad: gestión compartida”, por Cristobal López-Cortijo

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Dr. Cristobal López-Cortijo.
A los políticos últimamente se les llena la boca de frases grandilocuentes que intentan justificar las decisiones económicas que toman y que creen que pueden perjudicarles (electoralmente se sobreentiende, pues los resultados electorales son su única preocupación): “… no podemos gastar más de lo que recaudamos”, “ … este es un lujo que no podemos permitirnos”, “… los servicios sociales no son sostenibles si no se recorta el gasto.” Y otras en este sentido.
Pues bien, la Sanidad no es un lujo y sí podemos permitírnosla, lo que ocurre es que efectivamente hay que hacerla sostenible. Y hay medios razonables para ello fuera de la privatización, que es una mala solución al problema a medio y largo plazo. A corto plazo, es muy buena solución para el político que gobierna, ya que de este modo aplaza el problema a otras legislaturas y, de paso, se asegura futuras amistades para ese momento.
Evidentemente los presupuestos de las Autonomías y del Estado salen de los impuestos de los ciudadanos y deben diseñarse con equilibrio y cumplirse. 
La primera solución razonable al problema está ahí, los presupuestos deben diseñarse de forma suficiente. Según Eurostat, el gasto en Sanidad Pública en España supone el 6,25 del PIB en 2008, al principio de la actual crisis económica. Y el gasto por habitante, 1.492 €. Esto significa que estamos a la cola de los países europeos en ambas cifras, que solo son inferiores en Portugal y los países del Este, y con unas diferencias de más de un punto en PIB con respecto a los países europeos que nos superan. Un simple incremento de medio punto, lo cual entra dentro de un rango razonable de financiación, supondría una inyección en los presupuestos sanitarios de nuestra Comunidad de más de 900 millones de €, cantidad que equilibraría de sobra las necesidades presupuestarias actuales durante muchos años.
La Sanidad es el servicio público mejor valorado y del que más se hace uso; los ciudadanos están dispuestos a pagar más impuestos, dentro de lo razonable, a cambio de conservar una asistencia sanitaria universal y de calidad.
Pero seamos razonables, no le pidamos dinero a nuestros políticos, ya que no tienen de donde sacarlo que les sea electoralmente rentable (por supuesto); pidámosles solo lógica y raciocinio, pidámosles la oportunidad de demostrarles que somos capaces de realizar un mejor desempeño de nuestro trabajo con los recursos que el sistema económico, de forma razonable, puede aportar.
Queremos poner de manifiesto que el sistema sanitario público es mejorable, muy mejorable en su eficiencia. Podemos seguir haciendo una medicina de calidad en todos los niveles sanitarios con una financiación adaptada a las circunstancias económicas del momento, pero para ello nos tienen que dejar trabajar como médicos del siglo XXI. Y digo esto porque todos nosotros hemos aprendido en nuestros últimos años esa frase tan repetida por los gestores sanitarios de: “ …hay que coordinar la demanda ilimitada con los recursos limitados..” 
Los que ejercemos la medicina en 2014 hemos entrado al conocimiento de la gestión clínica con sus componentes económicos, sabemos donde están las bolsas de gasto evitable, ya vivimos una Medicina basada en la Evidencia (que no acepta tratamientos sin justificación clínica), sabemos que tenemos que educar a nuestros pacientes en el uso razonable de los medios, y conocemos el déficit de la Atención Primaria tan evidente (que sobrecarga y hace crecer de forma injustificada y con gran coste económico a la Atención Hospitalaria); esto último promovido por los políticos con fines puramente electoralistas. Conocemos los ratios de personal que necesitamos, la tecnología realmente útil, la distribución adecuada de los servicios sanitarios en cada núcleo poblacional; en suma, tenemos toda la información y la posibilidad de aplicar la cordura al sistema, pero necesitamos que se nos dé una oportunidad para demostrarlo. No pedimos el mando absoluto en las instituciones sanitarias, pero sí que nuestra opinión se tenga en cuenta en todas estas decisiones.
Hace unos días, un Consejero de Sanidad de un gobierno autonómico del norte de España dijo: “ …Gestión Clínica es: el gestor dice qué y el médico cómo.” Se equivocaba: la buena Gestión Clínica obliga al gestor y al médico a sentarse en la misma mesa para consensuar el qué y el cómo, y luego el médico lo lleva a cabo y el gestor vigila que se cumpla lo pactado…”
Los profesionales podemos salvar la Sanidad pública… si nos dejan. Y los gestores deben trabajar con nosotros codo con codo, apoyándonos en una relación de igual a igual y con una participación conjunta.
Cristobal López-Cortijo Gómez de Salazar,
vicepresidente de AMYTS
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