Diario AMYTS del coronavirus, 8 de mayo de 2020

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Los datos en cuanto a la evolución del número de nuevos infectados muestran una estabilización de las cifras a lo largo de esta semana, lo que nos deja pendientes de la evolución de los datos en los próximos días, mientras la preocupación por un posible repunte debido al primer paso dado en las medidas de desconfinamiento se extiende. Dentro de este panorama, Madrid ha dejado de estar en el furgón de cabeza de la infección en cuanto a la tasa poblacional de afectados, aunque sigue sorprendiendo que sus datos no reflejen ningún peso de los test serológicos en el diagnóstico de la infección (al igual que ocurre en Cataluña o Canarias, por ejemplo), mientras que otras CCAA (como Andalucía, Aragón, Asturias, las dos Castillas, Murcia, Navarra y País Vasco) comunican un predominio de diagnósticos provenientes de esas pruebas, aunque luego no se contabilicen en la estadística oficial. No sabemos si esto se debe a una escasa utilización de dichos tests en nuestra Comunidad, o a la no comunicación de estos datos. 

En este contexto, está en el centro del huracán la solicitud de Madrid de avanzar en el proceso de desescalada, pasando a la fase 1 a partir del próximo lunes. En principio, no parecía que el gobierno sea muy favorable a esa petición. Tampoco estaba a favor de la misma la dimitida Directora General de Salud Pública de la Comunidad, ni probablemente lo estén muchos de los profesionales que han atendido lo más duro de la crisis y temen volver a verse obligados a enfrentar la misma situación. De ahí que hayamos expresado nuestras dudas al respecto. Sorprende además que la petición se realice tras contactar con empresarios madrileños, que pudieron así manifestar legítimamente las dificultades de ámbito económico que les preocupan legítimamente, pero que las preocupaciones de los profesionales sanitarios, que han peleado la crisis sin los suficientes equipos de protección y teniendo en ocasiones que plantearse la priorización de pacientes ante la insuficiencia de recursos, hayan sido desoídas, como también la opinión autorizada de quien hasta ahora ejercía la responsabilidad en Salud Pública. Por poner sólo un ejemplo de la escasa consideración a los profesionales del gobierno autonómico: se repartirán mascarillas gratuitas FFP2 a los ciudadanos (para los que no hay una indicación clara), mientras que se racanea el suministro de esas mascarillas a los centros sanitarios.

Finalmente, la petición ha sido rechazada, y a buen seguro que, por desgracia, se hará un abuso político de la misma. No obstante, ojalá las decisiones que se tomen sean las más adecuadas, y que nuestros políticos sean capaces de ir más allá de la política barata de confrontación y pasarela con la que suelen castigarnos. Y confiamos en que en la toma de decisiones de futuro se considere como indicador fundamental la disponibilidad presente y futuro de equipos de protección, pues no puede plantearse una desescalada justa sin ser capaz de dar respuesta eficaz a lo que ha sido una de las grandes lagunas de la gestión de la crisis.

Continúa, por otro lado, nuestro esfuerzo para mejorar las condiciones de ejercicio de los facultativos en esta época COVID-Plus en la que cada vez estamos más metidos. Hoy es nuestra sección sindical del SUMMA la que denuncia la falta de limpieza de sus dispositivos e instalaciones, y la necesidad de adecuarlos a la nueva situación, con separación adecuada de circuitos COVID y no-COVID. Estamos también atentos a las peculiaridades de las vacaciones de este año, que va a estar muy condicionado por la crisis, por lo que hemos solicitado una mayor flexibilidad temporal en el disfrute de las mismas. Reclamamos para los profesionales la realización de pruebas de calidad (test serológicos cuantitativos) que sirvan para conocer realmente su exposición al virus, una vez que parece que el número de profesionales posiblemente contagiados puede ser superior al recogido en la estadística. Y seguimos trabajando en que se garantice la salud y la seguridad de los profesionales más expuestos a COVID, mediante la adecuada disponibilidad de equipos de protección y la exclusión de los circuitos asistenciales de los profesionales de alto riesgo. Añadido a todo ello, parece que sería necesario exigir que los pacientes y sus acompañantes lleven mascarilla cuando acuden a los centros sanitarios, en los que no puede siempre garantizarse el respeto de la distancia social y en los que la exposición de los profesionales ya es de por sí elevada.

Ya son 46 los médicos fallecidos en esta crisis COVID, y ayer volvimos a vivir una nueva edición de la campaña #UnSilencioYUnaPalabra en su recuerdo. Se celebraron minutos de silencio y se subieron a las redes palabras y reflexiones con el hashtag de la campaña, que aparecen recogidas en la nube de palabras que acompaña este artículo. Y volvemos a convocar para el próximo jueves a todos a participar en esa conmemoración, con la que se ha hecho coincidir la convocada por el Foro de la Profesión Médica.

Finalmente, en nuestra visita a la página de documentación técnica del Ministerio de Sanidad no hemos podido encontrar ninguna novedad relevante.

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