Diario AMYTS del coronavirus, 29 de mayo de 2020

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Continúa la duplicidad de datos, con 187 nuevos infectados diagnosticados ayer, pero otros 471 casos nuevos atribuibles a días previos; en total, 658 casos más que los contabilizados hasta ayer (61+85=146 en el caso de la Comunidad de Madrid). En medio de esta complejidad, al menos la media de los últimos siete días parece inferior a la de la semana previa en todos los casos. Sigue siendo necesario, no obstante, mantener la prudencia, porque se han comenzado a producir pequeños rebrotes locales en situaciones favorables a ello, principalmente relacionados con circunstancias prohibidas o desaconsejadas, y generalmente en relación a celebraciones donde puede haber comida compartida o pérdida de la distancia social sin uso de mascarillas. Hemos estado confinados, y hemos de tomarnos el desconfinamiento con prudencia, sin convertirlo en un “desbocamiento” generalizado.

Y esto parece estar ocurriendo también en relación a la Atención Primaria, aún diezmada y cargando con el seguimiento de muchos pacientes COVID. Es un espejismo pensar que hemos superado la crisis COVID y que ya pasamos a la normalidad. Y que ya se puede exigir de todo. Tenemos que darnos cuenta de que estamos en transición hacia una normalidad aún no conocida, pero seguro que lejana, y que los pasos hay que darlos poco a poco. Los profesionales sanitarios, en todos los niveles asistenciales, están cansados, pero siguen dándolo todo para tratar de dar respuesta a las necesidades de la población. Colaboremos con ellos, allí donde estén, en lugar de pensar que están contra nosotros…

Y a esto tienen que colaborar los políticos, todos los políticos, sean del signo que sean. A transmitir a la población que estamos en fase de transición, y que hay que seguir siendo responsables de lo que hacemos y de cómo utilizamos los servicios públicos. Pero su interés parece estar puesto en otro lugar: en no reconocer (e incluso ocultar) errores, en atacar al contrario, en aprovechar la enfermedad y la muerte como herramienta para asaltar cotas de poder… No hay una política digna, porque tendría que tener claro en este momento su objetivo: digerir la realidad, contribuir a su asimilación por parte de la sociedad, y promover la colaboración de todos para salir, cuanto antes, de esta situación.

No obstante, hay oportunidades para que uno se pueda reconciliar con la política. Los consejeros de Sanidad de las dos comunidades autónomas castellanas, Verónica Casado y Jesús Fernández, de diferente signo político, han podido mantener un diálogo donde lo vivido con la crisis COVID-19 les pone en profunda conexión, aunque luego puedan mantener sus discrepancias. Todo un ejemplo de buena política. ¿Será porque ambos son sanitarios (en este caso, médicos) y saben bien de qué están hablando y dónde está el foco?

Por desgracia, no hay elegancia en muchos detalles. Como botón de muestra, la queja de algunos residentes que acaban de terminar su especialidad y que al percibir el finiquito de su retribución se dan cuenta de que no se les retribuyen los sábados que han podido tener que trabajar fuera de su horario, como ocurrió, por ejemplo, en el caso de IFEMA. La excusa que se les pone, que se devolverá como día libre, les preocupa, porque su contrato ha finalizado ya… Y, para colmo de males, los contratos que les han ofrecido para reforzar la deficitaria sanidad madrileña han sido de muy mala calidad. Mal detalle para quienes han contribuido, y tanto, a sacar adelante a tantos pacientes en la crisis COVID.

En nuestro repaso diario a la página de documentación oficial sobre coronavirus del Ministerio de Sanidad hemos podido encontrar un nuevo documento, la Declaración del Comité Asesor del Programa de Seguridad de Pacientes Críticos del Ministerio de Sanidad, que cuenta con la participación de las sociedades españolas de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias y de Enfermería Intensiva y de Unidades Coronarias. En ella se deja constancia de la sobrecarga de las UCI durante la pandemia y de la necesidad de evaluar un posible incremento de infecciones secundarias en los pacientes ingresados en ellas, con la intención de prevenirlas al máximo en posibles brotes futuros. Se plantean para ello varias medidas proactivas (como la reactivación de todos los protocolos de prevención y la formación de todos los profesionales que pudieran ser necesarios en esos brotes), pero preocupa que, a pesar de las condiciones de sobrecarga que pueden volver a producirse en situaciones extremas, se indique que incluso en ellas sea “responsabilidad del personal sanitario que trabaja en las UCI su aplicación a pesar de las elevadas cargas de trabajo y el desgaste emocional que implica el riesgo de contagio durante los periodos de epidemia”. Los profesionales no son superhéroes, y la responsabilidad del personal en situaciones de contingencia y catástrofe no puede asimilarse bajo ningún concepto con la de períodos de normalidad, aunque traten de realizar la atención en las mejores condiciones posibles.

Y con esto iniciamos una pequeña despedida. El Diario AMYTS del coronavirus, que se puso en marcha hace dos meses para acompañar el esfuerzo de los profesionales sanitarios, y las acciones de AMYTS en su defensa, en el punto álgido de la crisis COVID, llega hoy a su fin. Han sido dos meses de presencia casi diaria, que ahora continuará no sólo mediante la actividad de nuestra organización, como siempre, sino también mediante las Crónicas AMYTS de la desescalada, que dos veces a la semana continuarán ofreciendo el mismo servicio: resumir e integrar las acciones en defensa de los profesionales que AMYTS continuará realizando durante el proceso COVID-plus en el que ya estamos inmersos. Cambiamos el ritmo, pero no la intensidad y el compromiso con los médicos y otros facultativos madrileños. Y, en paralelo, continuará el Blog AMYTS sobre coronavirus, que desde principios de marzo viene tratando de dar mayor profundidad al análisis de diferentes aspectos de la crisis COVID, desde un prisma profesional.

Ahí seguiremos, por tanto. Comprometidos con el cuidado de los profesionales (“médicos que cuidan a médicos”), que son quienes realmente cuidan de los ciudadanos.

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