Declaración de la Sección Sindical de AMYTS en el Hospital Severo Ochoa: “Es el momento de mirar hacia delante y hacer cambios”

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La Sección Sindical de AMYTS en el Hospital Severo Ochoa echa la vista atrás y al futuro. Por ello, nuestros delegados en este centro madrileño han querido realizar una declaración tras la gravísima crisis sufrida en el hospital y las diferentes expresiones de dolor, importancia y también reproche hacia la gestión de la Dirección-Gerencia.

En este sentido, la Sección Sindial comunica lo siguiente:

  • No queremos entrar en discusiones políticas. Son evidentes los errores cometidos a todos los niveles que han ocasionado la peor crisis sanitaria en Madrid y en el resto de España desde la postguerra. Es intolerable que en un contexto de pandemia y con transmisión comunitaria muy activa no se tomasen decisiones que habrían impedido miles de fallecidos. Y dentro del horror vivido en todos los hospitales de la Comunidad en los dos últimos meses, el nuestro ha sido el epicentro mediático. El drama vivido, sobre todo en Urgencias y en Cuidados Críticos, no tiene precedentes y ha puesto en evidencia graves carencias tanto estructurales como funcionales, que exigieron casi 600 traslados de pacientes. Y con la demografía de Leganés (población envejecida, residencias de ancianos, bajo aseguramiento privado) hubo una falta de apreciación del riesgo, manteniendo actividad programada que dificultó aún más la situación.
  • La entrega de todos los profesionales, sin hacer preguntas, de cuándo, dónde y cómo había que ayudar, ha sido modélica. Incluidos compañeros que han asumido labores de apoyo a la gestión, también sin horarios y sin esperar reconocimiento.
  • La tasa de contagio entre profesionales es inaceptable en toda España, grave en toda la Comunidad de Madrid pero superada en nuestro centro (datos de 21 de Abril, los únicos aportados hasta ahora).
  • La ausencia de información sobre las bajas por Covid19 de nuestro Hospital incumple la Ley de Prevención de Riesgos Laborales: ya hay un requerimiento de la Inspección Provincial de Trabajo que exige información “permanente e inmediata”.
  • Toda la información que obtenemos sobre la situación del hospital es extraoficial y gracias a la colaboración de los compañeros. Es preocupante cuando hay hospitales que semanalmente envían datos sobre ingresos, altas, defunciones, ocupación de UCI o afines. Tampoco se ha convocado ni informado a la Junta Técnico-Asistencial, que es un órgano colegiado con representantes electos de los trabajadores. Es necesaria una actitud transparente que transmita confianza e identifique un liderazgo en una situación tan crítica.
  • La aplicación de protocolos (que eran comunes en toda la Comunidad de Madrid, y emanaban de órdenes ministeriales) fue de mínimos. Desde la crisis del virus de Ébola, AMYTS Leganés ha reiterado en varios Comités de Seguridad y Salud la necesidad de actualizar los protocolos y la formación sobre virus emergentes a todo el personal, y de revisar la dotación de EPIs. No se implantaron estrictas medidas que ya se aplicaban en cualquier organización como teletrabajo, distanciamiento social, limitación de aforo en salas comunes o uso de protección como mascarillas a los profesionales y los usuarios.
  • La dotación de la Urgencia en cuanto a espacios físicos, la falta de personal estructural y la escasa formación específica a los no facultativos sobre la pandemia la convertían en una bomba, que explotó de una manera impropia para el siglo XXI. La presión asistencial, en un contexto de contratos precarios, pluriempleo para llegar a fin de mes y hacinamiento, reventó todas las costuras.
  • Nuestra UCI tiene una disponibilidad ordinaria máxima de 10 plazas para una ciudad de casi 190000 personas. Es la mitad de la media en España, que a su vez ya es inferior a los países de nuestro entorno. A pesar de triplicar los espacios de críticos con la suma de los anestesistas, el máximo habilitado en el HSVO durante la crisis fue de 33 pacientes, cuando en el Hospital de Getafe había 60, o en Fuenlabrada casi 50. La gestión de los traslados, a través de un grupo de whatsapp de las Unidades de todos los Hospitales de la Comunidad, resultó ser la solución para administrar la miseria, pero el movimiento de enfermos muy graves, en condiciones de aislamiento, y con el resto de Unidades ya llenas, plantea dudas sobre la equidad de la asistencia que pudimos ofrecer a nuestros ciudadanos.
  • La infraestructura informática, clave para manejar el enorme volumen de información que había,mostró sus fortalezas pero también sus debilidades:  ordenadores escasos y compartidos que hacen inviable tanto el distanciamiento social como la higiene de las superficies, ordenadores portátiles inútiles por falta de señal WiFi (zona de descanso de MIR por ejemplo) o la ausencia de una aplicación móvil operativa. La complejidad del programa Selene, con una interfaz nada intuitiva y la necesidad de utilizar una misma historia clínica por diferentes especialistas (en ese momento éramos todos internistas), planteó retrasos y dificultades en la gestión de los pacientes y en la elaboración de los vitales informes de alta y de traslado. Como la incorporación de nuevos profesionales, sin formación en un programa que es muy árido con los nuevos usuarios.
  • En el proceso de desescalada, donde hay miles de pacientes “noCovid19” esperando asistencia, no conocemos los nuevos protocolos o circuitos, y hay confusión sobre el significado de los diferentes tests que se hacen a los pacientes antes de someterles a ingreso o intervención quirúrgica. Confiamos en el convenio firmado con Medicus Mundi para asesorar a la gerencia en la creación de circuitos limpios. Estamos haciendo miles de consultas telefónicas sin cobertura formal, sólo por una nota de la Consejería que recomienda incentivar este tipo de consultas. El teletrabajo debería ser una opción voluntaria y adecuadamente dotada tecnológicamente, ahorrando espacio, infraestructura informática y EPIs.

Pensamos que es el momento de mirar hacia adelante y hacer cambios. No queremos salir de nuevo en las páginas de sucesos. No nos lo merecemos.

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