COVID 19. Información y formación a los profesionales

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Uno de los requisitos para que la “crisis del coronavirus” pueda manejarse apropiadamente es el de la adecuada formación e información a los profesionales. Son ellos quienes día a día se van a ver enfrentados a los pacientes, quienes tienen que conocer perfectamente las normas de manejo y protección de los pacientes y quienes se exponen en mayor manera, por esas razones, al riesgo de contagio. De ahí que sea fundamental la actualización de su conocimiento e información en torno tanto al manejo de pacientes y contactos como al de los equipos de protección individual.

Sin embargo, la información y formación que están recibiendo los profesionales tiene lagunas importantes, agravadas por la rapidez con que cambian los contenidos de las mismas. Desde ese punto de vista, el mero depósito de documentos no es un medio efectivo para transmitirla. Como tampoco lo es la remisión a todo el personal potencialmente afectado de esos mismos documentos, sin ninguna orientación de lectura. Pedagógicamente, esto es una auténtica chapuza. Y tenemos que pensar pedagógicamente también con los profesionales, y con más razón en una situación de crisis (actual o potencial). No puedo imaginarme que pretendemos que un profesional cansado después de una jornada de guardia o de asistencia ordinaria vaya a ojear el último documento recibido para buscar en qué parte del mismo se han producido cambios que puedan ser de su interés.

Se echa de menos también que no se utilicen con mayor profusión recursos audiovisuales para apoyar la difusión de todo ese contenido. Pequeños videos explicativos sobre, por ejemplo, la colocación de los equipos de protección, o apoyo gráfico que destaque los cambios más importantes de cada nueva edición del protocolo de actuación, serían de gran utilidad para asegurar una mayor eficiencia en la transmisión de la información. Es de envidiar, a este respecto, el abundante material que se ofrece desde los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, y el que también va desarrollando su equivalente europeo. Con detalles como estos se mostraría claramente un interés real por los profesionales en la difusión de la información. Y no se trata de algo que no tenga claro cualquier persona que se dedique a la pedagogía o el marketing. Desviar los recursos de comunicación del Ministerio o las Consejerías sería un acto necesario en estos momentos. Afortunadamente, algunas organizaciones vamos tratando de suplir, poco a poco, estas deficiencias.

Pero en la formación también hay lagunas. Más allá, nuevamente, del esfuerzo que puedan realizar los profesionales (en cuya iniciativa no podemos dejar descansar absolutamente todo), las instituciones sanitarias deben asegurar la formación de sus profesionales, especialmente en todo lo concerniente a su seguridad. Sin embargo, estamos recibiendo noticias de que las sesiones formativas en algunos hospitales se realizan en horario habitual sin tener en cuenta, y mucho menos suspender, la actividad asistencial correspondiente a ese horario. De nuevo, se ofrece formación, pero con importantes barreras de acceso.

No se trata de lanzar información o actividades de formación. Se trata de garantizar que los profesionales pueden acceder a ella y que se sienten apoyados para ello. Y en medio de la sobrecarga asistencial habitual del sistema sanitaria, agravada intensamente en estos días, se hace aún más necesario.

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