COVID-19. Respaldar a los profesionales

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Continúa in-crescendo la epidemia de coronavirus, que ha doblado el número de casos en las últimas 24 horas, al menos en lo que a Madrid se refiere. Y con ello parece barruntarse la necesidad de nuevas medidas que faciliten la contención de la epidemia. No sólo está en juego el incremento del número de casos, sino también la disponibilidad de recursos suficientes para atenderlos y prestar la asistencia necesaria, sobre todo a los más graves.

Y es que esa es la percepción generalizada en los medios profesionales: que el sistema se está saturando, que los profesionales se están viendo superados por el incremento de la demanda, y que comenzamos a mirar con temor la evolución de la epidemia, que parece haber tomado una evolución claramente ascendente. Si no se actúa, y no se actúa con rapidez y con contundencia, el marasmo asistencial está garantizado.

Cierto que COVID-19, la enfermedad por coronavirus, es una enfermedad que no podemos considerar de gravedad, debido a que la mayoría de los casos se superan sin grandes problemas. Pero hay casos graves, aunque sea en personas de edad avanzada, y la epidemia está comenzando a ser un problema de gran envergadura en cuanto a sus números, con lo que ya podemos anticipar el futuro próximo con tan sólo mirar a Italia, que nos lleva algunos días de adelanto. Esto va a suponer una gran exigencia para el sistema sanitario, y, sobre todo, para los profesionales, que son quienes han de dar respuesta a los afectados.

Sin embargo, las calles continúan su ritmo habitual con normalidad, mientras en los centros sanitarios se vive la tensión de la epidemia y comienza a crecer la preocupación por el futuro. No parece razonable someter a un esfuerzo sobrehumano al sistema sanitario, y no colaborar en ese esfuerzo desde todos los sectores de la sociedad, tomando las medidas necesarias para, por ejemplo, reducir las cadenas de contagio (limitando las aglomeraciones de personas, que indudablemente darán alas a las cifras de afectados) y garantizar la disponibilidad de equipos de protección suficientes para todos los profesionales en cada una de sus actuaciones. Y todo ello acompañado de la disposición de suficientes recursos, económicos, materiales y humanos, para hacer frente a esta crisis, que convendría ir anticipando adecuadamente.

Lo  contrario sería abusar del sistema sanitario y, lo que es más grave, abusar del esfuerzo de los profesionales. Ni las consideraciones económicas ni las políticas pueden justificar esto, pues no dejaría de ser un engaño a todos: a los profesionales, y, lo que aún es más grave, al resto de la sociedad. Estamos ante un problema de estado, ante una crisis de la sociedad en su conjunto, también con repercusiones económicas. Asumámoslo y pongamos en marcha las medidas que se hagan necesarias. Y ello conlleva poner sobre la mesa, también, el presupuesto dedicado a ello. Que ya que los médicos y otros profesionales se están dejando la piel en los centros sanitarios, economistas y políticos se pongan a hacer lo que les corresponda en sus correspondientes ámbitos de actuación. 

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