CONTRAPORTADA.”Los dilemas éticos de los médicos en momentos de crisis”, por Esteban González López

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Dr. Esteban González López.

En los últimos 150 años, en muchos países el médico ha pasado de realizar una actividad liberal a ser un empleado del Estado o de las aseguradoras privadas. En ambos casos sus decisiones no son totalmente libres, puesto que van a ser sancionadas por otros.
No se va a negar la importancia, dentro de los principios bioéticos, del valor de la justicia, la beneficencia, la no maleficencia y el consentimiento. Es razonable, lógico y necesario que el médico y otros profesionales den cuenta a la sociedad del uso que se hace de los recursos que se pone a su disposición.



El médico se ve a diario en medio de una serie de situaciones complicadas en las que convergen aspectos clínicos, organizativos, sociales y económicos, máxime en momentos de limitación de los recursos disponibles. Las decisiones clínicas están influenciadas por muchos criterios, pero, ¿cuáles han de ser los verdaderos aspectos a tener en cuenta en las mismas? Permítaseme contar una pequeña historia.

Durante la II Guerra Mundial, los judíos del este de Europa fueron confinados de forma forzada por el ejército alemán en ciertas zonas de las ciudades conocidas como guetos. Allí las condiciones de vida eran críticas: hacinamiento, frío, hambre, tifus, tuberculosis y, sobre todo, aislamiento y desesperanza. La disponibilidad de medicamentos estaba muy limitada y los médicos se veían obligados a tomar a diario decisiones delicadas.

El Dr. Abraham Weinreb era un médico del hospital del gueto judío de Vilnius (Lituania). En aquel tiempo se pensaba que las pastillas de calcio eran parte del tratamiento de las tuberculosis. Dada la escasa cantidad de pastillas de calcio de que disponía y que no sabía qué decisión tomar para su reparto, reunió a otros médicos, al Presidente del Consejo Judío, a un juez y al rabino de la comunidad. El dr. Weinreb preparó un detallado informe acerca de la situación clínica de cada enfermo y les preguntó cuál podía ser la mejor decisión. El rabino respondió que solo Dios da y quita la vida; el juez intentó dar una opinión legal que no resultó nada convincente; el Presidente del Consejo Judío no opinó; y el resto de médicos dijeron que vivirían los pacientes que tuviesen que vivir, y que morirían los que tuviesen que morir, pero que sus manos quedarían limpias. 

Finalmente, el Dr. Wainrev, decidió administrar el calcio disponible a todos los pacientes tuberculosos:
…me quedé solo para tomar la decisión…El suministro de calcio solo alcanzó para dos meses. Nunca más volvimos a recibir calcio. Así murieron, poco a poco, todos los enfermos que recibieron las pastillas de calcio junto a aquellos que no las recibieron…

A comienzos de 1942, el Dr. Wainrev tuvo que tomar una decisión todavía más complicada. A diferencia del calcio, la insulina sí es imprescindible para la vida de los diabéticos que la precisan, y el suministro era muy escaso. Nuevamente reunió a los anteriores para valorar una nueva decisión. Se contaba con insulina para 50 pacientes durante tres meses, pero el número de pacientes que la necesitaban era de 150. El Dr. quería establecer algún tipo de criterio para un reparto no igualitario de la insulina.

Nuevamente, ni los otros médicos, ni el juez ni el rabino le dieron una respuesta clara, y se remitieron a sus opiniones anteriores. El Dr. Wainrev pensó: “que fácil es tomar postura cuando no asumes la responsabilidad y las consecuencias de tus actos”.

En soledad, el Dr. Wainrev tomó la decisión de facilitar insulina únicamente a los pacientes que tenían mayores posibilidades de sobrevivir. Dice el Dr. Wainrev: “Cuando se acabó la insulina y no quedó mas para repartir, comenzaron a morir los pacientes, uno tras otro, sin poder ayudarles; sólo se oía el grito de la desesperación. Entonces pensé que la decisión ética que asumí no fue la correcta. No sé qué otra opción quedaba en mis manos. La postura ética religiosa de que el hombre no puede y no debe intervenir acerca de quién vivirá y quién no es totalmente verdadera y asumible en un mundo donde hay ética y justicia. Pero en la realidad terrible del Gueto, esa visión es como una imagen del mas allá, que ya no existe y que no volverá”

La situación vivida por el Dr Wainrev es difícilmente extrapolable a la actual, pero… ¿Viviremos situaciones parecidas en las que haya que decidir sobre un tratamiento o una exploración complementaria, o acaso las estamos viviendo ya? ¿Estamos ya en un mundo dónde puede empezar a faltar la ética y la justicia? ¿Son nuestras decisiones siempre correctas? ¿A quién debe realmente el médico su lealtad?

Precisamente en momentos de crisis los ciudadanos vuelven la mirada hacia los profesionales, entre ellos los médicos, a los que se nos supone un código ético que está por encima de todo tipo de consideraciones. Nos convertimos sin quererlo ni saberlo en un verdadero referente moral.

Esteban González López,

Médico de Familia.
Profesor asociado, Facultad de Medicina, 
Universidad Autónoma de Madrid

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