CON FIRMA. “Una moda femenina insalubre”, por Ana Giménez

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En al año 2008 publiqué por primera vez, junto con dos compañeros, un artículo denunciando los peligros que conllevan, para la salud de las mujeres, las tendencias de moda para la mujer (Gimenez A, Ogando B, García MA. La moda femenina, otro factor de riesgo. Médicos de Familia 2008; 3(9): 22-25). Han pasado ya casi 8 años desde entonces y las cosas no han mejorado, incluso han empeorado. Hubo hasta una ley que quería regular y acabar con esta nociva tendencia, y promovía las tallas mínimas que debían tener las modelos de las pasarelas y de las imágenes publicitarias. Pero parece que el fuerte de nuestro país no es precisamente el cumplimiento de las leyes.

Desde ese año, en el que ya presentaba que la moda tanto en lo relativo al cuerpo como en lo relativo a la ropa y el calzado no eran buenos para la salud, hemos asistido con estupor a un empeoramiento de la situación previa. Para poder “estar a la moda”, las mujeres deben renunciar a su naturaleza, ya que el modelo de moda femenina no es fácilmente alcanzable de modo natural, sino que precisan entre otras medidas incluso el paso por quirófano: Se proponen modelos de mujer insalubres, con tallas y aspectos que rápidamente a los profesionales sanitarios se nos antojan como signos y síntomas de anorexia, anemia y algún que otro proceso patológico.

Este año 2016, la publicidad de dos conocidas marcas de moda finalmente ha removido los ánimos de los autores del artículo de hace 8 años y nos ha empujado a reeditar un tema que, tristemente, no solo sigue estando “de moda”, sino que incluso es aún más necesario. En aquel año 2008 postulábamos que los diseñadores de moda para la mujer en el mundo no sólo no parecían tener en cuenta la salud a la hora de hacer sus diseños, sino que daban la impresión de que actuaban como si fuesen unos seres misóginos que de forma sistemática, implacable y progresiva, introduciendo tendencias de moda claramente nocivas para la salud de la mujer, en las que el utilitarismo es simplemente impensable; parece que buscaban implacablemente la destrucción de la mujer. El ataque de los diseñadores de moda, además, no es indiscriminado, y tiene un objetivo claro: la mujer, puesto que la moda para el hombre no es ni por asomo similar: sus modelos masculinos son sanos y musculosos, y contrastan con modelos de las mujeres, caquécticas y débiles.

¿Y qué ha pasado desde entonces? ¿Acaso y finalmente ya se han puesto de moda los zapatos cómodos y adecuados para andar? Nada más lejos de la realidad: antes estábamos espantados por los tacones de aguja; ahora estamos francamente preocupados por los zapatos con plataforma, que además de los consabidos problemas para el pie y la columna, suponen un riesgo elevado de fractura (yo misma he atendido a una doble fractura de tibia y peroné a una mujer que tuvo la osadía de salir “de copas” subida a un par de estos artefactos).

¿Es que la razón se ha impuesto y ha disminuido el número de intervenciones quirúrgicas para conseguir/alcanzar la tan ansiada belleza y aprobación por la sociedad? ¿El cuerpo natural de la mujer es ahora el modelo a seguir? De nuevo la negativa como respuesta: a las operaciones ya estandarizadas (mamoplastia, rinoplastia, liposucción -más conocida en la actualidad como dermoescultura-, erradicación definitiva con láser del pelo corporal, etc), se ha añadido en la actualidad una nueva y escalofriante intervención: la cirugía de genitales externos. Sí, supongo que más de uno y más de dos ya teneis una paciente que ha pasado por el quirófano para “embellecer” sus genitales. Parece ser que ahora está de moda tener a los 30 años unos genitales de prepúber. No encuentro palabras suficientemente contundentes para expresar el horror que siento ante esta nueva moda. Medio mundo preocupado por la práctica de la mutilación genital femenina por parte de algunas facciones de fanáticos musulmanes, y nuestras jóvenes auto-imponiendose la mutilación de labios mayores porque “queda feo” tener unos genitales normales. Espanto, temor, y cabreo. Un enorme enfado y cabreo hacia los que promueven esta práctica y hacia los que la practican.

Una vez más vuelvo a pedir desde aquí a las autoridades sanitarias y a todos los profesionales sanitarios que adopten las medidas necesarias para frenar este sinsentido que claramente empeora la salud física y mental de las mujeres:

  1. Debemos aconsejar a nuestras pacientes de manera que su salud no se vea comprometida por la moda. Con la misma naturalidad con la que les recomendamos que no fumen, deberíamos igualmente desaconsejarles los tacones, los sujetadores de aro, los tangas, la ropa inadecuada para el calor o el frío… Debemos hacer especial hincapié entre nuestras y nuestros adolescentes sobre cuales son los pesos ideales –y tallas- en función de la estructura ósea y edad.

  2. Igualmente, y con mayor razón, habría que hacer una campaña específica y agresiva para luchar contra la cirugía estética como bien de consumo habitual en la población, presentándola como un recurso valioso cuya misión no es alcanzar ideales de belleza antinaturales, sino la reparación de lesiones y la corrección de defectos que alteran la vida diaria.

  3. Finalmente, la Administración debería tomar cartas en el asunto y diseñar y poner en marcha potentes campañas de sensibilización de la población sobre los riesgos de las tendencias de moda y la cirugía estética, y luchar por la implantación en la sociedad de un modelo racional de mujer acorde con su naturaleza y su edad.

Nada de esto sucederá si nosotros no nos sensibilizamos previamente y actuamos como verdaderos agentes de salud promoviendo modelos humanos adecuados y salubres.

Ana María Giménez Vázquez
Médico de familia. Presidenta del sector de AP de AMYTS.

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