CON FIRMA. “Un agujero negro en el Registro de la Comunidad”, por Laura Merino

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No sé cómo describir la sensación que me invadió cuando, después de haber aparecido en la lista provisional de traslados de médicos de familia, con la plaza solicitada como adjudicada, el 29 de abril de 2015 no aparezco en el listado definitivo, y mi plaza queda ocupada por otro compañero.

Lo primero que piensas es que ha habido un error. Pero cuál sería mi consternación cuando en Sagasta me dicen que no he salido en el listado ¡por haber renunciado a la plaza! Reconozco que se me hundió el suelo bajo los pies, me quedé noqueada:

–“¿Qué me está diciendo? ¿Cómo? ¡Eso es imposible, yo no he renunciado a nada!”

Me enseñaron el escrito de renuncia, con todos mis datos personales correctos, escrito a máquina, pero la firma (¡ay, la firma!) era una burda falsificación de mi firma, que tantas veces uso en mi actividad profesional. Enseguida se me fue el pensamiento a mi entorno laboral.

Tras la pertinente denuncia en comisaría por falsificación de documento público, y conociendo la oficina de registro en que fue entregado el documento falsificado (Gran Vía 3), así como la fecha y la hora, me personé en la misma, muy detectivesca yo, con la idea de que las cámaras de grabación podrían mostrar al autor de la fechoría.

Y no, estaba totalmente equivocada: ni cámara de grabación, ni registro, allí no queda constancia de quién entrega los documentos, ni su DNI, ni hace falta autorización del titular del escrito para que cualquier fulanito entregue lo que considere oportuno, en nombre propio o ajeno, poniendo lo que le venga en gana… Todo se da como bueno.

Rabia, impotencia, impunidad, frustración… Vamos, desolación total, al ver que tras 28 años ocupando una plaza en propiedad, pues nunca anteriormente había solicitado traslado, te quedes fuera de concurso por… ¿Por qué? ¿Quién? ¿Para qué?

Lamentándolo mucho, se trata de preguntas que se han quedado sin respuesta, pues, tras dos meses de investigación, la policía científica no ha podido identificar al autor del escrito ni el móvil de la falsificación.

Pero eso no es lo malo, lo peor es la inseguridad de saber que estás en el punto de mira de alguien que, como poco, no te quiere bien. Yo no era consciente de suscitar tanto odio, pero ahora que lo sé, me inquieta y ya no duermo tan bien como antes.

Y ¿qué decir de las oficinas de registro de la Comunidad? Es evidente que es necesario modificar los procedimientos, porque esto se puede repetir en cualquier momento.

Y lo que también se hace necesario es incluir en las bases de las convocatorias (OPE, traslados…) un mecanismo de control, tanto de las solicitudes como de las renuncias, y especialmente en estas, que permita identificar de forma fehaciente al autor y comprobar la veracidad de las mismas. Establecer unos requisitos mínimos, como la utilización del DNI para cotejar las firmas… Incluso mediante la ratificación presencial del interesado ante el órgano convocante.

No me gustaría finalizar de forma alarmista, pero no me queda más remedio que decir: “¡Cuidado!, hay veces que podemos tener al enemigo en casa”.

Laura Merino Gómez
Médico de familia. Delegada de AMYTS en la D. A. Este.
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2 comentarios

  1. Hola Laura,
    Independientemente de que pillen al culpable o no, debería ser posible probar que es una falsificación y que se te adjudique tu plaza, ¿no?.
    Me gustaria saber si estas llegando a algo con esto y su al final consigues justicia.

    Un saludo y toda la suerte del mundo

    Antonio

  2. Increible, LAURA !!!.

    Supongo que lo habrás puesto en conocimiento del Colegio de Médicos y en un Juzgado.

    ¡El que lo haya hecho es un delicuente y bien merece que se le persiga hasta el final!.

    Si en algo pudiera yo ayudarte, (para testigo, para darle una paliza, etc.), no tienes más que decírmelo

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