CON FIRMA. “Todos somos movilización”, por Miguel Ángel García

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En estos días nos estamos encontrando con un proceso claramente asombroso: una intensa movilización de los profesionales de la AP desatada a través de las redes sociales a partir de un pequeño grupo que pretendía trabajar sobre las precarias condiciones de trabajo en que se encuentran los jóvenes médicos de familia, realizando suplencias aquí y allá. La situación viene agravándose año a año al no tomarse, desde las administraciones competentes, medidas eficaces de mejora de condiciones laborales, a pesar de las múltiples propuestas que llegan desde distintas organizaciones profesionales, entre ellas la nuestra.

Y como esta desatención se produce no sólo en ese ámbito, sino en cualquier otro de los relacionados con la asistencia sanitaria, el malestar empeora continuamente, y ha saltado la chispa. Y el objetivo inicial del grupo generado en las redes se ha visto desbordado por una oleada de participación y una ampliación de su objetivo, que ahora se orienta hacia la resolución (o al menos orientación adecuada) de los múltiples problemas que sufre (desde hace lustros, ante la inacción de las administraciones) la Atención Primaria, y que no han permanecido ocultos hasta ahora, sino que han sido continuamente denunciados. No fue otra la intención, por ejemplo, de la creación del Foro de Médicos de Atención Primaria, que ha venido siendo altavoz, junto a sus propios componentes y a otros grupos de profesionales, de la situación crítica de este nivel asistencial.

Pero ha saltado la chispa, y se ha generado esta gran movilización, de momento sólo mediática pero con aspiraciones a mover de verdad la Atención Primaria. Y este es el gran elemento que hasta ahora se echaba en falta, una auténtica movilización de los propios profesionales para vencer el fatalismo que parecía haberse asentado entre nosotros. Sin ese elemento, los esfuerzos de las organizaciones profesionales, y especialmente de las organizaciones sindicales como AMYTS, no son casi nada, por mucho que nos empeñemos en presionar en los distintos frentes que, sin la movilización, nos son accesibles (medios de comunicación, mesas de negociación, tribunales de justicia…). Los resultados son sólo migajas cuando falta esa movilización, y eso explica los raquíticos logros obtenidos en los últimos años: una carrera profesional medio implantada y obtenida a duras penas (y aún incompleta, además, tanto en cantidad como en cobertura), un experimento piloto para aliviar los problemas de conciliación de los profesionales de la tarde, nuevas convocatorias de OPE que, desgraciadamente no innovan, y que sólo tras gran insistencia por nuestra parte se han diseñado para compensar la gran injusticia que vienen sufriendo muchos compañeros con contratos temporales de larga, muy larga duración…

Pero hoy, por fin, está gestándose una gran movilización que puede ser el pivote fundamental del cambio en la AP. Un elemento fundamental para sacar del inmovilismo a las administraciones, que con frecuencia tiran del “más de lo mismo” cuando, en muy escasas ocasiones, se ven obligadas a dar algún paso. Un elemento fundamental para introducir cordura en la organización y funcionamiento del sistema sanitario. Y, por qué no decirlo, un paso fundamental para que esa cordura llegue, también, al conjunto de la sociedad. Porque ya basta de que los servicios de disfrutamos se mantengan gracias al sufrimiento y sacrificio de tantos profesionales. Mantener eso como tónica dominante no sólo sería una locura (opuesto a la cordura de que hablaba antes), sino además una grave injusticia (opuesto a la justicia que debería gobernar la sociedad).

Ahora hay que acertar en esa movilización y en la forma de gestionarla y llevarla a cabo, y eso es cosa de todos. Porque a todos nos interesa, porque todos la sufrimos, y porque todos queremos cambiarla. Y en ello no se puede ser excluyente: también aquí hay que ser inclusivo, porque sin inclusividad no hay participación real. Sin embargo, de vez en cuanto surgen voces que se sienten iluminadas a revelar quiénes sí y quiénes no pueden participar de esa movilización. Nosotros, desde luego, no trabajamos en esa línea. La movilización ha de ser inclusiva, a más de participativa. Por supuesto que sí.

Y no nos engañemos: es la propia Administración quien crea toda la situación de engaño social en que vivimos inmersos, deseosa de mantenerse en el poder al margen de la buena gestión de los servicios. Necesita, por tanto, ocultar la realidad, parar cualquier tipo de exigencia y hacer parecer que son los agentes sociales los responsables de ese parón. Además, por supuesto, de cansarles en el camino y de poner todos los palos que pueden en las ruedas de las mesas de negociación.

Es la hora, por tanto, de reivindicar todos juntos:

  • Una inversión suficiente en el conjunto de la Atención Primaria, que no alcanza ni el 15% en ninguna comunidad autónoma, y es muy inferior en la de Madrid (a la cola nacional), cuando la recomendación de la OMS, sostenida por el Foro de Médicos de Atención Primaria desde su creación es que alcance el 25% del presupuesto sanitario total.
  • Unas cargas de trabajo razonables, que hagan posible una asistencia de calidad. Recordemos aquí el documento de consenso de CESM-SEMFYC-SEMERGEN del año 2000, que proponía un máximo de 1.200 pacientes por médico de familia, y el de CESM y las sociedades de Pediatría de AP, que fijaba una horquilla de entre 800 y 1.000 niños por pediatra, en ambos casos adaptable a las características sociodemográficas de la población atendida. Esos criterios, que promovieron la reivindicación de “diez minutos por paciente” fueron posteriormente aplicados por CESM-Madrid (actual AMYTS) junto a SOMAMFYC, SEMERGEN Madrid, AMPAP y SEPEAP en el ámbito de nuestra Comunidad, detectando la necesidad de incorporar 2.885 médicos de familia y entre 157 y 371 pediatras de Atención Primaria, necesidad que, desde luego, no ha sido cubierta por la Comunidad de Madrid. Más adelante trabajamos también sobre los condicionantes socioeconómicos de la demanda en AP, que originaban más del 70% de su variabilidad, y que demuestra la necesdiad de introducir correcciones sociodemográficas al cupo máximo por médico según las caracteristicas de cada centro de salud. Corrección que, por cierto, debe también llevar incorporada una valoración proporcional de su valor capitativo, para que el médico que tenga un cupo menor en una zona más deprimida socialmente no cobre menos por ello que el que tiene un cupo mayor en una zona de mayor nivel socioeconómico.
  • Unas condiciones laborales adecuadas, que permitan la conciliación de la vida personal, familiar y laboral para todos y hagan más atractivo el ejercicio médico en la Atención Primaria. El experimento que inicia la Comunidad de Madrid no es más que un mínimo paso en esa dirección, mientras que en nuestro entorno cercano hay varias comunidades autónomas cuyo horario de atención primaria no incluye la tarde, o lo hace sólo hasta las 17 h, y algo similar ocurre en la mayoría de países de nuestro entorno, sin que eso suponga una crisis sanitaria. Compartimos plenamente la necesidad expresada en diferentes estudios de que la jornada laboral estándar se adapte a la europea en cuanto a horario, que suele respetar las últimas horas de la tarde, que cualquier obligación para cubrir ese horario de forma habitual lleve sus correspondientes incentivos (económicos, de reducción o adaptaciones de jornada, etc) y que la organización social no debe descansar a hombros de unos pocos grupos profesionales que tengan que soportar una elevada accesibilidad horaria que no tiene más justificación que la que deriva de mantener una absurda estructura laboral general de horarios excesivamente amplios. Y sin olvidar que las condiciones de los médicos que trabajan en los servicios de urgencia extrahospitalaria son aún peores que las del resto de compañeros, y que deben ser revisadas tanto para reconocer el especial esfuerzo que realizan para la cobertura horaria de los períodos horarios no cubiertos por la AP como para hacer atractivos esos puestos de trabajo tan necesarios.
  • Una gran reducción de la temporalidad que trate de ser definitiva. En este sentido, se puede insistir en la realización de OPE periódicas, pero la experiencia en la Comunidad de Madrid es bastante clara, y siempre hay grandes retrasos entre una OPE y la siguiente, que pueden superar la década en algunas especialidades. La incapacidad, en este sentido, de la Administración madrileña es patente, y de ahí que haya que ser creativos, como se sugiere desde múltiples frentes e incluso hemos promovido nosotros mismos en AMYTS. Desde luego, una solución como la que se viene proponiendo desde algunos partidos políticos, que suponga exámenes nacionales cuya calificación sea válida para concursar por el acceso a las plazas vacantes, y un proceso “abierto y permanente” o con elevada periodicidad (en Francia se realiza, por ejemplo, dos veces al año) agilizaría los procesos selectivos y reduciría la temporalidad a una realidad meramente coyuntural y puntual.
  • Una desaparición de la precariedad laboral, mediante la realización de contratos estables para las suplencias o, mirando más allá, y como venimos expresando en diferentes foros, adecuando suficientemente las plantillas para que ellas mismas puedan absorber sus propias necesidades de cobertura de ausencias, de forma que el contrato de suplente sea testimonial. Si la falta de cobertura de ausencias, característica de la AP de la última década que se agrava año a año, supone un incremento real del 25% del cupo de pacientes al que debe asistir cada profesional, los cupos máximos de referencia deberían incrementarse en un 25% para permitir esta autocobertura profesional, que haría que los médicos que ahora realizan las suplencias tuvieran contratos estables de trabajo en su propio centro, sin estar moviéndose de aquí para allá. No deberíamos conformarnos con mejorar las condiciones de los suplentes; si son necesarios, habría que replantear la situación para que tuvieran contrato estable con su propia plaza.
  • Una adecuada retribución a los profesionales, de los peor pagados de Europa, que incluya también los incentivos adecuados, sin ningún tipo de discriminación, y con una Carrera Profesional accesible a todos, definida con criterios que sean estimulantes y no disuasorios.
  • Y mucho, mucho más, pues la situación de la AP es compleja y grave.

En fin, mucho por lo que pelear, mucho por lo que luchar. Mucho por lo que convencer no sólo a nuestros políticos, sino también al conjunto de la sociedad, que debería hacerse consciente de lo que realmente quiere pagar para mantener la sanidad; porque eso definirá la calidad de la sanidad que quiere.

Y sí, suena grande. Pero grande es el problema que quiere afrontar la sociedad mediante sus servicios sanitarios (atender la salud de la población) y no puede andarse “con chiquitas”, racaneando los medios y cargando el esfuerzo a hombros exclusivos de los profesionales. Y en este esfuerzo no sólo no sobra nadie, sino que hacemos falta todos. TODOS.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, doctor en Medicina. Responsable AMYTS de Formación y Desarrollo Profesional. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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