CON FIRMA. “Todo es mentira”, por Julián Ezquerra

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“El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad”.
Aristóteles
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Si los políticos son generalmente poco creídos, después de la crisis de la Covid-19 ya no serán creídos ni aún cuando digan la verdad.

Pasados ya los momentos más críticos de la pandemia de la Covid-19, es el momento de recapitular. Hemos pasado la mayor crisis sanitaria que recuerdo en época moderna. No sé cómo fue la postguerra, más allá de lo que me contaban mis abuelos y mis padres, o lo que he leído sobre ello. Era una situación diferente, con una guerra de por medio.

Lo que si sé es lo que hemos pasado en esta pandemia. Lo sé por haberla vivido en directo y sufrido en primera persona. Se lo que ha ocurrido en los centros sanitarios, el colapso que hemos vivido, la medicina de guerra que se ha practicado, las penurias de material que hemos sufrido, la angustia y la desazón que ha producido entre los profesionales.

También sé que mucho de lo que nos han pretendido contar, el relato de políticos y gestores, es mentira. Como ejemplo unos cuantos detalles.

Es mentira el número de muertos que han admitido. Cada día baila el número, se comunican muertes y el Ministerio anuncia que “hoy no hay muertes por coronavirus”, es decir, entran unos cuantos y salen otros. Esto es un milagro. Resucitan fallecidos. Los números cambian, los criterios se acomodan, es imposible hacer un seguimiento serio de los datos. Cambian las reglas contables cada día.

Es mentira que el sistema no llegó a colapsar. La sanidad se basa en estructuras físicas adecuadas y personal preparado y capacitado. ¿Qué ha ocurrido? Pues está claro, las estructuras han sido insuficientes y el personal ha estado desbordado. Unas simples pruebas: pacientes “acomodados en el suelo de algunas urgencias”, pacientes encamados en salas de rehabilitación, bibliotecas, etc. Unidades de críticos en los lugares mas insospechados. El denominado “milagro IFEMA”, un pseudo hospital de campaña construido a mayor gloria de un Gobierno de Comunidad Autónoma, cortina de humo para no ver el colapso del sistema, la insuficiencia de camas hospitalarias, dotado de personal de atención primaria que lo único que hizo fue desvestir a un santo para vestir otro, desmontar la base del sistema para dar mas visibilidad al deslumbrante modelo hospitalocentrista.

Es mentira que en las residencias no sucediera nada. Se nos han muerto miles de residentes, solos, mal atendidos, sin acceso a una atención sanitaria digna, sin derecho a morir sin sufrimiento. Cierto es que muchos de los fallecidos no eran tributarios de una asistencia que solo hubiera generado encarnizamiento terapéutico, pero otros muchos podrían haber sido beneficiarios de una atención digna y podrían haber salvado su vida.

Es mentira que el pase de fases en la “desescalada” sea serio y riguroso. Un paripé a mayor gloria de la clase política, que les ha dado visibilidad y ha puesto sobre la mesa la auténtica realidad. Se pasa de fase por criterios políticos, económicos y sociales, no por criterios sanitarios. Madrid, no pasó a la fase 1 en un primer momento, y no lo hizo por no reforzar Atención Primaria y carecer de “rastreadores”. Lo hizo en estas mismas condiciones una semana después, tras revuelo político y quejas evidentes. Y luego, en idénticas condiciones, pasa a la fase 2 y todos tan felices. Vivan las terrazas de bares, viva el comercio y el paseo de gente por las calles. Me parece bien, está claro que la crisis socioeconómica puede ser mayor aún que la sanitaria, pero que lo digan, no mientan y engañen, que ya somos mayorcitos.

Es mentira que a los profesionales no nos agrade el reconocimiento con el premio Princesa de Asturias, tal y como se empeñan en demostrar algunas noticias en ciertos medios de comunicación. Nos ilusiona este reconocimiento, como los aplausos sentidos de los ciudadanos. Pero nos reconfortaría aún mas el reconocimiento de la “clase política”, el que esta “clase”, siempre en buena situación y “autoreconocimiento”, nos considere lo que somos, merecedores de unas condiciones dignas de contratación, retribución, dignidad profesional y respeto. Que se nos dote de material, equipamiento, personal y organización adecuada. Que no se nos deje ahora tirados a los pies de los caballos, enfrentándonos a posibles demandas por cómo han tenido que trabajar y las consecuencias.

Y ¿qué no es mentira? Pues no es mentira todo lo que he dicho que es mentira, permitidme este juego de palabras.

Solo terminar con un sincero y rotundo GRACIAS a todos los profesionales que nos han sacado de esta crisis, un reconocimiento para siempre y un homenaje sentido a los que han perdido la vida en esta pandemia. Siempre os recordaré.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia. Secretario General de AMYTS

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