CON FIRMA. “Sanidad pública, sanidad politizada”, por Ana Giménez

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En España estamos orgullosos de la Sanidad Pública. La defendemos con fiereza como viejos soldados españoles: “¡Santiago y cierra Sanidad Pública!” Pero yo hoy no quiero hacerlo. Quiero hablar de los enormes problemas que arrastra la sanidad pública, y que la están llevando al límite, al abismo.

Son muchos sus problemas. Sobre todo, relacionados con mala gestión. Al igual que el Estado, arrastra una estructura de gestión elefantiásica, y lo que es peor: politizada.

Una administración pública saneada debería regirse por los principios de “igualdad, mérito y capacidad” en el acceso a sus puestos, y su eficiencia debería basarse en que la estructura de gestión sea lo suficientemente delgada para no suponer en sí misma un lastre y así poder gastar en lo realmente necesario, en lugar de gastarlo en los que deciden qué es lo realmente necesario. Y con perfil técnico, sin carnet.

Pero no es eso lo que tenemos. Lo que tenemos es en realidad una administración pública sanitaria muy politizada, prácticamente hasta la microgestión. Los nombramientos de todo tipo de gestores son políticos, los nombramientos de la mayoría de las jefaturas son políticas, e incluso en algunos concursos de acceso discrecionales, la mano política de primer, segundo o tercer grado se hace valer.

Y toda esta estructura politizada, cuyos nombramientos dependen de la designación política directa, son el instrumento perfecto para el maltrato de los profesionales. Porque de ello depende la permanencia en sus designados puestos

Lo que se hace en la Administración Pública Sanitaria, empleando como martillo pilón sus politizados cargos, y aprovechando el poder que le da el hecho de ser prácticamente un monopolio estatal, ni en sueños se permite en las empresas privadas:

  • Ni de lejos se permiten las concatenaciones indefinidas de contratos, como sí se toleran en la sanidad pública.
  • Ni de lejos se permiten los contratos basura por meses, por horas y por días que sí se permiten en la sanidad publica
  • Y por supuesto, ni en sueños se puede despedir un trabajador por las buenas, aunque lleve lustros trabajando, y sin indemnización, como sí se permite en la sanidad publica
  • Ni de lejos se permite la estafa a los trabajadores con las continuas “quitas” de las nóminas que los trabajadores se ven obligados a reclamar incluso en los tribunales
  • Ni de lejos se permite que se desoigan las instrucciones de los servicios de riesgos laborales y de la inspección laboral… como -efectivamente- sí se permite y tolera en la sanidad publica

Probablemente todo esto se deba a su infecta politización. Con distintos colores en cada lugar. Probablemente.

Así que hoy voy a decir que, como médico que lleva casi 30 años al servicio de la Sanidad Pública, que estoy muy muy harta del maltrato -que raya el sadismo- con el que la Administración sanitaria trata a sus médicos. Y si, como dicen los psiquiatras, “no hay sádico sin masoquista”, yo desde luego no soy masoquista. Y por tanto creo que el apoyo no debe ser incondicional.

#StopMaltratoMedico

Ana Giménez Vázquez
Médico de familia, doctora en Medicina. Tesorera de AMYTS

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