CON FIRMA. “Sangre, sudor y lágrimas”, por Miguel Ángel García

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Tengo esta conocidísima frase de Winston Churchill en la cabeza desde los primeros días de la pandemia. Y la razón es bastante sencilla: la pandemia constituye un profundo reto para nuestra vida, tanto por el dolor que genera en tod@s los afectad@s por la misma y sus allegad@s como por la necesidad de apretar los dientes y hacerle frente en todos y cada uno de los ámbitos de la vida, especialmente en aquellos sectores dedicados a combatir la enfermedad directamente (personal sanitario), los más expuestos a las consecuencias económicas de las medidas a tomar (como las actividades relacionadas con el ocio) o aquellos dedicados a la gestión social, sanitaria y política de la pandemia. Pero sin olvidar a ningún otro sector, pues todos se están viendo afectados de una manera u otra por la misma.

Pero es que, además, tod@s y cada un@ de nosotr@s tenemos una responsabilidad clara ante esta pandemia: evitar al máximo posible ser parte de sus cadenas de transmisión. No sólo por nosotr@s mism@s, sino por tod@s y cada un@ de quienes nos rodean, y al final por el conjunto de la sociedad. No es un tema de equilibrio personal de intereses (“yo he decidido que, si me pasa algo, me pasa, y no voy a esforzarme más [tanto]”), porque en esa decisión se juegan también los intereses de l@s otr@s. Es, al fin y al cabo, una cuestión de solidaridad: no de la voluntaria, la que un@ escoge por querer ayudar a otr@s, sino de la constitucional de la persona (porque estamos conectad@s un@s a otr@s, lo queramos o no, como muestra la pandemia). Y hará falta esa solidaridad no sólo ahora, para vencerla, sino también después, para superar las secuelas que nos deje.

Cierto, esto se está prolongando, y habrá que ser capaces también de disfrutar de la vida que vivimos, aún con todas estas limitaciones. Un@ no se lo puede jugar todo a sobrevivir para el futuro cuando no sabe si estará, en un momento u otro, entre los afectad@s por la pandemia. Pero sí que puede jugar a ese disfrute de la vida siendo responsable y consciente de lo que supone contribuir, o evitar, el avance de la enfermedad. Eso es responsabilidad de cada uno: en su vida privada, en su trabajo, en sus relaciones… Habrá que conjugar el equilibrio con creatividad, también con autocontrol, y no esperando que nos lo resuelvan otr@s con su autoridad (las decisiones de gobierno, que también requieren su fuerte dosis de responsabilidad, por supuesto). Y las tecnologías, el aire libre y las medidas de prevención nos dejan margen para poder seguir manteniendo nuestras relaciones y disfrutando del entorno, aunque no sea en el grado que nos gustaría en tantas ocasiones…

“Sangre, sudor y lágrimas”, no lo olvidemos, habrán de convivir con esos intentos de seguir disfrutando de la vida, sin dejar de acompañar a quienes lo necesiten a nuestro lado. Porque si no es así, la “sangre, sudor y lágrimas” de quienes más implicados están en la lucha contra la pandemia no harán sino conducirles a la soledad y al desánimo (como parece que ya está ocurriendo).

Por eso son tan poco comprensibles los mensajes que durante la pandemia se han transmitido y que invitan / han invitado más bien a quedar al margen de la misma (mientras se pueda), a vivir el confinamiento como oportunidad de mejora personal al margen de lo que ocurría, a reivindicar (o incluso ejercer) una libertad ilimitada e irresponsable frente a las medidas necesarias para reducir el impacto (sanitario, social y económico, no lo olvidemos) de la pandemia, o a querer sacar provecho político de la crisis sin atender de verdad a las necesidades reales del sistema sanitario. Fueron poco comprensibles los mensajes generalizados de trivialización de la pandemia en sus inicios (y no sólo del gobierno, sino también de múltiples medios y canales de comunicación), y siguen siéndolo hoy los que invitan al levantamiento de las medidas de restricción o a revivir como “nueva normalidad” lo que continúa siendo una anormalidad peligrosa para todos. Muchos de esos mensajes proceden de formas de gobierno paternalistas e infantilizadoras que parecen venir a decir a l@s ciudadan@s “Tranquil@s, que nosotr@s os lo vamos a dar todo resuelto con nuestras medidas” y que no ayudan, para nada, a la asunción de responsabilidades.

Porque a día de hoy continúa el sufrimiento, continúa el colapso sanitario (que tan poco parece preocuparnos), continúa el sobreesfuerzo y la angustia de l@s profesionales, continúa el dolor de much@s familiares, continúa la pérdida económica de tantos y tantas… Si queremos sobrevivir como sociedad, no podemos vivir al margen de todo ello, ni aún con la excusa de disfrutar de la vida. Habrá que seguir saboreando de la vida en lo que podamos, por supuesto, pero sin olvidar todos esos dolores que atraviesan hoy la sociedad, e incluso sin hacerlos un poquito nuestros.

Eso si queremos ser una sociedad  que salga lo más exitosa que pueda de este pequeño (o gran) desastre. Claro, que corremos el riesgo de que lo que en realidad queramos sea salir de todo esto como podamos, en un “sálvese quien pueda”, con un@s profesionales sanitari@s agotados y desfondados, y como una sociedad a la que más vale que se olvide en los libros de historia. O a la que se tome como ejemplo de sociedad destinada al fracaso, para evitar repetir el ejemplo.

Pero sé que much@s estamos en el esfuerzo de salir con bien. Creo que merece la pena. Y que nos podemos, y nos podremos, sentir orgullos@s de ello. Esa es la sociedad a la que Churchill le dirigió en su momento el “sangre, sudor y lágrimas” para poder salir de la crisis. Porque en este momento es un mensaje universal. 

A ver si tenemos políticos que, de verdad, se hagan conscientes de todo ello. Y que lo sepan (y quieran) liderar.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, doctor en Medicina
Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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