CON FIRMA. “Respuesta de los médicos al plan de privatización”, por Miguel Ángel García Pérez

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Dr. Miguel Ángel García Pérez.

Todavía hay quien se sorprende (o más bien dice sorprenderse) de la respuesta de los médicos ante el salvaje proyecto privatizador González – Lasquetty de la sanidad madrileña*. Se dice que es una respuesta politizada, que es interesada, incluso que es meramente laboral (como si esto no fuera importante); cualquier cosa basta para intentar desprestigiar una respuesta que, les guste a algunos o les deje de gustar, tiene un profundo calado entre nosotros. Y para darse cuenta, sólo haría falta escuchar (sí, eso que dice tantas veces nuestro consejero que hace, pero que, evidentemente, no sabe hacer).




Como suele ocurrir, puede haber múltiples razones, pero yo me voy a reducir aquí a dos. Por un lado, estaría el interés personal de los profesionales que puedan resultar afectados: despidos, cambios de situación contractual, traslados y movilidades… Son razones más que suficientes y justificadas desde el propio interés, en defensa de las condiciones de trabajo, igual que otros defienden su propio interés en defensa de su prestigio político o sus ingresos financieros; no hay, pues, ningún motivo para el desprestigio por este lado. Algo totalmente lícito y justo en cualquier conflicto de interés. Bien es verdad que, si lo analizamos profundamente, es un interés que compartimos, de un modo u otro todos, los profesionales, porque hoy se amenaza tan sólo a seis centros hospitalarios y a varios centros de salud (en un número aún por determinar), pero parece que hay un objetivo mucho más amplio en la mente de algunos de nuestros políticos, que puede llegar a afectar al conjunto del sistema sanitario.

Pero es que hay, además, un motivo de otra índole, de hondo calado, que puede tener que ver con la propia manera de ver el ejercicio de la Medicina por parte de los profesionales. Es un motivo que surge también en otros contextos, como se apunta con bastante lucidez en el debate en torno a la extensión de la cobertura sanitaria en EEUU (Brett AS. Physicians have the responsibility to meet health care needs of society. Journal of Law, Medicine and Ethics 2012;40:526-31), y que no hace sino apoyar la obligación deontológica de los médicos de luchar por sistemas sanitarios que les permitan realizar su tarea en las mejores condiciones posibles, y no inmersos en conflictos de interés en los que, cada vez, haya más agentes implicados, y cada vez más, más alejados de la realidad sanitaria. Y es que una privatización como la propuesta en el proyecto González – Lasquetty pone en riesgo seriamente la independencia de la atención sanitaria, con la entrada de emporios sanitarios en la gestión de la Sanidad pública.

La mayoría de los médicos que hoy contribuimos al funcionamiento del sistema sanitario público nos abrimos a la elección de esta profesión en un contexto de un sistema público y gratuito, construido sobre el esfuerzo de las generaciones que nos precedieron. En ese entorno, vimos en la Medicina una forma de ser parte de una sociedad solidaria y servicial en la que, también (¿cómo no?) ganarnos la vida y alcanzar un nivel de bienestar suficiente para un adecuado desarrollo de nuestra vida personal y familiar. Evidentemente, hay otros muchos motivos, pero no se puede descartar éste tan profundamente inserto en nuestras experiencias personales. Y es frente a esta realidad que chirría, y mucho, que las decisiones de gestión sanitaria puedan transferirse a entidades con otros (¡y qué distantes!) intereses sociales.

Gestionar personas, sobre todo en un sector de servicios personales como es el sanitario, es algo mucho más complejo que gestionar cadenas de montaje, y no se pueden aplicar los mismos criterios. Cuando el agente personal es fundamental para la realización del servicio, no se pueden despreciar sus motivaciones más profundas. Y eso es lo que está haciendo, simple y llanamente, nuestro tan desprestigiado gobierno autonómico. ¿Aún se sorprende de que nos opongamos a estas medidas?

Dr. Miguel Ángel GarcíaPérez
Director Médico de la Revista Madrileña de Medicina
Coordinador de Formación de AMYTS

* Me permito denominar al plan privatizador por el nombre de sus instigadores (el presidente y el consejero de Sanidad) para promover el concepto de responsabilidad política en nuestra sociedad, al ejemplo de lo que se hace en otros países. Si la reforma tiene resultados positivos, que contribuya a la loa de ambos personajes; de no ser así, que contribuya a su vergüenza y desprestigio.
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