CON FIRMA. “Quinta ola, y una Atención Primaria sin recursos suficientes”, por Jesús Fernández

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Trabajo en Madrid. Desde hace 16 meses, la labor asistencial de mis compañeros (y la mía desde hace 13 meses) es emocionalmente agotadora, psicológicamente extenuante. Y sumo a este carro a auxiliares administrativ@s, celador@s, TCAE, enfermeras, pediatras, fisioterapeutas, odontólog@s, trabajador@s sociales, higienistas dentales… Al inicio de la pandemia sorteábamos la muerte con escudos de material frágil y poco preparado para aislarnos.

La población estaba asustada y en Primaria y Hospitales se facilitaba la labor altruista de cuidar de pacientes infectados, graves o leves. Como a todos los seres humanos del planeta, nos invadió el miedo al virus: estaba ahí, en el aire, en los espacios cerrados. Nos confinaron porque era necesario (al margen de disquisiciones sobre estado de alarma o estado de excepción).

Intentamos quebrar la primera ola, la segunda, la tercera, la cuarta, y ahora estamos en la quinta. Claro que hay casi un 50% de la población vacunada en nuestro país… pero hace ya casi cuatro semanas que se nos dijo que no utilizáramos mascarillas al aire libre. Y, ¡oh voilà!, aumentan los contagios entre los jóvenes. Cierto es que coincide el calendario con los viajes de fin de curso, pero hay enormes locales que les acogieron sin evaluar las distancias sociales ni las medidas de seguridad para evitar el contagio. Vía libre para que el virus campara a sus anchas. Y después se contagiaron, al regreso a sus hogares, los amigos, los hermanos, los padres.

En este momento estamos, en el que en 10 días ha aumentado la tasa de 90 a 537 por 100.000 habitantes. Casos menos graves, pero el aumento de incidencia es exponencial. Era necesario acelerar el ritmo de vacunas, desde hace tiempo, y contener las ganas de quitar la mascarilla al aire libre, porque expertos en vacunas y salud pública de nuestro país expresaron la necesidad de dar ese paso cuando hubiera mayor inmunidad de rebaño.

No pocas comunidades autónomas tienen déficit de profesionales para abarcar de forma eficaz esta pandemia. La mía es una de ellas. Se ha tratado con menosprecio por las altas instancias sanitarias nuestra labor, planteándose incluso por algún tocayo que la ilusión era la herramienta necesaria para salir adelante. La ILUSIÓN nunca la perdemos en Sanidad, porque nuestro trabajo es vocacional; yo trabajo en la Sanidad Pública y hago gala de ello.

Frustra saber que multitud de compañeros han buscado en los últimos años destinos para trabajar en el extranjero. En España hay pocas posibilidades de terminar una especialidad y encontrar trabajo estable. En mi comunidad autónoma se ha menospreciado la labor de los profesionales, faltan compañer@s que suplan vacaciones, falta que los políticos HAGAN VISIBLE nuestra labor, lo que se hace por la población. Las demoras en la Atención Hospitalaria y Primaria de patologías NO COVID son consecuencia de la propia pandemia y de la mala gestión política, que niega nuestras necesidades de más profesionales y deriva tareas a centros privados como El Corte Inglés para vacunar, o ha creado un hospital de pandemias que podría ser un hospital para cualquier enfermedad.

Menos edificios y más personal. Eso es lo que hace falta. L@s compañer@s somos los que sacamos el trabajo adelante, ayudándonos unos a otros, jornada tras jornada. Como Sísifo subiendo la cuesta, día a día, sin recursos humanos suficientes.

Son nuestros compañeros los que nos hacen seguir con el tesón del día a día, de llevar a cabo un trabajo vocacional y duro en estos meses. Nadie nos ayuda desde las altas instancias en nuestras peticiones. Desconozco si por incapacidad en sus funciones, porque la Consejería de Hacienda tiene algo que ver… o porque quizá trabajar en los despachos convierte a la memoria en un objeto frágil, que les permite olvidar qué era aquello del trabajo a pie de calle.

Pero la vocación sigue ahí, las ganas, ayudar a nuestros pacientes, en lo físico y en lo emocional. Es nuestro deber y la base de nuestra profesión. NADA NI NADIE nos va a hacer perder esa ilusión.

Para mí, ser médico es la mejor profesión del mundo. Y no pienso abandonar mis ganas ni la esperanza de recuperar la Sanidad Pública que NO QUEREMOS PERDER, y que requiere de ayuda por parte de los políticos.

Jesús Fernández Horcajuelo
Médico de familia. CS Alicante (Fuenlabrada)

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