CON FIRMA. “A propósito de un caso”, por Julián Ezquerra

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Julián Ezquerra

La impunidad del mundo es tan inabarcable, tan antigua, larga y ancha que hasta cierto punto nos da lo mismo que se le añada un milímetro más”.
Javier Marías.

Llega un momento en el que la impunidad, el hacer lo que uno quiere, el gestionar por encima de normas, en definitiva, hacer lo que se viene haciendo y no pase nada, se tiene que terminar. Es hora de no añadir ni un milímetro más.

Voy a contar un cuento muy real.

Corría el mes de diciembre de 2017, y en los “reinos de taifas”, donde los contratos que los “reyezuelos” de turno hacían se regían por una carencia absoluta de norma y trasparencia, un osado plebeyo osó mandar una carta a todos ellos en la que anunciaba que se denunciaría toda aquella contratación que no se adaptara a los mínimos criterios de “igualdad, mérito, capacidad y publicidad”, tal y como establece la normativa vigente.

Durante este tiempo, a regañadientes, con formas diferentes, con algunos recursos, con algún cambio de voluntades, con algunas o, mejor dicho, muchas reticencias, se han publicado convocatorias de plazas para su cobertura mediante un procedimiento reglado más o menos aceptable y, en muchos casos, con rectificaciones para evitar que la arbitrariedad fuera algo sencillo.

Todo trascurría con sus tiempos, sus convocatorias y procesos selectivos, sus quejas y rectificaciones, sus recursos administrativos y judiciales, etc. Vamos, lo habitual de este “reino de taifas”.

Pero hubo un momento en el que uno de los reyes firmó una convocatoria rara, rara, rara. El mismo día, para plazas de diferentes especialidades, convoca dos procesos de selección diferentes: uno, el habitual, el que venía siendo utilizado con carácter general; el otro muy diferente, con unas características que hacían sospechar que tenía nombre y apellidos el posible beneficiario. Así se le hizo ver, y se interpuso el correspondiente recurso, que hasta en los “reinos de taifas” se siguen permitiendo, con el resultado esperado: nada de nada y todo sigue adelante.

El proceso habitual termina con el resultado esperado. Cuando un “concurso” está prediseñado “ad hoc”, raramente se obtiene un resultado diferente al esperado. Y así sucedió.

El plebeyo, no conforme con lo sucedido, también en un mes de diciembre de 2018, decide interponer demanda judicial ante los juzgados de lo penal, al entender que estos hechos podrían ser constitutivos de una infracción del Código Penal.

Pasan los meses, 4 meses más concretamente, y el Juez correspondiente decide admitir la demanda e iniciar las actuaciones pertinentes. Cita en calidad de “investigado” al correspondiente “rey de la taifa”, solicita el expediente e inicia la pertinente instrucción del caso. ¿Hasta dónde llegará esto? No lo sabemos. ¿Tendrá consecuencias? Una incógnita. ¿Servirá de algo? De esto si estoy seguro. Servirá, al menos, para que los diferentes “reyes de taifas” vean que la impunidad se acaba, y que en el futuro no se le añadirá un milímetro más.

Y también servirá como “aviso a navegantes” para quién dicte resoluciones denegatorias de reconocimiento de pago de carrera a interinos a sabiendas de la doctrina que ha dictado el Tribunal Supremo al respecto. Los plebeyos podemos ser inferiores, podemos ser subestimados, pero lo que somos es conocedores de nuestros derechos y obligaciones, que ejerceremos sin ningún género de dudas.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia. Secretario General de AMYTS

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1 comentario

  1. Florencio Jiménez Fernández en

    Querido Julian: es loable tu esfuerzo, y es verdad que en este caso, se han superado a si mismos, en el nepotismo en la taifa, pero el reyezuelo implicado lleva haciéndolo por todas las taifas por las que ha pasado, y hasta ahora siempre le ha salido bien, se ha dado el caso de llevar a una jefa de Análisis Clinicos con él, por todas las taifas donde ha gobernado. Ir a un juzgado no es agradable, al menos de algo servirá, pero el sistema implantado actualmente, con el truco de la entrevista, permite seguir haciendo interinos discrecionalmente, no se hace público ninguna valoración de méritos, ni baremos, ni nada parecido, sólo se señala con el dedo al agraciado o agraciada de turno. No tiene solución.Es una verguenza para la profesión. Al igual que no se produzcan traslados con las PseudoOPES, la administración y todos los implicados han aceptado el sistema de prevaricación. Asi nos va. Un fuerte abrazo Julian.

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