CON FIRMA. “¿No les gustaría sentirse orgullosos de la gestión de la alerta del SARS-CoV-2?”, por Ángela Hernández

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La enemiga de la prosperidad es la incertidumbre que genera la mala política.” Finn Kidland

Políticos y resto de autoridades sanitarias autonómicos y centrales, ¿nos les gustaría sentirse orgullosos de la gestión de la alerta del SARS-CoV-2? ¿Se sienten orgullosos? Pero orgullosos de verdad, no de cara a las encuestas o a sus partidos, de ese orgullo que te arropa por las noches antes de dormir con la conciencia tranquila.

Puedo asegurar que los médicos si que nos sentimos orgullosos de nuestra labor en esta crisis. También sentimos muchas otras cosas, dolor, miedo, impotencia, frustración, enfado, rabia, cansancio… Pero sabemos, como lo saben todos aquellos que nos animan y aplauden cada tarde a las ocho, que hemos hecho y hacemos cada día todo lo que estaba en nuestras manos, de hecho, a veces con nuestras propias manos desnudas a causa de la escasez de medidas de protección adecuadas. Sentimos la satisfacción intrínseca e inalienable del deber cumplido, incluso cuando la tarea sobrepasó nuestra capacidad.

¿Pueden ustedes decir lo mismo? Si la respuesta es “No”, o “Hicimos todo los posible según nuestros asesores”, o “Qué más da cómo lo hicimos mientras nos mantengamos en el poder”, reflexionen. Están a tiempo de mejorar esta gestión, están cuando menos a tiempo de no seguir el espectáculo de acusaciones mutuas o venta publicitaria. Si la respuesta es “Sí”, también tienen que reflexionar.

Nada nos gustaría más a los médicos, además de sentirnos orgullosos por la respuesta del sistema sanitario madrileño y español que ha sufrido el peor embate que conocemos, que poder sentirnos orgullosos de los políticos y autoridades sanitarias autonómicos y centrales.

¿Pelín rimbombante verdad? ¿Por qué reitero y repito machaconamente autonómicos y centrales una y otra vez? Porque, como bien apuntaba Mónica Alloza la semana pasada: “No son colores políticos, es nula capacidad. Para lo único que se emplean bien a fondo es para justificarse y echarle la culpa al otro.”. No deberíamos, y no debería dejarse el resto de la población, arrastrar por “los relatos” de unos y de otros, pero se palpa la polarización, tanto en las conversaciones como en las redes sociales. En estas semanas complicadas hemos tenido que enfrentar, además de la impotencia de ver cómo escaseaban medidas de protección, cómo faltaban o se improvisaban circuitos sobre la marcha, cómo se escatimaban PCR para profesionales sanitarios, cómo colapsaba el sistema sanitario, etc., a los “voceros” de uno u otro signo que se indignaban porque no se hiciera una alabanza ciega de la gestión de lo que muchos se han empeñado en llamar “situación de guerra”. Como ya he declarado, esto no es una guerra, es una epidemia mal gestionada.

Ya resuenan los tambores de la crisis que vendrá. Ya se ha mencionado que no hay dinero para agradecer el esfuerzo realizado, y es cierto. Los médicos tenemos que huir de la indefensión aprendida, tanto de los que vienen, los estudiantes de Medicina, como de los que se están formando, los residentes, como señalaban Daniel Bernabeu y Sheila Justo, como de los adjuntos, como contaba David Laguna. Desde todos los niveles asistenciales y de ejercicio, tanto de Atención Primaria, como han contado Alicia Martín o Julián Ezquerra, o el SUMMA 112, o las urgencias hospitalarias, ejerzan en gestión pública o privada. Se acerca el momento de volver a luchar por la profesión médica, por asegurar unas condiciones de ejercicio que no solo no espanten, sino que atraigan el talento médico a España. Es el momento de exigir que las cosas se hagan bien y que se implementen los mecanismos para que se puedan hacer aún mejor en futuras crisis sanitarias, incluso pidiendo “lo imposible”, como la devolución de las competencias en salud pública y sanidad si así lo consideramos, la despolitización de la gestión sanitaria, el reconocimiento que merecemos y merecen los pacientes (que no usuarios ni clientes), y un marco de diálogo y negociación propio. Sin temor a liderar el futuro de la sanidad española, como nos han hecho liderar desde las trincheras la gestión de esta crisis sanitaria.

Así que concéntrense, políticos autonómicos y centrales y autoridades autonómicas y centrales, en gestionar lo que queda de esta crisis sanitaria, que aún queda para rato previsiblemente, de forma que puedan sentirse orgullosos de sí mismos, y que podamos llegar a sentirnos orgullosos de ustedes. Porque el “relato” o los “relatos”, a estas alturas, ya deberían dar igual. Están amortizados, como sus puestos si tienen el menor sentido del pudor. Nada que no pase por su dimisión voluntaria cuando el virus nos dé una tregua (improbable, lo sé) o inducida por los votos de la población, bastará para cubrir los errores ya cometidos y sus consecuencias. Y esto, deberían saberlo ustedes mejor que nadie, tanto en Madrid, Sra. Ayuso y Sr. Escudero, como en el gobierno central Sr. Sánchez y Sr. Illa.

Ángela Hernández Puente
Cirujana General y del Aparato Digestivo. Vicesecretaria General de AMYTS

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