CON FIRMA. “Metáfora”, por Raquel Rodríguez

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Hoy lo primero que me viene al pensamiento es el recuerdo de mi amiga que se marchó hace 2 años y, desde lejos, al menos siento un pequeño agradecimiento por haberme podido despedir de ella, por haberla llorado abrazados a los que la quisimos y continuamos haciéndolo. Si hubiese sido hoy, la realidad de la muerte nos golpearía, además, con la impotencia de no haberla podido acompañar en su último aliento. Así tantas personas que han llorado en soledad a sus seres queridos en esta situación tan dantesca, a la par que amenazante para la vida, no van a reponerse nunca de este duelo asocial y completamente antinatural.

Somos sociales, queremos tocar, abrazar, besar, palmear… Queremos vivir como antes, brindar con los amigos, hacer barbacoas, queremos compartir momentos importantes, porque eso hacemos los seres sociales. La guadaña ha segado la raíz de esta sociedad y, en modo de pandemia por un virus altamente dañino, ha ejercido su derecho de pernada, y ha elegido a 290.000 personas que ya no pueden abrazarse con nadie porque han muerto.

Nos ha dado tal bofetada que nos ha sumido en un silencio cruel, en un aislamiento necesario, en un frenazo brusco de todas nuestras actividades normales, porque como nos han (y nos hemos) informado, el virus mata valiéndose de las gotitas de la saliva, a modo de caballo de Troya entrando en las personas por las mucosas. No hay que tocar nada que pueda estar contaminado por una de esas miserables gotitas, porque puede ser la trampa mortal que sume esa cifra de muertos. Hemos aprendido a confiar en el sistema sanitario, aunque éste se haya podido mantener milagrosamente a flote en el tremendo tsunami de asistencias terribles gracias al tesón de las personas, porque los medios para sostenerse han sido escasos. El personal sanitario está exhausto, agotado, terriblemente asustado, porque ellos no pueden contar lo que ha sido grabado en su retina. Hemos sido considerados para poder volver a ser sociedad.

Pero no hemos aprendido que no podemos recuperar lo que teníamos, que este virus va a quedarse como un ente más entre nosotros, impidiendo tantas cosas que antes normalizábamos. No hemos aprendido, porque nuestro deseo de despertar de esta pesadilla es mayor que el miedo, o quizás porque no hemos visto a este en la cara de las personas enfermas y muchos finales tan penosos como luchados hasta la extenuación. No lo hemos visto al menos algunos. Los que lo tuvimos cerca, en la familia, en los amigos, en los pacientes atendidos y en primera persona, no hemos sido capaces de transmitir al resto lo importante que es mantenernos libres de la enfermedad. La tendencia ahora es darle poca importancia, el trending topic es cómo tenemos que inmunizarnos, pues salgamos a la calle sin las debidas medidas de precaución, animemos a nuestros responsables políticos a las medidas de apertura social, generemos un clima de confianza total en la población porque, como nos dijeron al principio y no nos lo creímos, esto es parecido a una gripe. Y de la gripe también se muere gente, ¿no?

Entonces, con toda la información en la mano, aun sabiendo como funambulistas que el equilibrio consiste en mantener ambos lados del contrapeso, a un lado la salud, a otro la sociedad, un traspiés en el movimiento de bajada hará inevitable la caída al vacío, y hemos tirado demasiado pronto a la basura nuestro cartel que simboliza el confinamiento y la pérdida de nuestro papel social. Lo malo es que no hay sociedad sin salud de sus individuos, así como en la práctica médica primero es mandatorio preservar la vida, después el órgano y su función, y después la estética. Ahora en la sociedad ya hemos prescindido de la vida…

No nos va a pasar nada porque esto les pasa a otros.

Raquel Rodríguez Merlo
Médico de Emergencias. Delegada AMYTS en el SUMMA 112

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