CON FIRMA. “Memorias de una supermamá”, por Mónica Alloza

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121 Mónica Alloza 3x3 cm

MEMORIAS DE UNA SUPERMAMÁ MIR

Conciliación de la vida laboral y familiar. Defensa del MIR. Qué grandes palabras, y qué vacías de contenido las he sentido yo muchas veces.

Me voy a remontar más de una década atrás, a mis tiempos de residente de radiodiagnóstico.

No voy a decir dónde me formé, sólo que era un gran y viejo hospital de Madrid.

Cierro los ojos y me veo a mí misma a las 4 de la madrugada, de guardia, con una gran barriga de 6 meses, tipo mesa camilla, y los pies como botas. Entre eco y eco, esperando a un paciente, se acerca un adjunto de otra especialidad y me dice: “pero criatura, qué haces tú trabajando así a estas horas, en tu estado”. Y es que, cuando yo era residente, eso de embarazarse estaba mal visto, pues una tenía que poner sus 5 sentidos en la formación MIR. Y para qué hablar de dejar de hacer guardias, si ya librarlas fue un triunfo para mí, después de una amenaza de aborto, claro.

Luego me veo de nuevo a mí misma a las 11 de la noche, con un sacaleches, escondida en un cuartito de urgencias, entre eco y eco, a ver si llenaba un biberón para mi criatura de 4 meses, que había dejado al cargo de su padre, para volver a trabajar. Aquello de la lactancia en diferido me duró un par de guardias y la leche se acabó.

Afortunadamente, las cosas han cambiado. Hoy en día, podemos quedar exentas de guardias las facultativas que así lo solicitamos, incluído el período de residencia, aunque no hay una compensación económica por esas guardias que dejamos de hacer.

También la libranza de la guardia es un derecho que está reconocido por la ley y del que disfrutan los residentes.

Todos estos logros son sindicales. Es decir, es el trabajo y el esfuerzo de los compañeros que dedican parte de su tiempo a luchar por las mejores condiciones laborales posibles para todos.

Por eso es tan importante la representación sindical, incluido el periodo MIR.

La formación MIR hace unos años era una penosidad en cuanto a las condiciones laborales: las habitaciones donde descansábamos eran para llamar al inspector de trabajo. Y cuando se protestaba, había voces de la administración que nos contestaban que “los residentes vienen a la guardia a trabajar, no a dormir”. Esto lo he oído yo, y después me he acostado a las 5 de la madrugada, con mi super-barriga, en una cama desechada para los pacientes, con un colchón roto, en una habitación donde en invierno había aire acondicionado y en verano calefacción. Tapábamos la rejilla del aire con una placa de radiografía (que para eso éramos de rayos). Compartíamos el baño con las demás habitaciones, en el que había una bañera roñosa y unos lavabos con la grifería oxidada. Nunca fui capaz de ducharme allí. Desconozco si esas habitaciones siguen así o se cerraron y adecentaron, como espero que ocurriera.

Y sólo vomitaba por las mañanas cuando salía de guardia, qué casualidad.

Yo en aquel entonces no sabía a quién recurrir, no sabía siquiera si tenía derecho a quejarme, o si la residencia era como la formación militar de los marines que salen en las películas, donde un sargento te grita y te insulta y te pide que renuncies y te vayas.

He llorado mucho de residente, me he sentido mano de obra barata, y me han mirado mal por decidir tener mi primer hijo durante mi formación.

Por eso, desde aquí hago un llamamiento a la participación de los residentes en las elecciones sindicales. Y a que se impliquen en su comité de empresa. Eso es un logro del que yo no pude disfrutar en mi residencia. Con la perspectiva que da el paso de los años, soy capaz de valorar lo fundamental que es ese comité de empresa MIR, las posibilidades de lucha que se abren desde allí. Quizás nuestros jóvenes médicos, que no han pasado la residencia como un calvario, no entiendan la dimensión de ese comité de empresa. Por eso espero que lean mi experiencia personal, que no es una excepción, porque, desafortunadamente, muchos compañeros de mi edad, se sentirán reflejados en ella. Y que comprendan la suerte que tienen de disfrutar de los logros que consiguieron sus antecesores.

Mientras escribo ésto, me acuerdo de un ejemplo paralelo que siempre dice mi suegra: en las elecciones, las que sean, las mujeres tenemos que votar, que nos ha costado mucho conseguir ese derecho, y se lo debemos a las que lucharon hace siglos por ese logro. Y a mí me parece que mi suegra es una mujer sabia. ¿No creeis?

Mónica Alloza Planet
Especialista en Radiodiagnóstico, Hospital de Torrejón. Delegada sindical de AMYTS
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