CON FIRMA. “Médicos estresados, sobrecargados y hundidos”, por Julián Ezquerra

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Decía José Antonio Marina (filósofo, ensayista y pedagogo):

Así pues, un sujeto experimenta estrés cuando la presencia de acontecimientos que exigen de él un esfuerzo que sobrepasa sus recursos mentales o físicos le provoca un sentimiento desagradable, inquieto, debilitador, con signos de activación fisiológica mantenida e incapacidad de controlar la situación. Estrés es, pues, un término más amplio que ansiedad, miedo o angustia. Una respuesta fisiológica y psicológica a sobrecargas variadas. La presencia del peligro es sólo una de las causas del estrés. La prisa, sin ir más lejos, suele producirlo con mucha frecuencia

La situación que vivimos habitualmente en el ejercicio diario de nuestra profesión se puede calificar de estresante y no se puede definir mejor que cómo lo hace José Antonio Marina en la frase anterior. Ya vivíamos una pésima situación pre Covid, especialmente en el ámbito de la atención primaria, dónde es excepcional quien no se encuentre en esta situación. También en el SUMMA y en los hospitales, dónde las situaciones son otras, pero la esencia de la situación es la misma.

Venimos de una situación crónica de maltrato al profesional, de déficit de plantillas, de alta presión asistencial, de falta de sustitutos, de un trasfondo de malestar generalizado; no se ven mejoras no a corto ni a medio plazo, mas, al contrario, la situación empeora cada día.

La pandemia ha hecho que la sobrecarga asistencial provoque el caos, la sobrecarga sea inabordable, que las consultas provoquen tal malestar y estrés que ya no es ocasional ver compañeros llorando, con crisis de ansiedad y un malestar crónico que requiere de tratamiento.

Nos han formado para dar atención de calidad, dedicar tiempo al paciente, poder aplicar el clásico “que le ocurre, desde cuando y a que lo achaca”, es decir, una relación médico-paciente en la que el tiempo es factor clave. Un tiempo que ya es mínimo, dónde no es posible no ya la cortesía de presentarse y saludar; unas consultas en las que no se ve al paciente, consultas telefónicas, impersonales, todo lo mas alejado de la medicina mas humanista y clásica, por otra parte, nunca superada por la tecnología.

Lo peor de todo esto es que no veo reacción, no veo mas allá del malestar generalizado, de la queja de pasillo, de compañeros automedicados para hacer frente a esta situación. Pero es momento de reflexionar, de pensar si lo que hacemos es correcto y que podemos hacer para cambiar la situación. Como siempre, los gestores, los políticos, tienen la fuerza, la norma, el mando, pero nosotros tenemos algo mas importante que es la fuerza de la razón y los pacientes a nuestro lado.

Es hora de plantarse, de creer en nosotros, en la profesión, de reivindicar nuestro derecho a un ejercicio de la medicina en condiciones de seguridad, con tiempo para los pacientes, sin presión. Si no lo hacemos, estamos ante el fin de la medicina tal y como la entendemos. No te resignes y actúa, por ti, por tu profesión, por los pacientes. Ha llegado el momento de decir basta.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de Familia. Secretario General de AMYTS

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