CON FIRMA. “Medicina a la defensiva”, por Miguel Ángel García

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267 Miguel Angel Garcia 3x3 cm

Sigue siendo un placer, para mí, participar en el grupo de trabajo que promueve, dentro del Foro de la Profesión Médica, el reconocimiento de la relación médico-paciente, núcleo de nuestra actividad profesional como médicos, como Patrimonio Universal de la Humanidad. El proyecto tiene como fin aquilatar el valor de esta realidad que, por mucho que quiera ser negada por intereses ajenos a la Medicina, es sustancial a la asistencia sanitaria de los ciudadanos, y núcleo de todo el sistema sanitario. Un elemento, por tanto, fundamental para defender la actividad profesional médica.

Pero a nivel personal me está suponiendo una oportunidad inigualable de reflexionar sobre nuestra práctica profesional. Por mucho que la realidad se haya presentado adversa y poco cuidadosa con esa relación, dada la situación real de nuestro sistema sanitario, profundizar en ella te hace descubrir matices que muchas veces pasan desapercibidos.

En la última reunión del grupo de trabajo me ocurrió algo de eso. Federico de Montalvo, experto en Derecho sanitario, nos hablaba de la llamada Medicina Defensiva y de cómo ésta perjudica tanto al profesional como al paciente, en lugar de defender realmente a nadie. Y según le escuchaba, me surgía la idea de que el término Medicina Defensiva en sí mismo hace daño, porque lo presenta como una realidad abstracta, como descarnada y alejada de la realidad, como una opción entre otras que el profesional decidiría, voluntariamente, elegir para desarrollar en su actividad profesional. A mí me parecía que el nombre adecuado debería ser “Medicina a la defensiva”, más congruente con la realidad personal del problema. Trataré de explicarme.

Practicar medicina defensiva, es decir, una medicina centrada en reducir los problemas potenciales del profesional y no en atender adecuadamente la necesidad de salud del paciente, es algo no bien valorado, ya que supone tanto riesgos para el paciente (derivados de pruebas que pueden no ser necesarias, posibles falsos positivos, efectos secundarios de las que son más invasivas…) como exceso de gasto para el sistema. Por ello, se trata de una práctica ampliamente criticada desde la impresión de que el médico elegiría libremente esa práctica defensiva (que, efectivamente, acaba siendo “ofensiva”, como bien propone esta reflexión de un reconocido líder de opinión profesional) por egoísmo, incompetencia o “falta de valía profesional”. Y, desde esa perspectiva, se trataría de una actitud criticable desde la perspectiva ética, deontológica o, simplemente, profesional. ¿Pero es realmente esa actitud la que define la práctica de la medicina defensiva?

Yo más bien pienso que no, que no es una opción libre de un profesional que decide hacer las cosas “a peor”. Parece más bien una opción condicionada por un ambiente de presión social, de litigiosidad excesiva y de carencia, en muchas ocasiones, de las condiciones básicas necesarias para desarrollar una buena práctica médica. El profesional puede llegar a verse acorralado, y, además de la repercusión que esto pueda tener en su propia salud, responde “a la defensiva”, protegiéndose en una realidad que, por desgracia, ya no fluye desde la confianza, sino en muchos casos desde la desconfianza, la exigencia y la presión. Una realidad personal más compleja que una simple opción por una manera específica, y perjudicial, de ejercer la Medicina (la que llamamos medicina defensiva).

Es triste pensar que muchos profesionales, por ejemplo en servicios de Urgencia o dispositivos de Atención Primaria sobresaturados, pueden verse inmersos en una consulta con la preocupación de poder ser demandados si se produce algún resultado adverso (incluso derivado de la propia enfermedad), y piensen en primer lugar en protegerse de esa realidad vivida, en muchas ocasiones, de manera subconsciente, en vez de centrarse en el bien del paciente, que es lo que realmente beneficiaría a ambos. ¿Por qué ocurre esa situación, tan diferente, como comentaba el propio profesor Montalvo, de la que él mismo vive en sus clases, en las que él tiene como primera preocupación conseguir el mayor aprendizaje posible en sus pupilos?

Somos seres relacionales, y muchos de nuestros comportamientos no tienen su origen en decisiones individuales independientes, sino que vienen condicionadas por el entorno en que se toman. Tendremos que pensar en el entorno con mucha más frecuencia, y tomárnoslo con mucha mayor seriedad, si realmente queremos resolver problemas como el de la llamada medicina defensiva. No es más que adecuar la perspectiva para poder resolver adecuadamente el problema. Como están haciendo la Academia Nacional de Medicina norteamericana (el antiguo Institute of Medicine), y otras instituciones del ámbito sanitario, en torno al tema del burn-out, asunto que ya hemos traído a estas páginas enocasiones anteriores.

Potenciemos, desde luego, el compromiso profesional, y estimulémosle desde la crítica. Pero no lo confundamos tratándolo de forma individual. Pensemos, y actuemos, de forma más sistémica.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, Máster en Bioética y Derecho. Director Médico de la Revista Madrileña de Medicina

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