CON FIRMA. “Me voy”, por Paloma Rubio

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Publicamos en esta sección, por su toque personal, el texto leído en su nombre en la concentración ante la Asamblea de Madrid del pasado 27 de abril para reivindicar la situación de la Atención Primaria


Buenas días. Mi nombre es Paloma, y soy médico de Familia.

Elegí esta especialidad porque me parece muy humana y porque se tocan todos los palos de la Medicina: desde problemas cardiológicos, técnicas como  infiltraciones, o diagnóstico con pruebas como la ecografía. Me fascina la esencia de la especialidad, pero no cómo se gestiona.

Creo que es un problema generalizado en toda España, porque nunca se invierte ni se incentiva a los trabajadores. Y Madrid es una de las CCAA que menos invierte en la Atención Primaria y que tiene contratos más precarios. No se quieren dar cuenta de que una Atención Primaria de calidad es la base de una buena gestión, de una buena valoración y derivación del paciente, ahorra costes y mejora la atención sanitaria de los pacientes… Un centro de salud que funcione es primordial, porque es la puerta de entrada de la Sanidad, y es el punto de referencia de los ciudadanos de cada barrio y de cada pueblo.

Pero lo que podría ser una consulta motivadora se ha convertido en un trabajo de pura burocracia: partes de baja de patologías cuya evolución no depende realmente de ti, sino de otro especialista, visados de medicación, justificantes médicos para trabajadores (o incluso para colegios, que no tenemos por qué hacer por ley), ley de dependencia, fe de vida… ¡Y ahora añadimos cosas tan locas como certificados para no llevar mascarilla!

No me daba tiempo a poder ejercer de MEDICO, que es lo que realmente estudié. Tener 50 a 100 pacientes casi todos los días, en una jornada de 7-8h, cada paciente con varios motivos de consulta… es agonizante. Es imposible poder ejercer bien como médico, y en esta situación no es difícil que al final se cometan errores médicos o no se detecten cosas importantes. Y lo peor es ver que, pese a matarte a trabajar y llegar exhausta a casa, la imagen que tiene la población es que no están siendo bien atendidos, o que trabajamos poco o mal.

Y no les falta razón. El aumento de tiempo de espera para atención médica no hace más que ir a peor en todos los niveles sanitarios. Es frustrante.

Eso me genera mucha tristeza porque probablemente sea real, porque un teléfono no puede llegar a lo que llega una visita presencial. Porque cuando ves, con tu ojo clínico, a un paciente pálido y le pides una analítica, y con eso diagnósticas un cáncer, o cuando alguien tiene gestos raros y al final es un Parkinson… eso no lo puede suplir el teléfono. Porque el calor humano lo rompe la barrera telefónica.

Bien es cierto que es imposible poder cubrir todas las peticiones y los rastreos COVID si tenemos a todos presenciales. Además de que se llenaría toda la sala de espera de gente con patología infecciosa o no, o con factores de riesgo, y no tenemos suficiente personal como para cumplir con todas las medidas de seguridad.

Al final tienes una mezcla de enfado, agobio, tristeza, ansiedad y frustración que es difícil de manejar. En diciembre decidí no renovar mi contrato, ni coger ningún contrato nuevo. No quería trabajar así, no me sentía bien conmigo misma, tanto como profesional como por mi estado anímico. Y es cuando pensé en mi misma, y dejé de pensar en los demás, ni en el qué dirán.

Yo estuve trabajando como médico de refuerzo en la zona noroeste de Madrid durante casi 2 años, reforzando según las necesidades a 5 centros de salud de los que dependía. Cada semana me decían cuál era mi jornada laboral, o incluso me avisaban con pocos días de antelación o me cambiaban los planes el día de antes, siendo IMPOSIBLE poder organizarme la vida…: unos días de mañana y otros días de tarde.

Después llegó el COVID y me entregué a él, trabajando por la mañana en atención a domicilio y atención a residencia, y por las tardes en el centro de salud. Así durante 2 meses, trabajando unas 12h al día, y después estudiando hasta la 1 de la mañana, para volver a despertarme al día siguiente y dejarme el alma en el trabajo. Después de esa primera ola estaba agotada física y mentalmente.

Viendo como empeoraban más aún mis condiciones laborales, empecé a estar desmotivada y deprimida. No me gustaba mi trabajo. Alguna gente nos criticaba diciendo que no trabajábamos, Gerencia no ponía a más personal, y nosotros agonizábamos. Pero lo que quiero decir es que antes del COVID ya estábamos mal, ya tenia esa sensación de no poder ejercer para ser un buen médico, sino salir del paso día a día. Lo único que ha hecho el COVID es empeorarlo más aun, hasta que he decidido irme tanto de la Sanidad Pública como de Madrid. Ahora estoy en la privada en otra CCAA, y no me arrepiento. Por el momento no me planteo volver a ser médico de familia, no en estas condiciones.

Y así piensan muchas más personas, no es algo aislado. Esa idea romántica de que por la vocación lo das todo no es real. Se puede dar todo si te genera satisfacción y crees que de verdad estas ejerciendo como un buen profesional. Pero si la Administración no te deja hacerlo, te vas. Por mucha pena que te dé dejar a tus compañeros solos, y dejar a los pacientes con menos médicos.

Yo de verdad lo siento pero primero va mi salud física y psíquica. Sin ella es imposible poder cuidar a los demás. Y la Administración o no se da cuenta o se hace la ciega.

Se van a quedar sin personal sanitario por su pasividad, y la población se va a quedar sin profesionales de la salud. Nos quedamos sin profesionales clínicos e investigadores porque no se les cuida. Y me da pena, pero no es mi culpa.

Paloma Rubio
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria

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