CON FIRMA. “Luces y sombras en el ejercicio de la Medicina. A veces, demasiadas sombras…”, por Ángela Hernández

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Has colaborado en el tratamiento de centenares, miles de pacientes. A lo largo de varios lustros te has especializado en una patología concreta de alta complejidad, que requiere una infraestructura determinada para su realización. Estás llegando a una edad en la que en muchos países empezarías a recibir los frutos profesionales de reconocimiento además de la gratitud de los pacientes a los que has atendido.

Pero NO en España. No en Madrid. No en el SERMAS.

Aquí tu inmediato superior maniobra a tus espaldas para retirarte una comisión de servicio. Es una de las cosas que puede hacer, al fin y al cabo la comisión se ha convertido en el subterfugio al que recurren profesionales médicos y la Administración para aquellas situaciones huérfanas de movilidad dentro de la Comunidad de Madrid o de traslados, como es el caso del ámbito hospitalario. Cuando el subterfugio ha durado varios lustros en los que has desempeñado tu labor con dedicación y desvelos, se cruza esto en tu camino. Personalismos o sencillamente que aparece una figura más conveniente, más aduladora, o que proyecta una sombra menos alargada por su juventud u otros motivos… Y a ti te dan la patada.

No hay defensa posible más allá de la resignación y el pataleo. Varios lustros de experiencia tirados por la borda. En tu plaza de destino estás perfectamente capacitado para ejercer tu profesión, pero ya nunca más podrás hacer aquello en lo que has invertido el grueso de tu profesión. Imposible no sentirte amputado, imposible no pensar en todos aquellos pacientes y compañeros a los que podrías haber ayudado con tu experiencia (“expertice” como gustan de decir en los cursos de gestión sanitaria).  De hecho, la traición y el dolor son tan grandes que no intentas ni lucharlo, ¿para qué? Incluso aunque el sindicato médico lograra modificar la situación, ¿vas a luchar para quedarte donde no te quieren? Bueno, en realidad sabes que la mayoría si te quiere, y que en todo caso quienes no te quieren son algunas personas por intereses nada transparentes y probablemente sin haber mostrado ninguna señal  de desaprobación con tu labor con anterioridad.

Ojalá esto fuera una ficción o el inicio de un libro. Pero es real, es una historia anonimizada basada en hechos dolorosamente reales. Está sucediendo esta misma semana en un hospital del SERMAS de la Comunidad de Madrid, baluarte de la sanidad española. El profesional no quiere denunciarlo y se incorporará a su plaza de origen en breve y desempeñará su profesión con dedicación y empeño, pero no podrá seguir realizado aquello en lo que ha puesto su corazón, su cerebro y su valía durante todos estos años. Perdemos todos, pierde el profesional, pierde el sistema sanitario público, pierden los pacientes.

No es un hecho aislado, y se puede aplicar en muchas especialidades y muchos hospitales del SERMAS. Podéis pensar que exagero, podéis mirar hacia otro lado incómodos, pero todos conocéis más casos de los que se cuentan con los dedos de una mano si hacéis memoria.  Y es que a veces, la Administración es un factor necesario, pero no suficiente para estos abusos. En este caso hay un cargo que decide actuar contra un compañero por motivos no profesionales, una jefatura de servicio que decide mirar hacia otro lado para no complicarse la vida, y una dirección gerencia que ha tomado partido por las razones que sean sin contrastar ni tener en cuenta motivos de desempeño profesional. Cainismo. Pero surge por la falta de mecanismos transparentes, objetivos, y basados en meritocracia para la cobertura de plazas médicas hospitalarias.

Siento impotencia, me gustaría decir al profesional que luche, que no deje que ganen los malos. Que incluso aunque no se logre, es mejor intentarlo que abandonar aquello que amas y la posibilidad de seguir ayudando a tanta gente… Siento rabia, porque son demasiados casos, porque no dejamos de hablar de mérito y capacidad pero constatamos demasiadas carreras cercenadas por motivos que nada tienen que ver con el desempeño profesional, y demasiados compañeros que miran hacia otro lado. No se trata de revictimizar al que le sucede, pero… ¿qué opinan sus compañeros de servicio? ¿Qué opinan los compañeros del resto de servicios del hospital que tantas veces han confiado en su criterio para tratar a los pacientes que le enviaban? ¿Qué hace la Administración para evitar estos abusos? ¿Qué hacemos como profesión médica para cuidar a los médicos?

“Para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada.” (Edmund Burke) 

Ángela Hernández Puente
Vicesecretaria General de AMYTS

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