CON FIRMA. “Los médicos y Laputa”, por Pablo Martínez Segura

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Laputa es el nombre ficticio de una isla flotante ideada por Jonathan Swift (1667-1745) para su novela “Los viajes de Gulliver”. En castellano resulta muy malsonante e incluso hay traducciones que no han respetado el original y han recurrido a eufemismos como “Lupata”, “Laput” ó “Lapuda”. Parece, no obstante, que Swift utilizó esta palabra castellana, con su significado en castellano, para denunciar la explotación de Irlanda por parte de Inglaterra en los siglos XVII y XVIII.

La situación de los médicos de la sanidad pública de la Comunidad de Madrid podría tener bastantes parecidos con la explotación de Irlanda por Inglaterra en los siglos XVII y XVIII. Si a los católicos irlandeses los ingleses de aquella época les expropiaron sus tierras, que eran su medio de vida, a los médicos de la Comunidad de Madrid, desde 2007, las administraciones sanitarias estatal y regional les ha expropiado el 30% de sus retribuciones.

Otro parecido lo podemos encontrar en la merma de representación en los órganos de decisión. La nobleza católica irlandesa fue excluida en 1615 de toda función pública y reducida a minoría en el Parlamento irlandés. Las normas actualmente vigentes para la representación del personal funcionario, estatutario y laboral, menoscaban la representación de los médicos y la del papel que desempeñan en el sistema sanitario. Los médicos, una minoría (poco más de 17% de la plantilla total en el caso de Servicio Madrileño de Salud), no guardan ninguna similitud con el resto de los profesionales ni por años de formación para acceder al empleo (once o más años), ni por grado de responsabilidad, ni por nivel de conocimientos. Sin embargo, llegadas las elecciones sindicales para determinar la representatividad, como ha ocurrido en la Comunidad de Madrid el pasado 7 de mayo, las organizaciones de médicos, recordemos que son minoritarios en la plantilla, tienen que batirse el cobre en igualdad de condiciones con sindicatos representativos de todas las categorías profesionales. A pesar de ello, AMYTS, el sindicato de los médicos, gracias a apoyo masivo de aquellos a quien representa, ha conseguido mantenerse y tratar de igual a igual a que a los que están respaldados por colectivos profesionales mucho más numerosos.

El problema, como en la Inglaterra del XVII y XVIII o como les pasaba a los habitantes de Laputa, es la absoluta imposibilidad de entendimiento, por que los problemas de los explotados no resultan relevantes a la gran metrópoli. Eso, es algo que los médicos tienen que romper. Sus condiciones de acceso y las de desarrollo de su trabajo trabajo son diferentes. No pueden estar sometidos al saco común de la mesa sectorial. Necesitan y deberán conquistar una mesa de negociación propia. La independencia de Irlanda de Sur en el siglo XX (1937), deriva de la condición de los irlandeses, nunca se rindieron.

Pablo Martínez Segura, periodista e historiador, director periodista de la Revista Madrileña de Medicina.

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