CON FIRMA. “Las organizaciones profesionales y la defensa del médico como persona”, por Miguel Ángel García Pérez

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Dr. Miguel Ángel García Pérez.
El Journal of the American Medical Association publica esta semana una reflexión que ejemplifica muy bien el papel que las organizaciones profesionales americanas, muy al estilo de lo que entre nosotros son las llamadas “sociedades científicas”, pueden aportar al ejercicio profesional de los médicos, y con él, a las instituciones sanitarias: contribuir a la mejora de la calidad de dicho ejercicio mediante la preparación, selección y difusión de herramientas útiles del tipo de guías clínicas o la definición de estándares de buena práctica. 
Un buen ejemplo de ello es, citan, la campaña Choosing Wisely, que está contribuyendo al abandono de prácticas clínicas de baja utilidad. Y, cierto, creo que podemos estar orgullosos del papel que, realmente, pueden jugar las sociedades científicas en el desarrollo de la actividad profesional de los médicos.

Pero los médicos no somos solamente técnicos cualificados. El sensible campo de actuación en el que ejercemos nuestra profesión, el de la salud, hace necesario garantizar un mínimo grado de adecuación profesional, por lo que la profesión médica, junto a otras del mismo campo sanitario, se consideren profesiones sometidas a especial regulación, al considerar que ni el mercado ni la responsabilidad legal (siempre a posteriori) puedan ser realmente garantes de una buena práctica. Cada país ha desarrollado su propio sistema regulador, en nuestro caso compartido de una manera al menos formal entre la Administración del Estado (control de formación y titulación) y la Organización Médica Colegial, que últimamente se muestra muy activa en el refuerzo de dicho carácter regulador y garantista de la calidad profesional, sobre todo desde la perspectiva del cumplimiento de lo que se consideran los deberes profesionales, recogidos en el Código deontológico.

Pero tampoco podemos reducir al médico a la figura de un técnico cualificado profesionalmente comprometido. El médico, la médica, es también persona, con sus propios proyectos y expectativas personales, entre los que, desde luego, se encuentran los que tiene dentro del campo profesional, pero que no se reducen a éstos. Y la posición del médico como persona ha de ser defendida también dentro del entramado sanitario. Sus derechos han de ser, también, tenidos en cuenta, y no sólo desatendidos, cuando no despreciados, en el campo de la atención sanitaria. Sin embargo, no hay más que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que, tantas veces, esos derechos quedan en la cuneta: contratos eventuales ilegales, selección de personal con criterios poco objetivos, abusos de poder…

Es evidente que hay que trabajar mucho también en esta dirección. Y que, si bien hay sistemas sanitarios basados en un proceso de concertación individual entre la institución sanitaria y los profesionales, donde estos, por sí solos, pueden tener alguna (que no mucha) capacidad de negociación, en nuestro caso español la contratación profesional es, fundamentalmente, con condiciones estandarizadas ante las que el profesional individual tiene poco que hacer. De ahí que tenga sentido algún tipo de organización de defensa de los profesionales.

No podemos incurrir en el error de pensar que el profesional, de forma individual, puede garantizar adecuadamente el respeto de sus derechos como profesional o trabajador frente a entidades de la envergadura de una administración sanitaria autonómica, o de una gran corporación financiera, mientras en lo referente a las dimensiones técnica y comprometida del médico creemos que las organizaciones son el mejor medio para ello. A la capacidad individual de defensa podemos añadir nuestra capacidad colectiva, y ese es el papel, ni más ni menos, que pretenden los sindicatos profesionales, como AMYTS. Porque los médicos también necesitan, y se merecen, ser defendidos como personas, y contar para ello con organizaciones profesionales específicas. De otro modo, ¿sería justo un juicio con juez y fiscal, pero sin abogado?

Pues esto es lo que pretenden algunas voces que se repiten hasta la saciedad en el campo sanitario. E incluso hay organizaciones que creen poder defender esta dimensión personal mientras, a la vez, su objetivo fundamental está centrado en otra de las dimensiones profesionales. ¿Puede ser esto fiable? Yo creo que no.

Reducir todo el ejercicio profesional a una de sus facetas, o pensar que tan sólo una de ellas es la realmente interesante, o que desde una sóla de ellas se puede defender la totalidad de la profesión, no es más que una deformación reduccionista de la visión de la Medicina. Pero creer que cada faceta es completamente independiente de las otras, y que se pueden comprender y defender de forma independiente, también lo es, y desgraciadamente hay mucha historia a nuestras espaldas en esta dirección. En AMYTS lo tenemos claro: es necesario el encuentro y colaboración entre organizaciones para defender adecuadamente a la profesión médica, también en lo laboral. Y somos conscientes de nuestro papel en esa colaboración: la defensa del médico como persona, de sus derechos y de sus expectativas. Ojalá que sepamos llevarlo adelante, y que contemos contigo para ello.

Dr. Miguel Ángel García Pérez,
director médico de la Revista Madrilena de Medicina
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