CON FIRMA. “La perversión (inversión) de la política”, por Miguel Ángel García

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Hace unos días, en una de las múltiples ocasiones en que desde algunos sectores se ha acusado a AMYTS de politización, tuve una breve conversación con un compañero al respecto. Y no por su actitud, que fue de diálogo constructivo, sino por la propia dinámica de lo que estábamos hablando; acabé con una convicción muy profunda: la política actual, la política partidista que conocemos, está profundamente pervertida y ha llegado a creerse criterio absoluto de la realidad.

Voy a tratar de explicarme porque creo que se trata de un gravísimo problema de nuestra sociedad. En el fondo, es el germen del totalitarismo que tanto tememos, que tememos que alguien se considere en posesión absoluta de la verdad y todos los demás deban rendirle culto y pleitesía; de lo contrario, quedan excluidos del debate político simplemente por no pensar igual.

Uno entiende la política, sobre todo en un contexto democrático, como la actividad humana dirigida a gestionar la convivencia de numerosos ciudadanos con diferentes perspectivas y puntos de vista. Es la realidad plural la que se impone y la política debe responder ante ella. Desde esa comprensión, podríamos juzgar a la actividad política en función de cómo da respuesta a esa convivencia plural.

Pero en nuestra política partidista actual se está produciendo una peligrosa inversión: cada partido político hace su propia lectura de la realidad y ante ella tienen que someterse los ciudadanos; en caso contrario, estos ciudadanos serán despreciados y excluidos de su espacio de representación. Cualquier discrepancia que expresen será considerada como tendenciosamente política y menospreciada. Los partidos se convertirían en jueces de la legitimidad del pensamiento de los ciudadanos, según éstos se expresen en un sentido u otro, socavando con ello el verdadero diálogo político y lesionando gravemente la convivencia. Como estamos presenciando.

El AMYTS que yo conozco, y que trato de construir con mi actividad, no rinde culto ni pleitesía a ningún partido político ni a ninguna de sus ideologías. Como organización plural, espejo en ese sentido de la sociedad, centra su causa en la defensa y adecuado reconocimiento del ejercicio profesional del médico. Y sabe que el centro de su actividad no es la representación política de ninguna ideología, sino de los derechos y capacidades de los profesionales.

Y sí, eso supone, en un sistema sanitario en el que predomina claramente la gestión pública, una tarea crítica -incluso enfrentamiento- con el gobierno que corresponda. Es nuestro empleador, es con quien tenemos que negociar y llegar a acuerdos, y a quien tenemos que denunciar y confrontar ante lo que consideremos como abusos y excesos hacia los profesionales. Ciertamente es dura la tarea de gobierno porque quien la asume es quien toma las decisiones y por el contrario es fácil la tarea de la oposición, que puede plantear alternativas sin un excesivo compromiso con su ejecución. Eso lo sabemos y ocurre en todos los ámbitos de la vida.

Creo que es un compromiso para toda la sociedad promover la convivencia y el enriquecimiento mutuo, y revertir la perversión de la política. No podemos dejar la sociedad, nuestra vida, en sus manos sin ejercer una dura, pero constructiva crítica sobre ella. Es tares de tod@s hacer posible el diálogo y la convivencia. Y no seguir los dictados de la perversión política.

Volviendo al tema del título, yo lo tengo claro: #YoNoMeDejoRadicalizar #NiPorUnosNiPorOtros. Ni por los totalitarismos de la derecha, ni por los de la extrema derecha, ni por los de izquierda, ni por los de extrema izquierda. Sólo me dejo “radicalizar” por la defensa de las personas y, en mi actividad en AMYTS, por la defensa de l@s médic@s. Y, con ello, de mis conciudadan@s cuando sufren por enfermedad.

Así que hay queda la invitación: no nos dejemos radicalizar, no nos dejemos manipular por las técnicas de marketing de los partidos e ideologías; recuperemos la iniciativa social y política como ciudadanos; aprendamos y fomentemos el diálogo constructivo entre todas las posiciones. Eso es construir sociedad. Lo contrario, destruir la sociedad y pervertir la política.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, doctor en Medicina
Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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