CON FIRMA. “La importancia de la equiparación en los permisos de maternidad y paternidad”, por Juan Diego Rodríguez Gambarte

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Pensamos que el 2021 dejaría atrás un año para olvidar… y, sin embargo, lo hemos iniciado con una serie de acontecimientos históricos en lo político –asalto al Capitolio-, lo sanitario –tercera ola de Covid, por la irresponsabilidad en la gestión política “Salvar la Navidad”- y, hasta, lo climatológico –Filomena- que siguen poniendo a prueba los resortes de nuestra sociedad.

En este inicio con sombras, hemos de dar importancia a una luz, de carácter social, que centra este “con firma”.

Nos referimos a la equiparación efectiva final, en este año 2021, de la duración de los permisos de maternidad y paternidad. Este hecho y derecho no deben pasar desapercibidos entre tanta avalancha de noticias.

Se acaban de cumplir dos años de la publicación del Real Decreto Ley 6/2019, que implementaba una mejora sustancial y progresiva en la duración de este permiso, siendo de 8 semanas en el 2019, 12 en el 2020 y 16 en este 2021, e incorporaba, además, el derecho al cuidado del lactante por parte del otro progenitor, sin necesidad de ser cedido o compartido entre ambos. Cerramos recientemente el mes de marzo, simbólicamente etiquetado de la “igualdad”, en el que constatamos las numerosas desigualdades y no equiparaciones salariales y en gestión de la conciliación, entre ambos géneros.

La aplicación de esta legislación fomenta una inestimable mejora social que debería suponer un impulso al avance en la igualdad de salarios entre ambos géneros, un punto de inflexión para acabar con el tristemente famoso “techo de cristal” y un importante hito para finalizar con el sesgo de género en los procesos selectivos laborales, al impedir una discriminación negativa hacia la mujer joven por la posibilidad de embarazos futuros y sus consecuentes potenciales permisos de maternidad, al ser ya éste equiparable al de su pareja.

Aquellos que tengamos la suerte y el privilegio del disfrute de este permiso hemos de ser agradecidos con las generaciones previas que trabajaron para conseguirlo, y que probablemente nos vean con envidia sana. Esa generación, o nosotros mismos hace apenas cuatro o cinco años, hemos tenido que hacer auténticos malabarismos de horarios, reparto de tareas, “gestión de abuelos”, ayudas de terceras personas, y un largo etcétera en un meritorio ejercicio de conciliación entre el hogar y el trabajo, para avanzar en la incorporación de la mujer al mercado laboral, o garantizar y fomentar el respeto de sus condiciones laborales durante la etapa de la maternidad. Destacar, asimismo, la especial dificultad y reconocimiento dentro del colectivo sanitario, por la singularidad de nuestro ejercicio profesional (guardias, turnos, excesos de jornada…) que debía convertir la combinación de natalidad, conciliación y trabajo en una familia de profesionales sanitarios en un ejercicio de supervivencia, para disfrutar de una maravillosa etapa de la vita.

Nos hemos de sentir orgullosos del esfuerzo social que hemos visto en muchas familias y hogares para este ejercicio de conciliación trabajo-hogar-cuidado de menores, y, a la vez, hemos de ser responsables para que el disfrute de este permiso igualado suponga una corresponsabilidad en el cuidado del menor y una conciliación equilibrada en el hogar.

Si bien este tipo de reformas legales llegan para fomentar derechos en materia social y fomento de la tan necesaria baja natalidad nacional, desafortunadamente también venimos detectando casos de falta de información sobre esta novedad legal, su sentido y opciones de disfrute; o, directamente, una renuncia parcial a su disfrute o solicitud, generalmente en el ámbito de la actividad privada.

Nuestro deber como delegados de AMYTS es brindar la mayor y más correcta información sobre esta novedad legal y su aplicación, a nuestros afiliados, compañeros y amigos, y, desde el punto social seguir avanzando por la senda de medidas tan necesarias como ésta para el fomento de la igualdad laboral.

Quiero terminar agradeciendo y poniendo en valor, nuevamente, el esfuerzo de todos aquellos trabajadores, madres y padres, que nos han precedido, nos han dado ejemplo del necesario fomento de la conciliación, igualdad y corresponsabilidad en el hogar, y además han trasladado la necesidad de legislar para garantizar y fomentar estas mejoras sociales en materia de igualdad.

Juan Diego Rodríguez Gambarte
Especialista en Hematología y Hemoterapia Centro de Transfusión Comunidad de Madrid
Delegado de AMYTS en el Centro de Transfusión Comunidad de Madrid

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