CON FIRMA. “La aventura de ser delegada sindical”, por Laura Merino

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114 Laura Merino 3x3 cm

La Medicina es como un sacerdocio: necesita vocación, formación, dedicación. Te pasas gran parte de tu vida preparándote (carrera, MIR…) y, cuando consigues una plaza fija y estás a gusto en ella, pero eres contestataria, plantas cara a los jefes ante las irregularidades y crees que desde el sindicato puedes conseguir mejorar la situación, te lanzas a dejar aquéllo para lo que te has estado media vida formándote, a pesar de los consejos de tus allegados (“No dejes de pasar consulta”, “Te vas a arrepentir”, “Los sindicalistas tienen muy mala prensa”). Te conviertes en un sindicalista liberado y te crees que te vas a comer el mundo, pero la realidad es bien distinta: lo primero es la sensación de vacío y desubicación, y la pregunta surge: “¿qué hace una chica como yo en un sitio como éste?” Para ser médico te has preparado mucho, pero no para ser sindicalista, y te cabe la duda de si no tendrías que haber estudiado también derecho para saber desentrañar los problemas que se te plantean.

En mi caso, este proceso de adaptación duró un año. Claro, que llevaba pasando consulta en mi plaza 23 años cuando lo dejé. Al principio, cuando acudes a las Juntas de Personal y oyes hablar por siglas de la normativa (EBEP, delegados LOLS…) piensas: “¡Madre mía, cuánto tengo que aprender!” Y luego, cuando vas a los centros de salud a ver a tus compañeros, a preguntar cómo van, qué problemas tienen, pues es lo de la montaña y Mahoma: si no te ven y saben que estás ahí, nadie recurre a tí, como si no pasara nada… ¡y estamos peor que nunca!

Yo tengo la sensación de que estamos tan sobrepasados que ni somos conscientes de la situación en que trabajamos, que afecta a nuestras vidas, te quita la alegría de vivir, 7 horas de trabajo en mala condiciones, y con el grado de responsabilidad que tenemos que desarrollar… Va pudiendo con nuestra vocación, pero seguimos callados, no denunciamos, seguimos tirando del carro, aunque cada vez sea más pesado, por nuestros pacientes, por nuestros compañeros, y ni agradecido ni pagado… Y ahí estás tú, delegado sindical, de hilo conductor entre tus compañeros y la cúpula del sindicato, para que esa realidad llegue a la Mesa Sectorial, y te das cuenta de que es clamar en el desierto y que nadie te entiende: la Administración, sorda, muda y ciega; tus compañeros acusándote de que no haces nada… Y es que los logros, en cuanto se consiguen, se olvidan, como si llevaran ahí toda la vida…

Aunque yo me considero una privilegiada, pues estoy de delegada en la misma zona donde he estado trabajando tanto tiempo, y la mayoría de los compañeros me conocen y saben de mi beligerancia en la época en que era coordinadora y delegada sindical, por extraño que parezca. Entonces decía con orgullo “Soy de AMYTS”, y ahora parece que debiera decirlo avergonzada, como si por estar liberada hubiera dejado de “ser de los nuestros”. Pero lo cierto es que, gracias a la liberación, tomas conciencia de la situación, es como si se te abriera la mente. Antes, la idea fija era la consulta, los pacientes, el ordenador, los avisos, y no tenías tiempo de ver el conjunto. Yo lo defino como que los árboles no te dejan ver el bosque. Por eso hace falta que los delegados estemos ahí, y que seamos médicos, uno más, para ver y detectar lo que los compañeros no tienen ocasión de ver, pero con una mirada como la suya, escuchar los problemas que no te cuentan si no vas por allí (a pesar del teléfono y del correo electrónico), buscar soluciones… Ser y sentirte útil, en una palabra.

Pero hay situaciones cuya resolución no depende de nosotros, y te encuentras pillada, entre dos fuegos: los compañeros piden, por ejemplo en Carrera Profesional, y la Administración no sólo no otorga, sino que dice que echa balones fuera achacándolo a la Mesa Sectorial, cuando es ella la que no quiere dar el paso adelante. ¡Cómo no van a querer los sindicatos las mejoras, y AMYTS las mejoras para los médicos! ¡Que se inventen otra cosa! Son ellos los que gobiernan. Y no contentos con eso, han desatado una campaña de descrédito del sindicalista que nos ha enfrentado con la opinión pública, según la cual somos todos unos vagos y no tenemos razón de existir… Luego, es verdad que cuando oyes las noticias y te enteras de las subvenciones y el destino que se les ha dado en algún sindicato, sientes vergüenza ajena y te das cuenta que todo eso viene a empeorar esa imagen nefasta, pues siempre se tiende a generalizar, aunque tu sindicato, AMYTS, no reciba ningún tipo de subvención oficial desde hace años, y subsista sólo de las cuotas de los afiliados.

Una de las grandes satisfacciones del tiempo que llevo liberada han sido las mareas blancas y los encierros en los centros, en contra de la privatización, aunque aún subyace de forma encubierta con la derivación de pruebas complementarias a clínicas privadas.

Gracias a la labor de AMYTS no ha habido prácticamente merma en puestos de trabajo de facultativos, frente a las reducciones en otros estamentos. Hemos luchado por la cantidad, y ahora estamos luchando por la calidad de esos puestos de trabajo: conversión (aún incompleta) de eventuales en interinos, denuncia de la excesiva presión asistencial, condiciones del puesto de trabajo, turnos deslizantes, etc.

Tras casi cuatro años de liberada sindical, estoy adaptada a la nueva situación, contenta de poder ayudar, pero sigo con la espinita clavada “de ya no ser médico”, aunque también es cierto que la situación es reversible. Soy sindicalista hasta que yo o las circunstancias me hagan volver a la consulta, a esa vorágine de cambios desde que me fui (AP Madrid, cambio de hospital de referencia que, además, tiene distinta gestión (ahora privada), sin casi suplentes, con turnos deslizantes), en fin, con la sensación de comanzar desde cero.

El objetivo de esta “confesión” es decir que estamos ahí, que servimos para algo, que luchamos aunque muchas veces no se perciban resultados, que sois nuestra razón de ser. Tenemos un cometido que cumplir, y puedo garantizaros que lo intentamos. Y juntos tenemos que exigir que lo cumplan quienes, a veces de una forma muy irresponsable, administran la Sanidad.

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2 comentarios

  1. Reyes Hernández Guillén en

    Laura, gracias por esta visión tan sincera de lo que representa ser delegado sindical, tanto desde el punto de vista personal como de apoyo y defensa del médico. ¡Ojala se lea con corazón abierto!

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