CON FIRMA. “Justicia divina”, por Ángel Luis Rodríguez

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“Para reducir la influencia de alguien, auméntala primero; Para reducir la fuerza de alguien, auméntala primero; Para hacer caer a alguien, primero haz que se eleve; Para tomar algo de alguien, dale algo primero.”  (Tao Te King, cap. 6)

Permítanme unas líneas desenfadadas para abordar un tema demasiado grave.

Ni siquiera nuestros ilustres (que no ilustrados) políticos/gestores se escapan a la influencia del Eterno Retorno, aunque ellos piensen que es así. Pero no nos extrañe, sus despachos no son lo único que está amueblado de forma minimalista. Mi primo desde siempre me ha dicho, y me consta que todo lo dice de muy buena fe, que son personajes hechos a sí mismos, a base del esfuerzo que les supuso ser el amigo/familiar de alguien o haber sabido decir “sí” desde el mismo momento en que, con chupete y biberón, pisaron por primera vez la sede de su partido. Eso les debería sacar de la rueda infinita que afecta a todo ser viviente. Qué injusticia divina.

Esos Pro-Hombres y Pro-Mujeres fueron los que durante décadas han ido arrasando la profesión, seguros de que la nobleza de mis compañeros siempre antepondría el beneficio del paciente a su propia dignidad. A ello sumaron, cínicamente, la creación de bandos entre profesionales, con su única máxima de “divide y vencerás”. Y sembraron y fomentaron luchas intestinas sumamente indigestas, entre Residentes y Adjuntos, Interinos y Fijos, Primaria y Hospitalaria, etc. Luchas para repartir la miseria que otorgaban orgullosos, a manos llenas para todos.

Por suerte, el Equilibrio Universal hasta a la sanidad española llegaba (cuál no será su poder). Y desbarataba eficazmente el trabajo de los cientos de cargos y cargas de Sanidad, asidos ávidamente a la ubre pública, para que todo funcionase a pesar de ellos.

A veces, y durante un tiempo, el Universo conspira para que la sanidad pública funcione. Pero hasta él tiene un límite.

Pasaron las décadas, y esos gestores continuaron pergeñando planes para abortar cualquier justificada revuelta dentro de las primeras 14 semanas de su gestación, no fuese que creciera demasiado y se convirtiese en mozo de buen ver por la población. Se aplicaron a fondo: condiciones leoninas, desprestigio social, presiones económicas, contratos pre-precarios, sueldos tercermundistas, agresiones consentidas, demandas inasumibles… década tras década. Los pacientes muy a menudo daban una patada a esos gestores en el culo asillado (al final esa parte de la anatomía toma la forma del recipiente que la contiene tras 100 pacientes seguidos) del médico desprestigiado . Ninguna política de largo plazo, solo el límite temporal que marcan los 4 años que dura la teta, y el que venga que arree.

Y ya no había conspiración universal ni autonómica que valiera. Ni idealismos. Ni vocación.

Silenciosamente, sin histrionismos, esos médicos arrasados, deprimidos, quemados, fugados, desilusionados, desvocacionados, suicidados…desaparecieron. Cual novela de Saramago. Les pareció que fue de un día para otro, como una epidemia, inconscientes de los claros síntomas que les iban llegando, letales. Los Pro-Hombres/ Mujeres lo habían conseguido: Morir de “exitus”.

Y la Ley del Eterno Retorno se hizo tangible. No hicieron falta grandes huelgas. Ni movilizaciones, ni bravuconadas, ni desafíos. Si con saña haces caer a alguien, se elevará con el tiempo. Y tendrá el poder. El incompetente lanzador de boomerang desconoce, sonrisa tonta, el futuro de su dentadura.

Ya no tenemos médicos. Se buscan desesperadamente y con criterios dudosos, profesionales con estudios diferentes a nuestro afamado y costoso MIR. A los despreciados se les busca ya como agua de mayo, una vez fugados donde sí les reconocen el mérito de su esfuerzo y formación. Y lo que queda por venir. Tendrán que empezar a ofrecer lo que siempre les negaron.

Ahora esos gestores esperan, llevados por una fuerza invisible que les obliga a adoptar postura de exploración urológica, a que la justicia divina se calce una dura bota de tacos, y les devuelva sabiamente lo que se han ganado a pulso. Solo espero que esa acción divina no repercuta en los pacientes, como suele suceder, a pesar de nuestros desvelos. Estamos aquí por ellos. Y a nosotros, si nos importan.

Ángel Luis Rodríguez Domingo
Médico de familia. Técnico Superior de Prevención de Riesgos Laborales. Psicoterapeuta. Delegado AMYTS de PRL, DAC

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