CON FIRMA. “Irresponsabilidades políticas ante COVID-19”, por Miguel Ángel García

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El ambiente político y mediático sigue muy revuelto. Los enfrentamientos constantes se alimentan del dolor sufrido por la sociedad española y, fundamentalmente, por los más directamente afectados por la crisis COVID-19. Se analizan con microscopio las decisiones tomadas, se busca cualquier excusa para sacar a relucir los problemas vividos durante lo más intenso de la crisis…

Y nadie reconoce, ni parece darse cuenta, de que lo que se vivió en ese núcleo duro de la crisis fue una auténtica situación de catástrofe. Hospitales llenos, UCIs sin recursos, personal sanitario sobrepasado y angustiado, pacientes aislados, familias fragmentadas y semi-aisladas ansiosas ante la evolución de sus seres queridos, muertos, muchos muertos…

Y en lugar de hacer luto nacional, asumir la situación vivida y procurar construir una sociedad de futuro que pueda evitar que se repita la catástrofe, empiezan a surgir acusaciones a diestro y siniestro, como si la situación hubiera sido normal y se hubieran violado a propósito derechos humanos de todo tipo… Está la herida abierta, y muchos se dedican no sólo a hurgarla, sino a sacar más sangre.

Se han cometido errores, muchos errores. Algunos por desconocimiento, otros por sesgos de percepción, y otros incluso por imprudencia… Y todo ello ha incrementado el dolor que, a pesar de todo, se hubiera producido, aunque cierto que en menor medida. Pero convertir el dolor en culpas y esparcirlas a diestro y siniestro es un comportamiento inmaduro, inestable, ante una situación que precisa entereza, apoyo mutuo y solidaridad. Porque esa actitud puede acabar salpicando hasta a quienes lo dieron todo por dar respuesta al sufrimiento, como ha sido el personal sanitario, que se ha estirado lo imposible durante la crisis, y que deben poder recuperarse para afrontar posibles nuevos brotes de la infección. Y porque además aún queda sufrimiento por delante, tanto por las consecuencias económicas de la crisis como por los posibles rebrotes.

Hay que tratar de salir adelante juntos, porque de esa manera tendremos mayores posibilidades. Salir adelante reconociendo, por un lado, los muchos errores, y, por otro, los muchos aciertos y esfuerzos realizados. Lo primero, reconociendo lo vivido, que de alguna manera debería reconocerse como “situación catastrófica”, en la que se dieron muchas limitaciones, sin las cuales no se puede comprender lo ocurrido. Lo segundo, tratando de ayudar a todos a superar su dolor, desde el acompañamiento y el apoyo. Y lo tercero, diseñando un futuro de encuentro y resiliencia que haga posible superar las dificultades, que aún nos quedan muchas por delante.

Habrá que ver si nuestros políticos serán capaces de ello. Porque la cultura política que destilan no puede ser más pobre y limitada, y no refleja en absoluto el entorno social que muchos conocemos, pero el problema es que lo está contaminando en exceso. Habrá que seguir trabajando, no obstante, para que realmente se dediquen a promover una sociedad verdaderamente democrática y en convivencia. Las responsabilidades que haya que depurar, en todo caso, que se queden en segundo plano. Eso es pasado, que habrá que aclarar, pero que ya no se puede cambiar.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, doctor en Medicina, máster en Bioética. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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