CON FIRMA. “Hay algo más que Coca-Cola en Atlanta”, por Cristobal López Cortijo

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Dr. Cristobal López-Cortijo.
En los últimos años, el mimetismo a lo norteamericano ha invadido la piel de toro. Es más fácil que uno de nuestros hijos nos explique en qué consiste la fiesta de Halloween a que sepa cuál es la noche de Todos los Santos; incluso reconocerá antes el icono del Empire State que la imagen de la Giralda de Sevilla, y por supuesto, antes prefiere una hamburguesa de McDonald que una empanada gallega. 
Sí, toda nuestra sociedad está barnizada con el espíritu del país de las barras y estrellas, y cualquier cosa de éxito en ese país se importa de inmediato al nuestro.
Pero en los EEUU de Norteamérica existen otras cosas a las que no prestamos atención y que son las que realmente constituyen la causa del predominio norteamericano en el mundo, pero esas no las copiamos.
En Atlanta (Georgia) está la sede central de Coca-Cola, la bebida más conocida y consumida en el mundo entero, pero apenas a unos pocos cientos de metros en esa misma ciudad existe otro edificio mucho más importante. 
El 1 de julio de 1946 se abrió el Centro de Enfermedades Contagiosas (Communicable Diseases Center, CDC) en un piso de un pequeño edificio en Atlanta. Su misión principal era simple, aunque sumamente exigente: prevenir que el paludismo (malaria) se propagara por todo el país. Contando con un presupuesto de solo 10 millones de dólares y menos de 400 empleados, los primeros retos de la agencia incluyeron obtener suficientes camiones, rociadores y palas necesarios para desatar la guerra contra los mosquitos. Hoy día, los CDC (ahora con el nombre de Centros para el Control y la Prevención de la Enfermedad) se han convertido en el apoyo principal del Departamento de Salud y Servicios Humanos, y se reconocen como la agencia principal del país para la promoción de la salud, la prevención y la preparación ante la enfermedad, contagiosa y de otra índole.
En la actual crisis provocada en EEUU por el virus Ébola, los CDC son el organismo principal en la toma de decisiones y su ejecución. Recientemente, cuando se supo del contagio de una enfermera del Hospital Presbiteriano de Texas (sito en Dallas) tras haber atendido al único paciente fallecido en los EEUU por esa enfermedad, hubo una única voz que informó al país: el Dr. Tom Frieden, director de los CDC, que apareció en la TV para explicar lo sucedido y las medidas que ya se habían tomado y posteriores. Él solo, seguro de lo que decía y con una gran capacidad de convicción. El presidente Obama solo habló brevemente para expresar su apoyo a los profesionales y pedir calma y confianza en su labor al país. Nada de ruedas de prensa multitudinarias, al estilo camarote de los hermanos Marx.
¿Para cuando un CCE (Centro para el Control de las Enfermedades) en España? Una institución nacional, con las mismas misiones que el CDC. A saber: 
– Mejorar la seguridad sanitaria a nivel nacional e internacional mediante la preparación, detección y la prevención de las amenazas para la salud, así como dándoles una respuesta rápida las 24 horas del día los 7 días de la semana, con el objeto de salvar vidas y proteger comunidades. Estas amenazas incluyen enfermedades globales, resistencia antimicrobiana, enfermedades transmitidas por alimentos e infecciones intrahospitalarias. 
– Reducir las principales causas de muerte y enfermedad al enfocarnos en reducir enfermedades que minan la calidad de vida y la longevidad de los ciudadanos , incluido el tabaco, la presión arterial descontrolada, la diabetes, la obesidad, la inactividad física, la seguridad en vehículos automotores, la sobredosis con medicamentos recetados y el VIH/sida. 
– Fortalecer la colaboración entre la salud pública y la atención médica al alinear, coordinar e integrar la salud pública con la atención médica para mejorar los efectos en la salud. 
Eso sí, formado exclusivamente por científicos, con libertad de actuación e independencia y cuyas decisiones fueran vinculantes para las autoridades sanitarias. Que útil habría sido en las circunstancias actuales y cuanto nos podría ayudar a tomar decisiones en el futuro.
Copiemos a los norteamericanos, sí, pero no solo en Hollywood y Disneyland, y retomemos la Salud Pública con seriedad. Porque MÁS VALE prevenir que curar.
Cristobal López-Cortijo,
vicepresidente de AMYTS
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