CON FIRMA. “¿Hasta dónde podemos llegar con la sobrecarga asistencial?”, por Carolina Pérez

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Hablamos de nuevo sobre la SOBRECARGA ASISTENCIAL, aquella que todos hemos vivido en algún momento de nuestro día a día en las consultas, y de la que, en virtud de las respuestas recibidas por la Gerencia, todavía parece que no es evidente y que nos la inventamos, o quizá la exageramos…  Respuestas conocidas y escuchadas por casi todos en algún momento cuando, valientemente y tras mucho dudar, te atreves a escribir a la Administración para comunicarles que no puedes más, que física y mentalmente estás al borde del abismo, y la seguridad tuya y, lo que es más importante, la de nuestros pacientes, está en peligro.

¡Cuántos de nosotros, por responsabilidad para con nuestro trabajo y nuestra población, no hemos aguantado en esta profesión momentos de ansiedad, estrés, insomnio, falta de concentración, depresión y otros muchos síntomas, a la vez que hemos seguido trabajando y que a la larga nos han pasado factura!  Me atrevería a decir que una gran mayoría de los médicos, si no todos.

Somos y hemos sido siempre personas responsables, comprometidas con nuestro trabajo, con una vocación que nos viene desde niños y nos ha enseñado a ser pacientes, responsables, metódicos, sacrificando horas, días, meses y años de nuestra vida para poder ejercer una profesión digna de respeto como es la Medicina.

Y el problema que nos encontramos cuando por fin conseguimos nuestra meta es que, de repente, nos damos cuenta que la Administración no nos respalda, que no les importamos, ni nosotros ni nuestros pacientes, porque vas a trabajar y te das cuenta de que todo aquello que aprendiste con tantas ganas durante la carrera y la especialidad no puedes llevarlo a la práctica porque no tienes más de 5 o 6 minutos para atender a tu paciente, y sobre todo porque no te lo permite la Administración.

 ¿Quién puede en 5 minutos hacer a un paciente una anamnesis, preguntarle por sus antecedentes, revisarle la medicación, explorarle, solicitarle pruebas si las requiere , explicarle el diagnóstico, pautarle un tratamiento , revisar sus planes personales, pedirle colonoscopia o mamografía o citología, leer la resonancia que le ha mandado el traumatólogo, poner al día la fecha de caducidad de su medicación, hacer educación para la salud, ofrecerle ayuda para dejar de fumar y despedirle quedándote completamente seguro de que no se te ha olvidado nada? Yo no, y creo que los que me leéis aquí tampoco, y también creo que los que nos dirigen desde arriba tampoco. Porque ellos también son médicos, también han estado en las trincheras y saben en lo que se está convirtiendo la Atención Primaria, y sólo por eso deberían de esforzarse para resolver esta lacra en la que se está convirtiendo la Sanidad Pública.

Pero no, no es así. No lo entienden, y además de no entenderlo no aceptan nuestras críticas, no les gusta que te quejes, no quieren ayudarte. Les escribes para avisarles de la situación por la que estas pasando y te dicen que no es así, que no es del todo cierta, que es exagerar, que no haces bien tu trabajo, y que además  no cumples cartera, ni farmacia, ni tu horario, ni haces formación, que si no te formas no eres buen médico, que es tu responsabilidad y que de ti depende que las cosas en tu consulta vayan bien… ¡Y no de ellos!

Y mientras tanto, un médico, otro médico, y otro, y otro… acuden a nuestro sindicato a comunicarnos que no pueden más, que no duermen, no están con sus hijos, no disfrutan los fines de semana y están agotados, desmotivados, desalentados, hastiados y enfadados.

Seamos sensatos, compañeros, no destrocemos nuestras vidas, ni las de nuestros pacientes, no sometamos nuestro cuerpo y mente a situaciones de riesgo para nosotros y para los enfermos que nos visitan. Cuidemos de nosotros mismos primero para poder cuidar después a los demás.

Y para eso, queridos compañeros, es nuestro deber denunciar las situaciones a las que nos vemos enfrentados en nuestro día a día, y luchar, pelear, comunicar nuestros problemas a las Administración, a salud laboral y a nuestros representantes de los trabajadores.

Creo que, si no utilizamos los recursos de los que disponemos TODOS para dar visibilidad a esta grave situación por la que está pasando la Atención Primaria, no conseguiremos lo que nos merecemos, una Sanidad de Calidad.

Queremos ver médicos que se implican, que no solo protestan en el café o con su familia, quiero médicos que alcen la voz, que confíen en sus sindicatos, que denuncien a Salud Laboral las agresiones, los accidentes de trabajo, que comuniquen sus enfermedades a sus médicos de familia, y que dejen constancia del maltrato que recibimos, para que conste que hemos avisado antes de que suceda, que antes del infarto habíamos ido a nuestro médico a decirle que sales de la consulta con HTA, que tienes palpitaciones, que no duermes desde hace meses porque has visto 60 o más en la consulta, que tienes cervicalgia que te produce mareo porque en 5 horas no has podido levantarte del ordenador, y un largo etcétera que todos vosotros conocéis y padecéis (o habéis padecido)… Y en ningún sitio habéis dejado constancia para que sea evidente, de una manera o de otra, que nos maltratan, y que nuestra integridad física y mental corre peligro, pero también las de nuestros enfermos. Y que la Administración responda ante ello, que se dé cuenta de que no nos quejamos por vicio, que somos fuertes, muy fuertes, pero no podemos más, que ya está bien con su falta de compromiso para el cambio.

A los médicos nos falta UNIÓN, nos falta valentía, nos falta tiempo, nos falta rebeldía, nos falta coraje. Hagamos por tenerlo para sacar a la Atención Primaria de esta crisis que se cronifica y está acabando con nuestra vocación. La Administración no puede paralizarnos. Continuemos con la lucha y hagámoslo con la cabeza bien alta, y dando ejemplo y animando a nuestros compañeros a caminar juntos y por el mismo camino.

Carolina Pérez de la Campa
Médico de familia. Delegada AMYTS de Prevención de Riesgos Laborales (DAN)

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