CON FIRMA. “Feliz común Navidad y feliz común Año nuevo”, por Miguel Ángel García

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No, no estoy deseando que tengamos una Navidad y un año nuevo grises, sin ningún aliciente. No van por ahí las cosas. Ahora me explico.

Estamos viviendo unas nuevas fiestas de Navidad. Se trata de un tiempo en el que tradicionalmente afloraban los buenos sentimientos, y nos invadía a todos una especie de sensación de fraternidad y paz que nos llevaba a desearnos felicidad unos a otros.

Poco a poco ha ido surgiendo un sentimiento crítico hacia esas sensaciones, a la par que se ha ido multiplicando el estímulo al consumo y una alegría manifestada sobre todo en el exterior. Seguimos reuniéndonos para los encuentros familiares y deseando felicidad, pero sin tener muy claro de dónde va a sacar ese deseo alguna posibilidad de convertirse en realidad. “Ojalá los astros te sean favorables”.

Cada vez somos más islas los unos respecto de los otros. El logro de un espacio de libertad personal, fruto del pensamiento liberal, ha ido radicalizándose hacia el individualismo rampante que caracteriza a la sociedad occidental en este momento, y que nos coloca más cerca del “sálvese quien pueda” que de los deseos verdaderos de felicidad para otros.

Y, sin embargo, el individualismo no tiene ningún fundamento, no deja de ser un sueño engañoso. No nacemos solos, sino que necesitamos de la acogida de otros, muchas veces sin agradecerlo más adelante. Cuando biológicamente ya hemos salido adelante, la vida es imposible sin la distribución de funciones en la que unos hacemos servicios para otros. Sin quitar un ápice de valor al esfuerzo personal de autosuperación, lo de “hacernos a nosotros mismos” no deja de ser más que una falacia: en el fondo, nuestra vida siempre lleva algo de otros. Es así por mucho que nos esforcemos en negarlo.

Podemos, pues, seguir peleando por el futuro individual, o podemos reconocer que somos encuentro y relación y trabajar por el futuro que nos une. Hay realidades comunes que son imprescindibles para la mejora personal, y su mantenimiento y desarrollo es tarea conjunta. Comprometernos en ello no es un menoscabo para nuestra libertad individual, sino la oportunidad de promover espacios compartidos de desarrollo. No comprometernos, por el contrario, significa dejar nuestro futuro en manos del azar o, simple y llanamente, aprovecharnos del esfuerzo de otros.

Esto ocurre en relación a muchos de los que podríamos llamar “bienes comunes”: el medio ambiente, el país en que vivimos, la familia, también la realidad laboral. Comprometernos en su promoción y mantenimiento es una tarea conjunta, que hemos de asumir entre todos aceptando a la vez la diversidad de cada uno.

Por eso, mi deseo es claro: una feliz y común Navidad para todos, construyendo familia, relaciones y espacios de encuentro; y un feliz y común año nuevo, en el que continuemos esa tarea, a la vez que ampliemos nuestras miras y construyamos una sociedad más humana.

Y en lo que respecta a nuestro ejercicio profesional, un año en el que descubramos el sentido y la fuerza de trabajar juntos por unas condiciones dignas y humanas de la práctica profesional, y por una sociedad menos hipócrita y más comprometida con los servicios que responden a las necesidades reales de los ciudadanos. Yo, personalmente, trataré de andar por esos caminos. Y, si te animas, por ellos podremos encontrarnos.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia. Responsable AMYTS de Formación y Desarrollo Profesional y director médico de la Revista Madrileña de Medicina.

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