CON FIRMA. “Estilos de gobernanza pseudodemocrática (y, de paso, big data)”, por Miguel Ángel García

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Dentro del mundo profesional médico se han puesto de relieve esta semana dos problemas diferentes, en relación a dos gobiernos diferentes que están dando dos tipos de respuesta también diferentes… aunque probablemente tengan en común que no pueden calificarse de respuestas con convicciones auténticamente democráticas. Traerlos hasta estas páginas puede ser de interés para reflexionar sobre los estilos de gobernanza (sanitaria y general) que se están dando en estos tiempos de crisis, y ante los que l@s ciudadan@s no debemos permanecer impasibles.

La situación de la Atención Primaria (AP)

En primer lugar, el problema de la Atención Primaria madrileña (y, por extensión posiblemente de otras -o casi todas las- CCAA). Venimos presenciando un desangramiento continuo de la AP madrileña a lo largo de toda la crisis del coronavirus, sobre una situación de partida que ya era claramente deficitaria. El traslado de much@s compañer@s al hospital IFEMA, entre ell@s much@s residentes de último año, dejó despoblada la Atención Primaria en un momento crítico, y la recuperación no pudo ser total, ni mucho menos, una vez superado ese período por el número de bajas por enfermedad (e incluso muerte) que se produjeron en ese ámbito profesional.

La torpeza de dejar escapar a es@s residentes tan maltratados en sus últimas semanas, la clara opción por un hospital de pandemias para posibles nuevas oleadas frente a la reconstrucción de una muy dañada AP, y la incapacidad para regenerar ilusión y apego entre l@s profesionales, de forma que la nueva promoción de médicos de familia y pediatras pudieran optar por la Atención Primaria madrileña, no sólo deja a esta última despoblada, sino profundamente desesperanzada. Y eso en un contexto en el que la Administración se limita a actuar sobre lo que hay, sin mostrar ninguna perspectiva, como si no hubiera pasado (ni futuro): se limitan a reconocer que no hay profesionales (ocultando que no saben retenerlos y atraerlos, y hasta culpando a los que hay, por transmitir su malestar, y a los nuevos, que no quieren meterse en un barco en llamas), y que eso hace casi inviable la atención cercana a la población. Y se inventan medidas para camuflar el aprieto en que nos están metiendo a todos.

Sin pasado, sin análisis causal, con un acercamiento meramente táctico, se diseñan planes de contingencia para lo que puede ser un descalabro en el verano. Se desarma el Plan de Atención Primaria, se reviste de equidad desatendiendo la especificidad de un grupo profesional clave en situación crítica, el de los médicos, y se deja sin futuro la atención real y palpable de los ciudadanos. Y todo ello con apariencia de normalidad y de seriedad. Cuando la incapacidad gestora es patente.

¿Pero es una incapacidad sobrevenida, o se trata más bien de algo pretendido y buscado? Porque no hay plan, aunque se hable del Plan y se hagan planes de contingencia (para situaciones puntuales). En el fondo es probable que haya PLAN, y desde el no hacer nada, desde el dejar morir por inanición y sin intervenir, con plena y total omisión de socorro, se esté buscando realmente la desaparición de la Atención Primaria. Sin que lo parezca. Sin que nadie pueda acusarles de nada. El crimen perfecto…

Alguien lo ha decidido así. Alguien que probablemente habite la Consejería de Hacienda, o mueva sus hilos. Alguien que cree que la AP no merece la pena, que debe desaparecer. Porque no es rentable. Porque no genera riqueza, sino tan sólo salud. Porque resuelve problemas, hurtándoselos a la maquinaria económica del mercado. O vete tú a saber por qué razón…

Gobernar desde lo oculto, desde la ocultación. Una estilo de gobernanza de convicciones bastante poco democráticas.

La elección de plazas MIR

Por el lado contrario, y a nivel estatal, nos encontramos con el problema del nuevo sistema de selección de las plazas de formación especializada, tanto de Medicina (MIR) como del resto de profesiones sanitarias. Ya el año pasado se utilizó la situación de pandemia para tratar de modificar sustancialmente dicho proceso y hacerlo virtual, aunque finalmente una sentencia judicial obligó a abrir la posibilidad de elección presencial, que pudo mantenerse como elección en tiempo real. Pero lo que se presentaba como circunstancial se ha blindado para este segundo año en el que la pandemia ya parece ir perdiendo fuerza y futuro, obligando ya, por precepto legal, a que la elección de plaza sea obligatoriamente telemática.

Y en el colmo de la intencionalidad que se pone de manifiesto, el procedimiento se radicaliza mediante la supresión de la modalidad “en tiempo real”, que permitía al profesional cierto proceso de decisión tras considerar las elecciones de quienes elegían con anterioridad y las plazas que iban quedando disponibles, pudiendo centrar el foco en un pequeño paquete de las mismas. Para este año se plantea, por la vía del “ordeno y mando”, que la elección sea simultánea y automática, y que cada elector tenga que realizar una priorización de plazas previa al proceso de elección que, en muchas ocasiones, puede alcanzar el millar (o varios millares) de plazas…

Algo inhumano, altamente impersonal y profundamente angustiante para muchos de l@s electores/as de plaza, a lo que se oponen radicalmente. Y en esta oposición se encuentran totalmente apoyados por las organizaciones médicas, reunidas en el Foro de la Profesión Médica, y por la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos, que convocó la concentración del pasado martes en la puerta del Ministerio para mostrar claramente el rechazo profesional al nuevo sistema de elección.

El gobierno parece defenderse amparándose en que “han escuchado” a los médicos afectados. Han escuchado, sí, pero no han atendido, ni lo más mínimo, a sus preocupaciones. Se han limitado a continuar con la imposición del sistema de elección. Considerando que las reclamaciones de los afectados se reducen al mero capricho, y no que existen razones para garantizar la humanidad del proceso de elección de plaza. Un proceso que muchos recordamos necesitado de esa adaptación progresiva “a lo que iba quedando”, ese hacerte a la idea de las posibilidades reales que seguías teniendo conforme se acercaba el momento… Por eso entendemos lo que piden los futuros especialistas. Por eso lo apoyamos.

Aquí nos encontramos con un estilo de gobernanza opuesto al que presentábamos más arriba para el caso de la Atención Primaria madrileña, pero también perverso y dañino. Un estilo de claridad, propositivo, con intenciones declaradas, pero de “ordeno y mando”, por encima de cualquier objeción. Un estilo que, en tantas otras decisiones, parece de “iluminados” que saben lo que es bueno para todos, y que por tanto no dudan en imponer a la sociedad para hacerla caminar “por el buen camino”, el que tan sólo ellos saben y conocen. E incluso tratan de justificar y explicar a los ignorantes ciudadanos. Un estilo de ingeniería social, pero también de dudosa convicción democrática.

Tecnologías de la información (y big data)

Ya tan sólo un pequeño apunte final a raíz de este último caso. Las tecnologías de la información y, por similitud, la utilización del “big data” derivada de ellas, tienen enormes posibilidades para la mejora de la calidad de vida. Pero también conllevan la gran amenaza de instrumentalizar la vida y la sociedad en una dirección nada favorable a las personas. Utilizar las ventajas que nos ofrece la tecnología para apoyar los procesos humanos parece algo tremendamente loable, pero usarlas para suplantar esos procesos, bien sean personales (como el caso presente, en torno a la elección de plazas MIR) o bien sean sociales (como los procesos de manipulación política y publicitaria de los que somos cada vez más conscientes en los últimos años) no es más que una forma de deshumanizar la sociedad y de permitir su control por unos pocos poderes establecidos.

Tengamos cuidado, por tanto, con el uso que hacemos de la tecnología, porque o la ponemos al servicio de las personas, o acabaremos esclavizándonos. Y de la misma manera podríamos concluir diciendo: tengamos cuidado con el uso que hacemos de la política. Porque o la ponemos al servicio de las personas, o acabaremos esclavizándonos.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, doctor en Medicina, máster en Bioética
Director médico de la Revista Madrileña de Medicina

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