CON FIRMA. “Estar dentro y fuera, de forma simultánea, es posible”, por Julián Ezquerra

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Publicaba esta semana un artículo titulado “Concurso abierto y permanente” sobre la situación planteada en torno al acceso a las plazas como personal fijo en el Sistema Nacional de Salud y sus diferentes Servicios Sanitarios. Y en relación con este artículo, un alto cargo del SERMAS, me dijo que era acertado el concepto de “estar dentro y fuera de forma simultánea”. Siento tener que desmentir a los míticos Epi y Blas, pero, en contra de las leyes físicas, si es posible estar a ambos lados de la puerta.

Definamos los lados de la puerta. Dentro y fuera:

.- ¿Qué sería estar dentro? Mantenerse en la posición de respeto a la norma en vigor, al acuerdo firmado por las partes legitimadas, en este caso Administración y Organizaciones Sindicales, que pactan una macro OPE de “estabilización” para miles de plazas, actualmente desempeñadas de forma precaria (interinos y eventuales), a los que no se les ha dado la oportunidad de consolidarse como fijos.

.- ¿Qué sería estar fuera? Defender de forma simultánea que se puede hacer un cambio de modelo que dé respuesta a las inquietudes que plantean los propios afectados, los profesionales en general, los gestores, los políticos y administradores. Es decir que, mientras se acuerda un cambio de reglas de juego, se respeten las actuales. Esto se llama respeto a la norma, seguridad jurídica, no saltarse “a la torera” las normas/leyes, y, en definitiva, que se sigan los cauces normales para adecuar la norma a las necesidades.

Pero estar a la vez dentro y fuera debe tener un límite temporal, que equivaldría al tiempo que se tarda en traspasar el quicio de la puerta, teniendo un pie en cada lado. Podremos estirar algo este tiempo, pero no deberíamos quedarnos en ese límite que marcaría el terreno de nadie, la inseguridad, el mantenerse mirando a otro lado y no acometer los cambios necesarios.

Se cuestionan muchas cosas. La primera de ellas, considerar a los facultativos como una especie de funcionario raro, al que llaman estatutario, para no reconocer que, efectivamente, por muchas razones los facultativos son algo diferente al funcionario tipo. Y si hay diferencias, pues que se recojan en una norma clara que regule de forma indiscutible en qué consiste la condición de personal atípico. Modelo de relación laboral, de acceso a las plazas, de valoración, de retribución, de jornada laboral, de jubilación, etc.

Lo mejor de todo es que, por la vía de los hechos, el cambio ya existe en casi todos los Servicios de Salud. Plantillas orgánicas sin relación de puestos de trabajo, nombramientos “peculiares”, contratos como eventuales que en demasiadas ocasiones son de años, eternas interinidades, plazas “perfiladas” al gusto de cada centro, sin criterios homogéneos, imposibilidad prácticamente generalizada de ejercer el derecho a la movilidad, configuración de servicios según criterio del jefe de turno, etc., podríamos seguir, pero creo que todos sabemos cómo funciona esto.

Si esto es así, y si parece hay consenso de que además sea así, ¿qué impide ponerse a negociar el cambio de normas? ¿Por qué, hasta que esto no se haga, no se respetan las existentes? Si hay prisa, no entiendo que no se esté ya trabajando en ello. Si el modelo ya está definido, pues de hecho está ya funcionando, ¿qué cuesta refrendarlo, o no, en una nueva norma/ley? Parece que hay miedo a dar carta de legalidad a lo que ya se está haciendo, bajo un paraguas normativo que se salta, que genera denuncias, sentencias, reclamaciones, y todo tipo de problemas.

Por favor, que quién tenga en su mano una solución, que se ponga de inmediato a ello. No son otros que los políticos, los legitimados para legislar, eso sí, con negociación con los representantes legítimos de los trabajadores, no sea que se obvie esto, como ya viene siendo habitual.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia. Secretario General de AMYTS

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