CON FIRMA. ¿Estamos listos?, por Luisanna Sambrano

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Cuando pensamos en la medicina privada o el medico de pago para muchos, nos viene el recuerdo de aquellas pisos señoriales con recibidores amplios y olor a caoba donde nos recibía una señorita que con una sonrisa nos pregunta nuestros datos para así anotarlos en una especie de dietario mágico, como salido del medievo; en su lomo y portada el año grabado en letras de oro, cosido a mano por un algún artesano librero que curiosamente es “paciente agradecido” de nuestro afamado doctor.
A continuación nos pasaban a una sala de espera donde un silencio solemne, casi sacro era parte de la “experience” que llaman ahora los entendidos en Marketing.
Silencio que solo se interrumpía por un reloj de gran porte que normalmente presidia la estancia y que servía a su vez de metrónomo improvisado para dar la palabra a quien quería comenzar una conversación banal mientras esperaba su turno.
De repente, y casi sin darnos cuenta, estábamos delante del doctor que pacientemente nos exploraba, nos escuchaba y sobre todo mantenía lo que hoy los gurus del Marketing llaman feedback y que curiosamente no dejan de insistirnos en su vital importancia para conseguir relaciones estables y duraderas.
…Y ahora nos debemos preguntar: ¿Esto sigue siendo así?
Actualmente las grandes aseguradoras y los grandes complejos hospitalarios que ofrecen el servicio privado no venden esto. Venden una sala de espera llena de gente, con números/tickets, y visitas muy rápidas para acabar la lista infinita de pacientes vistos siempre eso si por un mismo médico. Lamentablemente, las cirugías (prácticas en la que los pacientes son más sensibles) también se gestionan con el mismo modelo.
Ninguno de los dos, ni médico ni paciente, nos hemos dado cuenta que la aseguradora no puede ser la que ofrezca el seguro y preste el servicio a su vez. Porque el resultado siempre es el mismo.
Cuando el “ARPU” que es el tecnicismo que usan las grandes empresas para cuantificar el ingreso en euros por paciente baja del umbral permitido se limitan los tratamientos, las revisiones, los casos más complejos no se cobran, etc , etc …Y siempre, castigando al facultativo y dejando desamparado al asegurado que presenta complicaciones y por tanto no es rentable.
Porque las aseguradoras no se rigen por buscar mejorar la calidad de asistencia real sino en leyes de mercado de oferta y demanda, donde lo único rentable es el paciente que se ve en una primera consulta y no vuelve.
Los médicos no hemos sido capaces de mantenernos firmes y considerar que nuestro aprendizaje, años de experiencia, sub especialización, resultado de años de trabajo, formación invertida valen poco, nos hemos dejado convencer de que es mejor ver muchos pacientes en una consulta muy abaratada, que ver pocos en una relación equilibrada de precio de consulta y paciente. Además esto ha dejado de ser atractivo a los médicos jóvenes o generaciones de relevo porque se sienten igual o peor de explotados que en la sanidad pública sin ni siquiera contar con los beneficios de un contrato laboral.
Y ahora la pregunta que me hago tras haber visto los resultados de la encuesta de la OMC y la del colegio Médico de Madrid es: ¿Estamos ya listos los médicos y los pacientes para poner un freno a las aseguradoras? ¿Estamos lo suficientemente unidos para darle el verdadero valor a nuestro trabajo? ¿Está listo el paciente para decidir pagar un precio más justo por un mejor servicio? Yo espero que sí y que en el próximo congreso de CESM los sindicatos empecemos a unirnos para proteger esa relación médico paciente, posible patrimonio de la humanidad, que está al pie de los caballos y con tendencia a desaparecer.
La estrategia consiste, nada más y nada menos, en imaginar el futuro que deseamos y en planear cómo construirlo, desde la certeza de que lograremos lo que nos propongamos. Aunque, debemos reconocerlo, los sueños a veces no se materializan, pero también sabemos que nadie logra nada que no haya soñado antes; fijarse objetivos es una condición previa para llegar a conseguirlos, por más que, a menudo, nos olvidemos de algo tan elemental. Concebir una estrategia es algo tan sencillo, y a la vez tan difícil, como definir los objetivos y escoger la forma de emplear los recursos disponibles para alcanzarlos.

Luisanna Sambrano Valeriano
Especialista en Medicina Física y Rehabilitación, Hospital Universitario Rey Juan Carlos.
Presidenta del sector AMYTS de Medicina Privada y Gestión Indirecta

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