CON FIRMA. “Está en nuestras manos recuperar el placer de ser médicos”, por Julián Ezquerra

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Decía Marco Tulio Cicerón que “El médico competente, antes de dar una medicina a su paciente, se familiariza no sólo con la enfermedad que desea curar, sino también con los hábitos y la constitución del enfermo”. Frase para leer con calma y meditar sobre ella. La conclusión primera que saco es que el médico, para ser competente, necesita tener conocimientos, por supuesto, pero también, y esto es fundamental, tiempo. Un tiempo que es la base de una correcta relación médico-paciente. Un tiempo que, al menos por una simple cuestión de cortesía, educación y humanidad, debemos dedicar a nuestros pacientes. Un tiempo imprescindible para hacer una medicina de calidad. Eso que actualmente ya no tenemos. Y, posiblemente, la causa por la que estamos perdiendo el placer de ser médicos. Está en nuestras manos hacer real aquello que unió a nuestros compañeros médicos catalanes bajo una frase que debemos recordar: “recuperemos el placer de ser médicos”.

Asistimos, como cada año, al crónico y no por ello solucionado problema de la sobrecarga asistencial, que sea la gripe, sea el calor, sea lo que sea, siempre acaba por generar colapso de consultas, de urgencias, hospitalización, etc. En el fondo, no es otra cosa que la constatación de que vivimos en una sociedad que demanda de los servicios sanitarios una asistencia que estos no pueden ofrecer de forma razonable, en tiempos adecuados, con una mínima calidad, y que sea satisfactoria para pacientes y profesionales. Alta demanda, alta exigencia, baja satisfacción y calidad insuficiente. Nadie está contento. Los pacientes se quejan, con razón, y los profesionales también lo hacen y, por supuesto, también con razón.

En este marco que describo, en el que ni pacientes ni profesionales están satisfechos, ¿quién asume la responsabilidad del fracaso? Los pacientes tienen derecho a ser asistidos; tienen derecho a una sanidad de calidad; tienen derecho a manifestar sus quejas y, en ningún  caso, deben ser responsabilizados del caos. Se achaca a los pacientes del exceso de demanda, de la falta de educación sanitaria, que la sociedad está muy “medicalizada”, que se tolera mal la enfermedad, etc. Pero yo me pregunto, ¿quién es responsable de todo esto? ¿El paciente, el profesional, el “sistema”, los gestores, los políticos? Puede que cada uno tenga su parte de responsabilidad, pero no en igual medida. Desde luego pacientes y profesionales lo sufren, pero gestores y políticos lo generan.

Las necesidades sanitarias son infinitas y se rigen por la ley de la oferta y la demanda. Cualquier servicio nuevo que se dé, genera una demanda dónde posiblemente no la había. Y no por no ser necesaria, sino porque simplemente no se contemplaba. Recordemos aquel clásico ejemplo de un dermatólogo de cupo sin lista de espera para toda una provincia; tras la llegada de un “eminente gestor” muy preparado, éste dice: ¿cómo se puede permitir que para toda esta población solo tengamos un dermatólogo de cupo?, esto se tiene que terminar, ¡hay que “jerarquizarlo”!; a los pocos meses se generó una lista de espera inmensa y se tuvieron que contratar dos nuevos dermatólogos. No digo que no fuera necesario hacerlo, solo que es un ejemplo de oferta y demanda clásico de la sanidad. Ofertas un servicio y se genera la inmediata demanda. Pero claro, cuando se oferta un servicio, lo que dice la lógica es que se disponga de los recursos necesarios para hacer frente a la demanda que se generará, algo que habitualmente no se hace.

Lo fundamental es que los servicios se den con los recursos adecuados y suficientes. Recursos técnicos, instalaciones adecuadas, equipamientos adecuados, camas, espacios, intimidad, “humanización” (tan de moda), y algo que hace que todo esto tenga sentido, profesionales suficientes para dar un servicio adecuado, de calidad, en los tiempos necesarios, y con tiempo para dedicar al paciente.

Para lograr esto es imprescindible dedicar recursos, algo que cada año vemos va a peor. Se necesita voluntad, algo que no se ve por ningún lado. Se requiere de una organización seria, algo que vemos no existe. Aunque todo, o casi todo, es posible que se solucionase con algo tan sencillo pero tan costoso como es el tiempo. Tiempo para dedicar al paciente; tiempo para hacer frente a sus necesidades; tiempo para hacer medicina de calidad; tiempo para hacer educación sanitaria; tiempo para hacer y ejercer de médico; tiempo para sentarse a la cabecera del paciente; tiempo para consolar; tiempo para informar; tiempo para hacer lo que es necesario; tiempo para ejercer de médico. Y todo esto, en estos momentos, es imposible. No se puede ser médico dedicando escasos cinco minutos al paciente; no se puede ser médico pensando exclusivamente en los números; no se puede ser médico especialista en “listas de espera”; no se puede ser médico especialista en “burocraciología” (permitidme esta licencia). Ser médico es otra cosa.

Finalizo con unas palabras de ánimo y gratitud a los compañeros que sufren cada día para dar una asistencia sanitaria de calidad, a pesar de las condiciones en las que nos obligan a trabajar. No podemos desistir, eso es lo que buscan. Hay que dar un paso al frente, denunciar sin miedo estas situaciones, no convivir con ellas y que lleguen a ser vistas como normales, no nos hagamos corresponsables. Los responsables ya sabemos quienes son. Cada día es mas necesario que “recuperemos el placer de ser médicos”, y está en nuestras manos.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia. Secretario General de AMYTS

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