CON FIRMA. “Especialidad de Urgencias: una necesidad incontestable”, por Julián Ezquerra

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Este “Con Firma” es una reedición de un artículo que publiqué en agosto de 2017 en Redacción Médica: “Especialidad de urgencias, una polémica sin resolver”


“Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas”
(
Mariano José de Larra)

Hace años que se habla de la especialidad de urgencias, su existencia, si es necesaria o no, si realmente tiene sentido, “cuerpo de doctrina” propio, si es mejor un área de capacitación específica o una especialidad más, etc. Es cierto que ha generado “cuerpo”, que hay “sentimiento de especialidad”, “orgullo de pertenencia”, y por supuesto su propia sociedad científica, sus publicaciones específicas.

Entonces, ¿por qué esta polémica en torno a las urgencias? ¿Qué sentido tiene discutir lo obvio? Veamos el problema desde la distancia y desde la óptica de quien no se siente miembro de una sociedad científica de otra especialidad. Me traiciona el subconsciente, ya hablo de otra especialidad, lo que de alguna forma deja ver mi opinión para quien quiera verla.

Las urgencias se dan en cualquier ámbito asistencial. Eso debemos tenerlo claro. Por tanto, si hablamos de especialidad de urgencias, no debemos caer en el error de pensar solo en las de hospital. Hay urgencias en Atención Primaria, hay urgencias en domicilios, en la calle, etc. Por tanto, lo primero es entender que sería una especialidad sin ámbito exclusivo para su ejercicio y además es importante entender que es “transversal”, que abarca todas las materias, que es médicapero también quirúrgica, ginecológica o pediátrica. Creo que esto último no será compartido por todos, pero es mi opinión.

El volumen de trabajo de las urgencias (hablamos posiblemente del mayor número de atenciones, tras la de los médicos de familia y pediatras de atención primaria), por sí solo ya podría justificar su existencia. A modo de ejemplo, las urgencias atendidas en los hospitales son aproximadamente un tercio de la actividad hospitalaria total. Y hay que contar con todas las urgencias extrahospitalarias que tenemos, todo el trabajo del SUMMA112 y el SAR en Madrid y sus servicios equivalentes en otras Comunidades Autónomas. Por tanto, por volumen está más que justificado que se reconozca como una especialidad.

¿Cómo se llega al ejercicio de la profesión de “urgenciólogo”? No hay una sola vía de acceso. Hace años eran los internistas lo que con más frecuencia estaban como “médicos de puerta”, pero luego comenzó a ser asiduo y muy numeroso el médico de familia, hasta que, en la actualidad, si no me equivoco, son mayoría. Pero no son los únicos. Hay reumatólogos, alergólogos, cirujanos, intensivistas, etc., cualquier médico de otra especialidad puede estar trabajando como médico de urgencias. Pero también es cierto que las condiciones de los servicios de urgencias no son iguales. La actividad que se realiza por el urgenciólogo no es siempre la misma. Por ejemplo, ¿en todos los servicios de urgencias suturan o hacen una punción articular, o ponen una férula de yeso, reducen una luxación, hacen una ecografía, etc. todos los urgenciólogos? ¿O unos si lo hacen y otros no?

Una especialidad, un MIR propio, unificarían de forma clara los conocimientos, las habilidades, las técnicas necesarias para atender las urgencias. Actualmente se llega a este trabajo por diferentes motivos. Están los que lo hacen por ser lo que más les gusta, quiero creer que los más, pero también los que ven en estas plazas una puerta abierta por la que estar vinculado a un hospital: en unos casos pensando que es un paso obligado hasta llegar al servicio correspondiente, y en otros son la precariedad y la necesidad las que les obligan a estar en urgencias. No parece la mejor de las motivaciones.

No quiero entrar en los motivos por los que diferentes sociedades científicas reniegan de la creación de la especialidad, pues sería pisar un terreno encharcado y algunos callos. Pero tendremos que hacerlo alguna vez. Me gustaría un debate aséptico, un debate basado en necesidades asistenciales, un debate libre de “ataduras de intereses”, un debate basado tan solo en contenidos, habilidades, capacitaciones, etc., más allá de las posibles salidas laborales o defensa de intereses particulares.

Lo cierto es que la polémica sobre especialidad de urgencias no debería tener mucho más recorrido. La tendencia mayoritaria en nuestro entorno, la realidad, la evidencia, nos llevara al final a un punto que parece claro, si es que lo quieres ver. Pero por el momento no se vislumbra la solución pactada, no se apean las diferentes partes de sus posiciones de partida, y así no llegaremos nunca a un consenso que dé satisfacción a todos los implicados.

Con algún pequeño cambio, este era el texto original. Ahora, casi cuatro años después, añado algo que me parece relevante.

La especialidad de la que se nutren mayoritariamente los servicios de urgencias es la de Medicina de Familia. Esto está ocasionando problemas que quiero comentar.

Pongo Madrid como ejemplo. En torno a los 224 residentes de Medicina de Familia terminan cada año la especialidad. Este año, 2021, tan solo 89 de estos nuevos especialistas accedieron a la bolsa de empleo y se les ofertó elección de una plaza que en principio era de larga duración. El día de la elección, se presentaron muy pocos de esos 89 y tan solo 17 eligieron plaza, sabiendo además que 6 lo hacían solo para el verano y por un compromiso previo.

Es decir, los que terminan Medicina de Familia, mayoritariamente renuncian a trabajar en este ámbito. ¿Dónde van estos especialistas? Muchos de ellos se van de España, otros muchos a otras comunidades en las que les tratan infinitamente mejor, dónde les ofrecen mejores contratos y retribuciones, mejores horarios, etc.

Pero también los hay, y muchos, que optan por trabajar en las urgencias hospitalarias, por ser “urgenciólogos”. ¿Qué pasaría si existiera esta especialidad? Pues está claro. Los especialistas en urgencias se formarían para las urgencias, se dejaría de utilizar la especialidad de Medicina de Familia para acceder a esta actual especialidad no reconocida, y con ello, se ganarían dos cosas: una, una formación específica y estructurada para los urgenciólogos, y otra, que los Médicos de Familia serían eso, Médicos de Familia.

Con ello solucionamos dos problemas a la vez, la urgencia y la falta de médicos para atención primaria. ¿Esto es posible? Si, lo es, solo es necesario que la justa reivindicación de los urgenciólogos se haga realidad y este Ministerio de Sanidad deje de marear la perdiz, de querer contentar a todos, y hacer lo que debe, lo que todos los países de nuestro entorno, con alguna mínima excepción, ya han reconocido, la especialidad de urgencias y emergencias.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia, CS Las Rozas – El Abajón
Secretario General de AMYTS

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