CON FIRMA. “Es lunes, y arde Notre-Dame. Deshumanización y cosificación en Sanidad”, por Daniel Bernabeu

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Arde Notre-Dame, arde París. Hay consternación, hay desolación. El símbolo de una nación, de una historia europea, arde. Casi sin pedirlo surgen donaciones y ayudas… los más pudientes hacen gala de millonario altruismo. En un solo día 700 millones de euros surgen casi de la nada. Y surge inevitablemente la pregunta: ¿tanto dinero existente y no hay para temas sociales y humanitarios? ¿Damos más importancia a los símbolos y a las cosas, que a las personas?

En la Sanidad de Madrid ocurre algo parecido. Uno encuentra enseguida dinero para operaciones inmobiliarias (Chamartín, Manzanares, Bernabéu,…), para estimular el turismo, para abrir un hipermercado,… Nos enojamos gravemente de la suciedad de las calles, del socavón ante el portal, de los semáforos rotos, del Madrid Central, de las restricciones de tráfico. Está en las redes, está en las noticias, está en los discursos de nuestros políticos en campaña.

Un lunes cualquiera en las Urgencias del Hospital Universitario La Paz. Durante el fin de semana no se han dado altas: la aplicación de la jornada de 37,5h/semana a los médicos es de lunes a viernes (35h) quitándoles además 200 euros al mes de las guardias para completar esas 2,5 horas. Antes los sábados se pasaba visita y se daban altas, ahora no es posible sin pagar jornada extra, y el PP de Madrid no quiere sustituir la quita de los 200 euros de jornada, por la visita de los sábados.

Durante el fin de semana no han cesado de acudir a Urgencias pacientes enfermos, la mayoría ancianos con descompensación de patologías crónicas que requieren ingreso para estabilización y recuperación. No van a ser ingresos largos, pero necesitarán cama unos días. Otros menos afortunados, también mayores, vendrán con patología aguda, en su mayoría por infartos, ictus y secundaria a cáncer.

Los lunes se inicia la actividad quirúrgica del hospital y durante la tarde del domingo han quedado bloqueadas 50-60 camas para atender las salidas de quirófanos de intervenciones programas. La Paz es un hospital terciario con una alta actividad quirúrgica especializada. Los lunes es habitual amanecer con una Urgencia con 60-70 pacientes pendientes de ingreso, más los encamados pendientes de estudio, más los pacientes en consulta más leves. Es lunes y los pacientes, tras el fin de semana, no cesan de llegar.

El Servicio de Admisión inicia el ritual sudoku de asignación de camas, gestionar las altas que durante la mañana se produzcan, ahora si hay médicos para ello, en Cantoblanco, Carlos III y el propio hospital La Paz; conseguir que los administrativos generen las altas en el infernal sistema HCIS de HCE; tramitar las ambulancias; reacomodar pacientes ingresados en áreas alejadas de los servicios que los atienden; cerrar camas para aislamientos para permitir aislamiento de pacientes portadores de bacterias multirresistentes, y evitar su diseminación a otros pacientes potencialmente vulnerables.

Pero hay pocas camas. La moda de las habitaciones individuales ha hecho estragos en los hospitales antiguos, no diseñados para esta “confortable” exigencia del siglo XXI (tema que necesitaría una importante reflexión, y que será objeto de futuro análisis). El hospital La Paz ha perdido 79 camas desde 2012, por reconversión.

El proceso de reorganización de los lunes es lento, el sudoku es complicado y su ajuste se demora, no hay camas suficientes y son múltiples los factores implicados, y algunos sin control local posible (disponibilidad ambulancias, necesidades de aislamiento, limpieza de habitaciones, actividad quirúrgica urgente, HCIS, …).

Es lunes por la tarde y en la Urgencia muchos pacientes ya tienen cama asignada, pero siguen allí; están pendientes de traslado. Son las 19h y la Urgencia está para estallar con la llegada de los familiares para visitar a los allegados ingresados, con la llegada de las bandejas con la cena; no se puede ni pasar; no hay espacio entre camas, la suficiente para una rancia cortina; auxiliares, enfermeras y médicas sudando; algunos pacientes seniles, demenciados, gritando; pañales húmedos y sucios que cambiar; la Sala 3, un divertículo sin salida, sin luz ni ventilación natural, es un horno. Los médicos saltan entre pacientes y familiares para atender una descompensación, o para intentar hacer una historia clínica (¿realmente es posible hacerla en condiciones?). Aparecen algunas lágrimas entre el personal, los celadores no dan abasto para trasladar pacientes, el tiempo discurre lento, con sabor agrio, a sudor, a enfermedad, a cerrado, a opresivo.

Es lunes. No se han habilitado camas hasta esta misma mañana, no hay camas suficientes, hay sudoku de asignación, hay lentitud, hay HCIS. Hay Deshumanización.  Hay resignación entre pacientes y familiares (aguantar unas horas más sin protestar hasta que llegue la ansiada cama en planta); hay resignación entre profesionales, con algún conato esporádico de denuncia en los juzgados de Plaza de Castilla, hasta la fecha sin repercusión práctica.

Es martes. Poco a poco la Urgencia se recompone conforme la maquinaria de gestión de camas prosigue su lento sudoku. La dirección está satisfecha por su gestión impoluta de los recursos, el hospital escora progresivamente a la normalidad y no hemos salido en los periódicos. Hay premios a la mejor gestión hospitalaria y La Paz está siempre entre los favoritos; hay fotos de gerentes, de subgerentes y de directores médicos y de enfermería; hay caras de satisfacción y de “savoir-faire”. Hemos hecho un arte de la gestión de la miseria presupuestaria.

En el semisótano de La Paz hay médicas, enfermeras, auxiliares, TER y celadores extenuados; hay restos de lágrimas y de sudor. Hay pacientes hacinados, hay familiares alucinados. Hay enfermedad, hay incomodidad, hay sufrimiento. No hay camas, no hay dinero y no hay recursos para Sanidad pública; y es que vamos a restaurar Notre-Dame, vamos a reconvertir Chamartín, y vamos a tener un nuevo estadio Bernabéu. Sí, actuaciones importantes y necesarias todas, pero algunas más que otras; porque asusta la facilidad con que aparece el dinero para los símbolos, y lo que cuesta encontrarlo para las personas.

Daniel Bernabeu Taboada
Especialista en Radiodiagnóstico, Hospital Universitario La Paz. Vicepresidente de AMYTS

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