CON FIRMA. “El relato”, por Mónica Alloza

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Hace unos meses, que parece que hace siglos, oíamos mucho hablar de la importancia del relato en todo lo relacionado con el proceso independentista. Incluso se acuñó el término relator como la persona que tenía que explicar las relaciones entre Cataluña y el gobierno central. Lamentablemente, ahora ya estoy empezando a entender la importancia del relato. Del relato de la crisis sanitaria por coronavirus. El relato que están empezando a construir los políticos para defenderse de la que se les avecina.

Hay varias señales que me preocupan. Nos llaman “héroes” y nos aplauden mucho, hablan de nuestro coraje y vocación. Menos mal que hemos conseguido, a base de ser un martillo pilón de denuncias públicas a los juzgados, al Tribunal Supremo y a Inspección de Trabajo, calar en la opinión pública el mensaje de que somos héroes sin capa ni espada, es decir sin equipos de protección (EPI) ni prueba diagnóstica (PCR). Y en este país todo el mundo tiene claro que el alto porcentaje de contagios entre personal sanitario se debe a la falta de EPI, aunque algún político lo haya querido achacar a los viajes y haya tenido que pedir disculpas públicas y comerse sus palabras.

Otra señal que me preocupa: a partir de la carta que publicamos en nombre de los intensivistas y de la denuncia pública que hemos hecho de la medicina de guerra que los médicos se ven obligados a hacer por falta de medios, la única respuesta que se ha recibido es un documento de criterios éticos del Ministerio de Sanidad que nos deja a los pies de los caballos, porque dice taxativamente, aunque tarde, que la edad nunca podrá ser un criterio único para descartar el ingreso en UCI. Curiosamente, han empezado a aparecer en todos los telediarios de todo el espectro político historias épicas de ancianos muy longevos que superan el COVID, junto con ese mensaje subliminal que no hace más que repetir nuestro gobierno central en todas las ruedas de prensa de “no vamos a dejar a nadie atrás”. Me preocupa también el decálogo de posibles denuncias que ha publicado la asociación del Defensor del Paciente, y del que se han hecho eco todos los medios de comunicación. Parece un aviso a navegantes. Menos mal que nuestra asesoría legal está preparada y, en ese sentido, podemos estar también tranquilos .

Por último, la señal que más preocupa es la crisis económica postpandemia. Porque de la del 2008 aún no nos hemos recuperado, los recortes a los empleados públicos nunca se remontaron y es probable que, nuevamente, tiren del capítulo 2 (nóminas de los empleados públicos) para recortar.

Es decir, que pasaremos de ser héroes aplaudidos a héroes olvidados, como aquellos soldados americanos que, a la vuelta de Vietnam o de Irak, sufren estrés postraumático (que muchos de nuestros compañeros sufrirán) y se ven abandonados por las instituciones.

A mí todo esto me parece un caldo de cultivo perfecto para ir escalando en nuestra gráfica de cabreo, como publicaba esta semana en twitter nuestro secretario general, y tenemos, más que nunca, que ir desmontando el relato que ya empiezan a construir nuestros políticos, que se están abriendo el paraguas antes de la tormenta que les va a caer.

El gobierno autonómico, peleado con el central, ni está ni se le espera en la gestión de esta crisis, aunque no sé cuál de los dos tiene peores gestores… No son colores políticos, es nula capacidad. Para lo único que se emplean bien a fondo es para justificarse y echarle la culpa al otro. Y nosotros, en medio de ese fuego cruzado, somos los que pagamos los platos rotos. Nosotros y los pacientes, claro.

Os propongo ir elaborando una lista de acciones para desmontar el relato, para denunciar, para reivindicar. Una lista que seguramente terminará, si somos capaces de dejar la queja de pasillo (léase redes sociales), en una lista de peticiones para convocar un gran conflicto colectivo nacional que nos devuelva al lugar que nos corresponde, es decir, a trabajar en unas condiciones laborales dignas, con un sueldo acorde a nuestra responsabilidad y conocimientos, y con el respeto que nos merecemos por haber demostrado, como cada día, como antes de la pandemia, que somos los profesionales los que hacemos que España tenga uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Somos nosotros, y no nuestros gestores ni políticos.

Termino con un verso del Cantar del Mio Cid: ¡Qué buen vasallo sería, si tuviera un buen señor!”

Mónica Alloza Planet
Doctora en Medicina. Especialista en Radiodiagnóstico. Delegada AMYTS en el comité de empresa del H. U. de Torrejón.

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