CON FIRMA. “El doctor Li Wenliang ha muerto”, por Miguel Ángel García

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Efectivamente, el doctor Li Wenliang ha muerto, infectado por el nuevo coronavirus, y su fallecimiento ha tenido un tremendo eco en las redes sociales de China. Y desde luego es de lamentar, así como tantas otras defunciones y penalidades que están ocurriendo en estos días por esta y otras epidemias. No voy a entrar ahora en los condicionantes políticos que se mueven en torno a esa muerte concreta, derivados de los problemas que genera todo régimen totalitario, venga de donde venga: la censura, la negación de la realidad, la falta de respeto a los derechos humanos, la imposición pura y dura. Todo eso merece un juicio moral negativo claro y patente. Me voy a quedar en lo que supone su muerte, la muerte de un médico, de un profesional sanitario que atendía pacientes en el contexto de una grave epidemia. Y en lo que ello significa para nosotros, al igual que otras muertes de sanitarios que también han ocurrido previamente en esta y en otras epidemias.

Parece que Li Wenliang pudo contagiarse de una paciente a la que atendía por una patología propia de su especialidad, la Oftalmología, pero que probablemente estaba afectada por el nuevo coronavirus. Como consecuencia de ello, unos días después comenzó a manifestar síntomas típicos de la infección por coronavirus y acabó desarrollando una neumonía, que motivó su defunción. Una historia que le puede ocurrir a cualquier otro médico, a cualquier otro profesional sanitario que atiende a un paciente afectado por una infección epidémica. Como, de hecho, está ahora ocurriendo en China, y esperemos que no acabe de extenderse a otros países.

Esta historia nos habla de varias cosas diferentes:

  • De generosidad. Los profesionales sanitarios, los médicos, vamos a tratar de hacer frente a cualquier problema de salud que pueda presentarse. Tendremos nuestros miedos, nuestras vacilaciones, pero también nuestro compromiso claro de seguir desarrollando nuestro trabajo al servicio de los pacientes, de la sociedad. Lo ví claramente en algunos compañeros que tuvieron que enfrentarse, en su día, a la infección por virus ébola, aquí y en otros lugares del mundo. Y lo siguen haciendo muchos profesionales en lo que ahora son puntos específicos de referencia para el tratamiento de algunas infecciones emergentes.
  • De vulnerabilidad. Pero somos igual de vulnerables que el resto de la población a esas mismas infecciones. Debemos ser conscientes de ello, y no asumir riesgos innecesarios.
  • De seguridad. Para poder prestar la atención sanitaria correspondiente en situaciones de riesgo, los profesionales deben contar con el apoyo y las medidas de seguridad necesarias, de forma que se minimicen al máximo los riesgos de resultar contagiado por la enfermedad. Para ello, la sociedad y las instituciones sanitarias deberán desarrollar los mecanismos adecuados para garantizar esa protección de los profesionales, si quieren mantener el espíritu comprometido de estos con la salud de sus pacientes.

Centrándonos en esto último, hay que reconocer que al menos los protocolos se han activado de forma precoz ante esta alerta sanitaria, y han llegado a los centros sanitarios. Pero en muchos casos la cosa se ha quedado ahí, sin ocuparse de garantizar que los profesionales, ocupados en otras muchas tareas, los conozcan y sean capaces de poner en práctica las medidas necesarias.  Y si tenemos en cuenta que se limitan a ser depósitos de palabras, es decir, que tienen un planteamiento docente mínimo que pueda facilitar su asimilación, hemos de reconocer que lo hecho hasta ahora, de forma oficial, parece insuficiente. Cierto que, afortunadamente, no hay un elevado riesgo epidémico en este momento, pero es probable que si la situación cambia, ese no sea el mejor momento para desarrollar todo el planteamiento docente en torno a los protocolos de actuación. Los españoles tenemos fama de improvisar, pero sería bueno dejar la improvisación para la situaciones sobrevenidas, y anticiparnos en aquéllas que pueden prepararse con antelación, como es este caso.

Por eso, y a pesar de que la gestión de esta alerta está siendo mucho más afortunada que la que se dio en el inicio de la del ébola en nuestra Comunidad, estamos solicitando la reunión de los Comités de Seguridad y Salud de nuestras instituciones sanitarias y el desarrollo de los programas necesarios para asegurar la formación práctica de los profesionales con mayor riesgo (allí donde puede producirse el primer contacto con potenciales enfermos). Y una vez constatada la escasez de material pedagógico e informativo sobre la protección de los profesionales (no hace falta más que comparar, a este respecto, la información existente en las páginas oficiales de la alerta sanitaria tanto en la web del Ministerio como en la de nuestra Consejería de Sanidad, con la que presenta la página web de los Centros para la Prevención y el Control de la Enfermedad de los EEUU, CDC, incluso traducida al español en muchos casos), estamos comenzando a facilitar su acceso a través de nuestra página web, en una tarea que creemos debería desarrollar ya la autoridad sanitaria correspondiente, que a buen seguro tendrá mejores cosas a que dedicar sus esfuerzos si en un momento dado el brote del nuevo coronavirus llega a suponer un riesgo epidémico real en España.

Ya saben, más vale prevenir… ¡que correr!

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia, máster en Bioética y Derecho.

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