CON FIRMA. “De las OPEs ‘desnortadas’ del SERMAS”, por Julián Ezquerra

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131 Julián Ezquerra 3x3 cm

Se dice que alguien ha perdido el norte cuando pierde la razón, está desorientado, se comporta de forma errática, no parece tener rumbo definido o da bandazos inexplicables. Y, como decía Confucio, “si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estas peor que antes”. Pues bien, la Consejería de Sanidad está desnortada, y aun sabiendo lo que se debe hacer, no solo no lo hace, sino que profundiza aún más en el error.

Escribo estas líneas antes de conocer quién será el nuevo Consejero, de qué equipo se rodeará, qué ideas tiene y si realmente entraremos en una nueva etapa de dialogo con los profesionales, en la que la cordura, la racionalidad, la justicia, la objetividad, la igualdad de oportunidades, el premio a la capacitación, etc., sean herramientas habituales en la gestión del sector en el que trabajamos, la Sanidad Pública en Madrid.

En estas últimas semanas estamos asistiendo a la publicación de los procesos selectivos para el acceso a las plazas como Facultativo Especialista de Área de muchas especialidades. Desde AMYTS presentamos una propuesta de corrección a las bases de las convocatorias, entre las que se encontraba una de gran calado, que no ha sido tenida en cuenta y que creemos dará lugar a problemas. Y me refiero a algo tan trascendente como dejar claro el criterio de aprobado en la fase de oposición. AMYTS está convocando reuniones en los hospitales para informar a los compañeros de todo lo referente a las OPEs, aclarar dudas, recibir sugerencias, aportaciones y la visión de los interesados. Estas reuniones están siendo muy interesantes, con gran participación y con la puesta en común de problemas similares.

Por primera vez, en especialidades hospitalarias y en el ámbito del SERMAS se plantea un examen tipo test basado en un temario concreto para cada especialidad, y unos temas comunes para todas ellas. Esto supone una novedad muy importante, y aunque es más objetivo, más justo, más trasparente y tiene menos riesgo de ser manejado de forma arbitraria, también es cierto que está generando cierta inquietud. No deja de sorprender que uno de los temores más comentados sea el del miedo a las filtraciones, lo que evidencia la desconfianza que existe en relación a la Administración. Cuando las OPEs no son periódicas, cuando se acumulan años de eventual o interino, cuando de forma clara determinados compañeros hacen un trabajo muy específico, al que dedican todo su tiempo y formación, se producen algunas distorsiones. Alguno nos pregunta cosas como “Si llevo ocho años dedicado monográficamente a trasplante hepático, o a infecciosas, por ejemplo, ¿cómo me examino ahora de toda la Medicina Interna?” Si esto lo unes a un criterio de corte tan restrictivo para pasar a la fase de concurso, la cosa aún se entiende más.

Si analizamos los bandazos que han dado en la Consejería con las convocatorias de las OPEs, tanto de Atención Primaria como de Hospitales, vemos que no hay criterio común, no hay dos iguales, se cambian las bases de una para otra, y así no se puede seguir. La última OPE de Médicos de Familia y Pediatría de Atención Primaria ha dado lugar a reclamaciones judiciales entre compañeros, y la base de las mismas es la interpretación del concepto de aprobado que se hace por parte de la Administración. La insensatez del tribunal, que confirmó una vez más que no hay peor enemigo que nuestros propios compañeros, hizo que el examen fuese absurdo, inoportuno y poco afortunado, y evidenció un profundo desprecio a los opositores, que termina en un ”médicos contra médicos”, con la Administración como única culpable.

Pues bien, visto lo que pasó, debieron de pensar las “mentes lúcidas” de la Consejería y se dijeron: “Esto no me vuelve a pasar”. Ahora las bases dicen que solo aprueban hasta un 100% más que plazas convocadas, y además el tribunal decide de forma autónoma qué se considera nota idónea para aprobar. Es decir, limito los aprobados, y además hago que aprueben con nota diferente según especialidad y siempre con el “hasta un máximo” que permite cortar dónde se quiera. ¿Es aceptable que, por ejemplo, un internista tenga que aprobar con 50, y a la vez un Cirujano lo haga con 5? No tiene ni pies ni cabeza.

Propusimos aprobar con un mínimo establecido en un 50% de la media de las 10 notas más altas. Criterio común a todos, que efectivamente puede dar aprobados con diferente mínimo, pero siempre con un referente claro. En este caso la arbitrariedad no existe, y solo hay diferencias en función de la complejidad del examen. Porque es necesario que el aprobado de la oposición se realice de forma clara, abierta, sin límites en cuanto a número. Después será la fase de concurso la que ponga en orden a los opositores, haciendo realidad que esto debiera ser un concurso-oposición.

Esto es solo una reflexión centrada en uno de los problemas de este modelo, pero no es el único. Podemos seguir compartiendo estas cosas, y haciendo entre todos un modelo más justo, consensuado, que respete realmente los criterios de igualdad, mérito y capacidad, y que además éstos sean conocidos y no se cambien constantemente. Por ello, y por otras muchas cosas de las que seguiremos hablando, como son los concursos de traslados, la movilidad, periodicidad, modelo de acceso, bolsas de empleo, etc. es necesario que la nueva Consejería, de una vez por todas, cumpla lo acordado en el año 2007 y negocie un Decreto de selección y provisión de plazas para el Servicio Madrileño de Salud. Para que las cosas estén claras, y bien establecidas.

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia. Secretario General de AMYTS
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