CON FIRMA. “Cuando morir es de lo más común”, por Silvia Durán

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Silvia Durán

Tengo la duda de si alguien a estas alturas de pandemia se pregunta por qué el morir en España por este coronavirus, ejerciendo la profesión sanitaria, es considerado enfermedad común.

Por si acaso, seré breve: en España la neumonía por coronavirus en 2006, se consideró enfermedad profesional para los profesionales sanitarios a raíz del Real Decreto 1299/2006. Para nuestra sorpresa, y a pesar del confinamiento en el cual, los sanitarios salían de casa para ver enfermos por el SARS-coV-2 (casi únicamente) y para nada más, un nuevo Real Decreto Ley derogó el anterior para que a todo el mundo en el caso de infectarse, la COVID-19 fuera considerada enfermedad común, y así, de un plumazo, en un acto de café para todos, vimos como nuestros derechos que nos otorgaba la enfermedad profesional a todos los sanitarios, desaparecieron.

Esta enfermedad, que afecta a personal sanitario por exponerse directamente al riesgo, no perdona. Las secuelas físicas y las psicológicas son innumerables, por lo que el seguimiento de las mismas y el cuidado al que estaría obligado la empresa a proveer en el caso de ser enfermedad profesional, hubiera sido oro para todos nosotros.

El empeño del sindicato AMYTS por conseguirlo no cejó. Presentamos una denuncia a la Inspección de Trabajo el pasado 5 de marzo, reuniones con el Defensor del Pueblo que nos dio la razón, con los Institutos Nacionales y Regionales de Seguridad y Salud en el Trabajo, colaboramos en la presentación de una Proposición no de Ley el pasado 2 de Julio en la Asamblea de Madrid, pero solo conseguimos que después de tanto trabajo fuera accidente laboral (RD-Ley 19/2020).

Pues bien, no es suficiente, el reconocimiento de enfermedad profesional no abarca solo ventajas económicas, sino también responsabilidad empresarial y la vigilancia de la salud en el tiempo. El accidente laboral no protege al enfermo en toda la procesión de su patología, solo abarca lo que le dura la baja y por tanto, no se valoran las secuelas y como castigo, pone en tela de juicio la veracidad del mecanismo de contagio obligándole a demostrar que se infectó ejerciendo su profesión (y no fiesta), de ahí el famoso parte de accidentes.

Me gustaría conocer por qué ha sido así, a estas alturas de pandemia no hemos encontrado explicación ni nadie que nos lo explicara. Por tanto, estas letras no son más que una reflexión sobre este tema y hacer notar que NO vamos a olvidar nuestro objetivo.

La COVID-19 como enfermedad profesional es un derecho que debemos tener, la Organización Mundial de la Salud así lo contempla, y siguiendo sus recomendaciones varios países aventajados en proteger a sus trabajadores, así lo han aceptado.

En el mundo, según Amnistía internacional, ya hay más de 7.000 sanitarios muertos por la COVID-19, tenemos solo en España, casi un centenar de médicos fallecidos, la más joven, tan solo 28 años. Pero personal sanitario somos muchos, y casi todos se han infectado, administrativos, auxiliares, celadores, enfermeros y médicos, jamás olvidaremos la tristeza del abandono.

Silvia Durán Francisco
Médico de familia. Delegada de Prevención. Coordinadora de Delegados de AMYTS

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