CON FIRMA. “Cuando la lección se invierte”, por Julián Ezquerra

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“Un hombre sabio vive haciendo, y no pensando en hacer, y aun menos pensando en lo que pensará cuando habrá acabado de hacer”. Filosofía oriental

Los residentes de Madrid, Valencia, ahora también los de Castilla y León, nos están dando una lección. Resulta que se invierten los términos. Son los residentes los que nos están enseñando, los que nos muestran el camino. Son jóvenes y están unidos, decididos a luchar por lo que es justo, por sus derechos. Llevan en huelga y manifestándose unas semanas, en pleno mes de julio, sin pensar en fechas, vacaciones, solo pensando en sus justas reivindicaciones.

Añoro esa etapa de mi vida, esa juventud, esa inquietud que me invadía. Siempre he sido una persona inquieta, aunque, como todos, los años te hacen ver las cosas de manera mas pausada, tranquila, con más dudas sobre todo. Pero esa rebeldía, esa inquietud, esa pelea por lo justo no cede, y prueba de ello es que, después de toda una vida laboral, dedicado a la Medicina clínica, a la formación de residentes, a la dura experiencia de gestión, termino mi vida laboral inmerso en una organización sindical profesional que defiende nuestros derechos, nuestras condiciones laborales y nuestro futuro.

No es fácil dedicarse a esto del sindicalismo, siempre visto con recelo por muchos, aunque siempre sea el “refugio” y el “guardián” de derechos a los que se recurre cuando tenemos problemas. Se pasa del tradicional “¿qué hace el sindicato?” al “recurro a vosotros porque tengo un problema”. Tarde o temprano, todos acaban acercándose ante los múltiples problemas que nos acechan. Como bien dice mi “urgenciólogo” favorito, somos el escudo que te protege, pero la fuerza la tiene cada uno.

Vuelvo al inicio. Los residentes están en huelga. Es el momento de reivindicar lo que es justo. La COVID-19 nos ha dado aplausos, cercanía y apoyo de los ciudadanos. Nos ha convertido en “héroes por un día” (sí, por un día, pues unos meses en la eternidad de la profesión no es mas que un día). La población nos apoya y entiende, sabe lo que somos y merecemos y creo que, por primera vez, de forma mayoritaria, entenderían que una huelga en Sanidad es necesaria. No solo por nuestros derechos, también por los suyos. Siempre estamos a su lado, siempre somos quienes les cuidan y ayudan cuando enferman, quienes se sacrifican y hasta, por desgracia, pierden su vida cuando se hace frente a pandemias tan terribles como la que estamos sufriendo.

Los residentes han dado el primer paso, se han lanzado a una lucha dura y sin cuartel. Han sido capaces de sentar a la Administración sanitaria para hablar, de momento sin grandes avances, e incluso han llegado a reunirse con la Presidenta de la Comunidad de Madrid. No es fácil hacerlo, solo su fuerza, empuje y unión lo han hecho posible.

¿Y qué hacemos los demás? Mirar, observar, aprender, pensar, mirar hacia abajo… No, no es esta la respuesta. Debemos pensar en dar un paso al frente, ponernos al lado de los residentes, apoyarles, acompañarlos en esta pelea justa: por ellos, por nosotros, por los pacientes. Se que no es fácil, que siempre hay un “pero”, un “no es el momento”, pero… ¿cuándo será el momento? Si lo dejamos pasar, dejaremos también pasar la ocasión de unir fuerzas, de hacer piña los residentes, los adjuntos, los tutores, los FACULTATIVOS… Todos, sin excepción. Da igual si trabajas en primaria, en urgencias o en el hospital, todos sufren precariedad laboral, eventualidad, falta de reconocimiento, ninguneo con la carrera profesional, jornada de trabajo y aplicación injusta, presión asistencial sin límite, falta de incentivos, carencia de reconocimiento profesional, etc. Cada uno tiene su propia queja, que puede coincidir o no con la de otro, pero todos tenemos las nuestras.

¿Hasta cuando aguantaremos? ¿Cómo afrontaremos la segunda fase de la COVID-19? ¿volveremos a tolerar la falta de EPIs, de recursos humanos y materiales? ¿Volveremos a ver cómo fallecen nuestros compañeros?

Podría plantear muchas otras preguntas, pero lo importante son las respuestas, y creo que todas deben ser un NO rotundo. Para ello necesitamos valor, unidad, presión y decir “hasta aquí hemos llegado”. Ha llegado el momento (y creo que, sin decirlo, estoy dejando claro lo que pretendo que se entienda).

Julián Ezquerra Gadea
Médico de familia. Secretario General de AMYTS

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