CON FIRMA. “Crónica de una muerte anunciada”, por Daniel Bernabéu

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2003. Solo han pasado 2 años de la recién estrenada transferencia sanitaria y Madrid aspira a liderar el modelo sanitario de España. Son años de bonanza y la “generosidad” de los políticos de entonces no conoce barreras. La Comunidad contará con el primer PET-TC de España y Europa; y el hospital elegido es todo un símbolo de la Sanidad pública: Hospital Universitario La Paz. Fin de la cita.

Dieciséis años después, aquel símbolo de la sanidad pudiente, está muerto. Ha dado todo lo que podía, se le ha sacado el máximo, pero ha muerto sin honores. Su remplazo no ha llegado a tiempo, pese a que ya estaba prevista la sustitución hace 2 años; cuando ya se producían averías para las que costaba trabajo encontrar repuestos, y que han ido repitiéndose en este tiempo con cadencia cada vez más frecuente. Se sabía, se conocía, se quería la sustitución por la mejor alternativa…. pero la salida de la crisis ha sido dura en Madrid para la Sanidad pública. Demasiadas gurteles, lezos y púnicas han dejado las arcas magras de dinero; la expansión “cuantitativa” sanitaria de Esperanza Aguirre en la primera década de 2000 nos pasa factura ahora en forma de ingentes pagos y deuda a UTEs constructoras y a concesionarias hospitalarias, antes Capio y hoy Quirón. No hay dinero para sustituir equipos, no hay dinero para mantenimiento, no hay dinero para abrir camas, hay recortes. Los intentos de ingeniería contable creativa (compra por gasto de reactivos (18-FDG) o compra por gastos de mantenimiento) no ofrecían garantías jurídicas ante una multitud de casas comerciales dispuestas a movilizar equipos jurídicos en aras de transparencia y competencia reglamentarias ante la adjudicación de una golosa tecnología punta. Una situación que generó una contundente respuesta por parte de la Consejería de Sanidad de Madrid: aplicar la doctrina Rajoy, mirar para otro lado, e intentar que el “marrón” le caiga a otro.

Nuestro PET-TC no encuentra piezas de repuesto, no existen ya. Salvo milagro, salvo hallazgo en algún desguace del tercer mundo, o en alguna chamarilería tecnológica; nuestro PET-TC habrá pasado a la historia. Y con él, cientos de pacientes oncológicos han quedado en un peligroso limbo diagnóstico. Ahora es el momento de las prisas y de las improvisaciones, de las sobrecargas y de los gastos “indignos”. Derivar a privadas, alquilar un equipo móvil que pare a las puertas del hospital, son solo soluciones adecuadas o lícitas frente a problemas imprevistos y puntuales. Una muerte anunciada durante dos años no cumple estas premisas. Es la expresión paradigmática del abandono de la Sanidad pública, de la mala gestión sanitaria; y de un programa de obsolescencia “programada” que busca forzar el cambio hacia un modelo privado.

Daniel Bernabeu Taboada
Especialista en Radiodiagnóstico, H. U. La Paz. Vicepresidente de AMYTS

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