GESTIÓN INHUMANA. Hay realidades que duelen

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20190215 dedo

En el 2013 la Consejería de Sanidad se desembarazó con una fría comunicación administrativa de cientos de médicos mediante una jubilación forzosa. No se les ocurrió a los gobernantes de la comunidad de Madrid otra cosa que recortar talento en lugar de adelgazar otros gastos superfluos como asesores o estructuras hipertrofiadas de dudosa utilidad. Acudieron a lo fácil.

Tomamos conciencia de lo poco que agradece la Administración toda una vida de dedicación y empeño.

Pero no siempre los comportamientos cuestionables son solamente protagonizados por la Administración, colaboradora si acaso por omisión de su deber de supervisión. Ya hemos presentado en otras ocasiones que,  entre todos los interesados, “los que deciden” y “los elegidos”, y con el silencio cómplice de “los que no quieren complicaciones” en los hospitales de la comunidad de Madrid se produce una enfermedad que acaba en demasiadas ocasiones con la ilusión y el desarrollo profesional del que no se ajusta a toda una serie de normas no escritas y que poco tienen que ver con la meritocracia. Puede ser, como en el caso que se describe a continuación, el atrevimiento de un traslado, o la elección de una plaza en un servicio en el que la plaza estaba destinada a otro profesional del gusto de la jefatura. Otras veces son enconamientos personales, retorcidos y agrandados por la imposibilidad de movilidad entre los médicos que ejercen en el ámbito de la hospitalaria; o de alteraciones de los equilibrios de poder que colocan a “los que una vez fueron elegidos” a los pies de los caballos de “los nuevos jefes”…

Hay múltiples posibilidades, pero no deja de entristecer que el sistema, en lugar de premiar y reconocer a aquellos que han dedicado su vida a la noble profesión de la medicina, conduzca o permita por omisión, a situaciones amargas y a pérdidas de ilusión en muchos más casos de los que nos gustaría.

Reproducimos a continuación una de esas historias que no deberían haber tenido este desenlace, pero que lo han tenido. Y agradecemos a este médico la valentía de haber intentado no sólo defenderse de la situación, sino haber sido capaz de contarla por si puede remover conciencias y así contribuir a que las cosas cambien.

Ángela Hernández Puente
Cirujano General y del AD. Vicesecretaria General de AMYTS

Corrupción en la Sanidad Pública

Últimamente vemos con frecuencia cómo los términos corrupción, corrupto, corruptela, soborno, cohecho, prevaricación, etc. Los vemos reflejados en la mayoría de las noticias y publicaciones de los medios de comunicación, preferentemente con relación a los políticos y los altos cargos de las administraciones públicas o privadas.

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, una de las definiciones de corrupción es la referente a las organizaciones, sobre todo las públicas, siendo la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

En la Sanidad Pública, independientemente de la corrupción que puede existir de tipo económico, existe otro tipo de corrupción establecida desde hace muchos años, de la cual no se habla en los medios informativos, y que tiene lugar en el funcionamiento de régimen interno del personal de los hospitales y centros de salud. Esta corrupción no es conocida para el público en general, pero dado que afecta a la atención médica del ciudadano, sí que debería serlo.

En nuestro país, este tipo de corrupción interna hospitalaria ha existido siempre, pero se ha incrementado desde que la política ha entrado a dirigir los centros hospitalarios. Por desgracia, muchos de los cargos de gestión de estos hospitales, sobre todo los directores gerentes, suelen pertenecer al partido político que gobierna, lo cual ha propiciado que algunos hospitales estén muy politizados. Esta contaminación política ha llegado a extenderse hasta el nombramiento de cargos intermedios, como son los jefes de servicio e incluso las jefaturas de sección, pues aunque hay un examen ante un tribunal para la obtención de la jefatura, en algunos casos ya se conoce de antemano quién es el que va a ocupar el puesto de jefe, ya que dichos tribunales están constituidos por personal de gestión del hospital y por facultativos del mismo servicio para el que es convocada la jefatura. Lo que conlleva a que, en lugar de primar la meritocracia, por desgracia, a menudo priman intereses que nada tienen que ver con la valía profesional. De esta forma es sabido que quien no cuenta con el beneplácito político no se llega a presentar, porque sabe que no tiene nada que hacer de antemano.

Está claro que el cargo de jefe de servicio está vinculado a la gerencia del hospital, con un necesario alineamiento de objetivos y metas. Pero en este sistema emponzoñado de otros intereses no estrictamente profesionales, ha terminado sucediendo que se ha perpetrado un sistema de reinos de taifas. A cambio del favor, el jefe de servicio organiza él mismo a su antojo, convirtiéndolo en su propio “reino” haciendo y deshaciendo lo que le viene en gana, siempre y cuando no genere ruido en gerencia.

Así, por ejemplo, hace dos años se dio a conocer en la prensa (Interviú 16-22 de Mayo de 2016), en el artículo “La rebelión de los médicos estrella”, que varios profesionales con destacadas trayectorias ya no se callaban y denunciaban recortes, pedían más recursos o criticaban la gestión de sus hospitales; esto les paso factura a todos en forma de relevos, amenazas de despido o expedientes disciplinarios. Ahí tenemos el caso del eminente oftalmólogo, jefe clínico, Dr. José Abelairas, del hospital La Paz de Madrid, cuya unidad de cirugía oftálmica pediátrica era una de las de referencia a nivel nacional; pues bien, este facultativo, tras quejarse de la carencia de personal e instalaciones en el propio centro, fue destituido de su cargo de jefe clínico. Y tantos y tantos casos en los que, cuando varían las alianzas de poder, se desperdician excelentes profesionales.

Este tipo de corrupción sanitaria dentro del funcionamiento de los servicios médicos hospitalarios existe desde hace mucho tiempo, pero ha ido en aumento, ya que la injerencia política sobre la elección de directores gerentes de los hospitales ha sido la tónica general, gobernara el color que gobernara. Ejerciendo control absoluto del hospital, con lo cual de poco sirve protestar al gerente o a los estamentos que están por encima de este, como por ejemplo la Consejería de Sanidad, pues cuando se detecta alguna anomalía dentro de un servicio, y se eleva la queja, a menudo todo queda “diluido o parado”, ya que no interesa que trascienda a los medios de comunicación, con lo cual muchas veces al profesional no le queda más remedio que denunciar la anomalía en el juzgado correspondiente. No se acometen los problemas para solucionarlos de la forma más ventajosa para los pacientes, sino que se represalia al médico que se atreve a denunciarlos, porque resulta incómodo.

Crean que sé de lo que hablo, he trabajado como médico oftalmólogo adjunto en el servicio de Oftalmología del hospital universitario Ramón y Cajal de Madrid, y tuve que denunciar en la sección de Atención Hospitalaria del sindicato médico AMYTS (Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid) una situación de arbitrariedad que llevaba soportando desde mi traslado a este hospital. El 22 de Noviembre de 2015 fue publicada en la e-Revista de la página web de dicho sindicato médico una carta que envié a la sección de Atención Hospitalaria, dirigida por la Dra. Angela Hernández Puente; esta carta aparece en la e-revista dentro del artículo “EXPERIENCIAS. Discriminación injustificada en el Servicio de Oftalmología del Hospital Ramón y Cajal”.

Después de presentar el 28 de Julio de 2015 un escrito de recurso de alzada ante la Dirección General de Recursos Humanos de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, unos meses después, con fecha 21 de Octubre de 2015, la respuesta por parte de esta Dirección fue desestimar dicho recurso. Por lo que a través del gabinete jurídico del sindicato AMYTS realicé un recurso en el Juzgado Contencioso-Administrativo de Madrid, frente a la resolución de la Viceconsejería de Asistencia Sanitaria del Servicio Madrileño de Salud.

Tras un periodo de casi dos años, tuvo lugar el juicio y, como esperábamos, el fallo fue a favor de la Viceconsejería de Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid. Acatando la sentencia, como no puede ser de otra forma, y desestimando acudir a la siguiente instancia judicial, porque previsiblemente se hubiese obtenido el mismo resultado, no puedo dejar de sentir que el sistema actual no protege a mis pacientes, ni evita que situaciones de nepotismo y/o arbitrariedad se sigan produciendo.

Y en mi caso, esa discriminación en el tema de trasplantes de córnea ha podido perjudicar a pacientes atendidos por mí y otros compañeros, ya que dichos pacientes tienen que esperar años para que les llamen para el trasplante. Pues como se denunció en la demanda, el 70 % de los trasplantes los hace un cirujano, que según la planificación que ha hecho el jefe de servicio, es el más dotado para realizar los trasplantes.

Nadie discute que la potestad de organizar un servicio es un pesado deber que recae sobre el jefe de servicio. Pero alguien debería velar para que no se aparte de forma no justificada a profesionales experimentados para poner a otros que, en aras de una supuesta, que no demostrada u homologada, superespecialización, o lo que es peor, son promocionados por causas no estrictamente profesionales, acaben realizando curvas de aprendizaje desestimando la experiencia y el saber de otros profesionales a costa del bienestar del paciente, que debería ser el principal objeto de nuestra actividad.

Es por esto que no puedo ni me resigno a callarme, y espero que en un futuro no muy lejano se tomen medidas para evitar el desaprovechamiento de profesionales altamente cualificados por causas y motivos ajenos a los puramente profesionales.

Está ocurriendo: no sucede solo en mi especialidad, ni solamente en mi hospital, y es hora de que como profesión nos lo tomemos con la seriedad que precisa.

Es vergonzoso que a estas alturas todavía existan estos hechos, y que por culpa de esta decisión tengan que esperar mucho tiempo los pacientes para un trasplante, y que no pertenecen al listado de este cirujano. Y en el fondo esto se debe a que el jefe de servicio tiene “su cortijo” y hace lo que le da la gana.

Dr. Francisco José Gutiérrez Carmona
Oftalmólogo jubilado

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