CON FIRMA. “Controlar al pequeño dictador que todos llevamos dentro”, por Miguel Ángel García

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Vivimos malos tiempos políticos. Lo refleja muy bien la inestabilidad política que nunca antes había existido en nuestro país, la locura que rodea el ‘procés’, las tensiones que genera el brexit en el país que lo protagoniza, los conflictos que surgen en diferentes países del mundo…

Creo que tendríamos que calificar estos tiempos como tiempos de mala política. Una política en la que no se dialoga, una política que gestiona lo público de forma sectaria e ideologizada, una política que crea una dinámica social marcada con demasiada frecuencia por la confrontación y la violencia, aunque ésta se quede (y no siempre) en el plano de lo verbal.

Nuestra crisis política está hoy muy condicionada por la sordera de nuestros políticos ante lo que demanda una sociedad plural y abierta. Ninguno de ellos/as apreció el resultado electoral como una llamada a una nueva política abierta y de diálogo, sino que todos ellos (a excepción de Ciudadanos, que fracasó estrepitosamente) interpretaron que los resultados daban la razón a su posición previa, aún no alcanzando un tercio de los votos en ninguno de los casos, y que a todo lo más que les llevaban era a dialogar con los partidos que tenían justo al lado…

La falta de diálogo y de consideración hacia las posiciones contrarias es también muy evidente en todo el problema catalanista,  donde una mitad de la población se cree con el derecho y la capacidad de imponer su criterio, que incluye grandes cambios estructurales, a la otra mitad y al resto del país, mientras este no parece excesivamente dispuesto a escuchar sus reivindicaciones. Y si ampliamos la mirada, tensiones similares se viven en este momento político en el Reino Unido en torno al Brexit.

Hace falta controlar al pequeño dictador que todos/as llevamos dentro, y que quisiera imponer su opinión al resto del “mundo mundial”. Hace falta abrir un poco las orejas, la mente y, probablemente, también el corazón, a las perspectivas y deseos de otras personas. Y hace falta de verdad querer construir, desde ahí, un proyecto común, una sociedad compartida, en la que todos/as podamos vivir y en la que cuenten las opiniones de todos/as.

Hace falta diálogo y capacidad de conversar y escuchar. Hace falta, simplemente, ser verdaderamente humanos. Lo contrario nos aleja de la humanidad y nos acerca, desgraciadamente, a lo peor de la animalidad, o a la tribalidad, por muchas florituras que le pongamos.

Miguel Ángel García Pérez
Médico de familia. Responsable AMYTS de Formación y Desarrollo Profesional. Director médico de la Revista Madrileña de Medicina
Por una Medicina/sociedad centrada en las personas

 

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